Ichar, una gran historia de amor

Posted Diciembre 2, 2007 by guerrerosdesingularidad
Categories: Artículos

Ichar no es otra cosa que una gran historia de amor.

Seguramente, quienes lo lean no comprenderán esto, pues para entenderlo, hay que haberlo escrito.

Tras tanto artificio, tras el ensordecedor ruido de las batallas y el miedo que los Ichar nos hacen transpirar, se esconde una historia de amor conmovedora.

Una historia dual, una historia de pasión, una historia de un hombre que debe decidir entre amar a una mujer, y amar a la Humanidad y su deber hacia ella.

Y que, cuando decide, comprende que quizás la elección que tomó no fue la mejor para él.

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Ichar es una historia de pasión y grandeza. Es una historia de lucha contra la adversidad, de perseverancia ante la imposibilidad de la victoria, de pequeños hombres que doblegan grandes egos y poderes con su simple fe en hacer lo correcto.

Tal vez la edición no sea la mejor que se pudo sacar, hay veces en las que uno se arrepiente de tomar decisiones equivocadas en cuanto a trabajar con determinadas empresas, pero desde luego, os puedo asegurar que Ichar fue escrito con todo el cariño, el amor y la entrega que pude y supe reunir.

I.C.H.A.R

Posted Agosto 27, 2007 by guerrerosdesingularidad
Categories: Relatos

I

Bruno Valentti se agachó tras la viga. El suelo mojado, anegado de agua del mar, estaba cubierto por un palmo de agua. Había visto, junto con el resto de sus compañeros, las sospechosas ondas en el agua. Todos callaron asustados.

Hacía días que las aguas se habían levantado y habían cubierto una parte importante de la ciudad de Valencia. Éste no era sino el último de una serie de fenómenos meteorológicos inexplicables que habían ocurrido en los últimos meses.

De repente, el clima cambió, incluso en primavera, el cálido clima levantino se había vuelto frío y hosco. El cambio había sido a escala mundial, y los expertos, y los bocazas – pensó Bruno – se habían lanzado a hacer mil y una especulaciones sobre el origen del cambio climático.

Cuando el sol comenzó a oscurecerse, todos callaron. A pesar de que seguía brillando en el cielo, parecía como si la luz no se atreviese a llegar hasta la superficie de la Tierra, como si el calor rehuyese el contacto con la corteza terrestre.

El terror se mostró en todas sus formas, sectas surgidas de repente en miles e lugares distantes entre si, agoreros del fin del mundo, expertos que proclamaban que la contaminación era la responsable, físicos que decían que algún fenómeno astronómico estaba interfiriendo al luz y el calor del sol.

Los mares subieron, anegando las ciudades costeras, y, poco a poco, Bruno vio como sus muchos negocios, levantados con su esfuerzo y el de sus chicos eran consumidos por las saladas aguas.

- Vámonos, – le pidió una voz tras él. Se trataba de Rosa Argüelles, su antigua empleada y actual amante.

- Silencio – ordenó Bruno – vamos a recuperar ese cargamento cueste lo que cueste. Y cállate si no quieres que te dejemos sola.

Sus otros dos acompañantes, hombres de confianza, asintieron en silencio. Ya estaban lo bastante asustados como para que a cada momento les estuviesen recordando el peligro.

- Lo siento, Bruno – se disculpó ella, hundiendo la cabeza con ese gesto suyo que la hacía parecer tan inocente. A veces, Bruno se olvidaba de donde la había sacado.

Él no contestó. Tenía su mente fija en su objetivo. El final del túnel de metro inundado, donde se suponía que estaba su objetivo. A medida que la línea del metro se acercaba más a la costa, las aguas aumentaban su nivel, anegando por completo los túneles ya abandonados. El final e esta línea era el lugar en el que se había quedado “encallado” el último cargamento, con el que esperaba reconstruir su imperio.

Proveniente del Este, un cargamento de armas y “plantas medicinales” le esperaba, abandonado por sus contactos, los cuales jamás llegaron al lugar convenido. Su última comunicación la habían realizado desde allí. Habían entrado en planeadoras desde el Mediterráneo, y habían utilizado los túneles para transportar su carga ilegal.

- ¿Veis algo? – Preguntó Ernesto, su segundo al mando. – Con esta oscuridad no veo nada, pero creo distinguir unos bultos al fondo.

Así era, Bruno, que iba el segundo tras su lugarteniente también pudo ver las cajas empapadas apoyadas contra los andenes por los que hace no mucho tiempo circulaban los trenes subterráneos.

- ¡Ohhhh, mama! – exclamó Olen. El gigantesco ruso-finés cerraba la marcha. – Seis toneladas de la mejor mercancía listas para ser distribuidas en le mercado, abandonada por sus dueños.

- Y cerca de un centenar de armas pesadas, M-75, lanzagranadas, Stinger y munición suficiente como para hacer saltar todas las urbanizaciones de aquí hasta Huelva.

- Tú nunca has estado en Huelva, capullo. – Le interrumpió Ernesto. Al serio hombre de negocios le sobraban agallas para hacer enfadar a un tipo de tres metros, pero no quería perder el tiempo en esos túneles. – Llama al resto de los hombres y que vengan a recoger la mercancía.

Bruno se acercó más al andén. Subió desde los raíles oscuros que habían recorrido hasta el andén de la línea, directo hacia su destino, mientras sus compañeros llamaban al resto de los equipos que peinaban los túneles laterales.

El suelo estaba húmedo, cuando Bruno enfocó hacia sus pies, pudo ver que no era agua. La luz de las potentes linternas militares que habían robado del cuartel abandonado mostró una dantesca escena. Todo, desde las paredes hasta el suelo, incluidas las cajas de su mercancía, estaban cubiertas de sangre. Ese había sido el destino de sus contactos, por eso no habían regresado jamás con sus jefes, ni habían entregado la mercancía.

Un escalofrío helado subió por su espalda, congelando su sangre y sus nervios. Al instante, él y sus compañeros, a juzgar por sus caras de pavor, recordaron las noticias que circulaban por las pocas emisoras locales que quedaban. Debido a los cambios climatológicos, hacía semanas que no se recibía la señal de ninguna cadena de ratio o televisión nacional. Sólo algunas líneas telefónicas permanecían intactas, y las corporaciones locales habían declarado que su uso era de interés de todos lo valencianos, no privado, y las habían restringido.

- Bruno, – le volvió a decir Rosa. – Dicen que la gente ha desaparecido en sus hogares, y que muchos no han regresado de las exploraciones costeras. Y esto no lo ha hecho ningún arma.

- Olen, diles a los hombres que vengan corriendo, antes de que se ponga el sol ahí fuera quiero tener todo esto en nuestro cuartel, y estar lejos de estos jodidos túneles.

- No responde nadie, Bruno. – Fue la lacónica respuesta de su soldado. Los túneles deben hacer interferencias…

- No me vengas con esas, idiota, – le interrumpió Ernesto. Todos sabemos que algo está cazando humanos, y puede que hayamos entrado en su cubil. Sugiero que salgamos de aquí ya.

- No voy a dejar esto aquí, – dijo Bruno. – No voy a dejar que nada destruya el imperio que he creado.

- Tu mismo, aquí te quedas. – Y diciendo esto, bajó del andén y se perdió en la oscuridad.

Bruno se encaramó a las cajas, y abrió una de ellas. De su interior cogió un par de lanza granadas para ellos, y una uzi para Rosa.

- Nos llevaremos una caja completa, saldremos por los túneles de salida, no por donde hemos llegado, estoy arto de mojarme, y no me importan un huevo que nos vea alguien. Nadie va a bajar aquí a llevarse esto. Volveremos con un ejército que pagaremos con la caja que nos llevamos, y entonces cargaremos el resto. Que jodan a Ernesto y a los otros.

Un alarido terrible le interrumpió. Parecía la lejana voz de Ernesto, que gritaba de dolor, y miedo.

- Mierda, dijo el gigante apuntando al túnel por le que habían venido. La linterna no iluminaba más que unos pocos metros en el interior.

De improviso, las aguas se alzaron desde los anegados raíles de la vía, y fugaz como el relámpago, una mole de carne se cernió sobre Olen, devorándolo sin que pudiese proferir ni un grito.

Allí, frente a ellos, una gigantesca serpiente de más de diez metros de alto les observaba mientras masticaba los restos de carne que no habían engullido en un primer bocado. Al instante, otras dos cabezas se sumaron a la primera, y el aterrador trío rugió una especie de chillido de victoria.

- Corre hacia los túneles – musitó a Rosa.

Así lo hicieron ambos, a su espalda las tres serpientes, o el ser con tres cabezas, se lanzaron a su persecución. Bruno disparó las dos cargas que tenía el lanzagranadas. No necesitó más. Una de ellas, tras rebotar en la coraza de sus perseguidores, impacto directamente sobre la munición.

La deflagración fue atroz, todo se volvió negro, el túnel por el que corrían se llenó de polvo y humo, y las tres cosas se vieron sepultadas por los escombros.

Ambos cayeron al suelo. Y se hizo la oscuridad. Bruno palpó el suelo. A pesar de que no estaba inundado, estaba húmedo, y él no quería saber si era por el agua o por la sangre.

- Rosa, – llamó murmurando. – Rosa.

Su mano se posó sobre el cuerpo de su compañera, inmóvil, silenciosa. Bruno se permitió un momento de dolor, no era que la amase, pero sí se había acostumbrado a su cuerpo y a la calidad de su presencia en su cama. Basta – pensó – tengo que salir de aquí, sigue adelante, Bruno, – se dijo. Cogió la linterna de los dedos muertos de su amante, y la encendió.

Estaba en una de las intersecciones en las que confluyen los túneles de varis líneas, pero Bruno no se fijó. Rodeándole, mirándole en silencio, cientos de pequeñas criaturas, blancas y de afilados dientes y garras, le observaban.

Estaban por todos lados, taponando los túneles, pendiendo de las paredes, esos pequeños horrores parecían esperar, expectantes.

Bruno asió la ametralladora que pendía de su costado, y al ruido del primer disparo, la miríada e criaturas se abalanzó sobre el con un horrible chillido.

Lo último que se escuchó antes de que se hiciese la oscuridad fueron los disparos y los gritos de Bruno.

C

El cielo estaba gris, como siempre, pero en los últimos días, su color, y el ambiente, habían sufrido una leve transformación. El frío volvía a llenar las desiertas calles de Barcelona, dándole al verano un ambiente casi alienígena. Eso sólo podía significar una cosa, los “bichos” habían vuelto.

Después de varias semanas de relativa calma, las criaturas que asolaban las costas del mundo venían, de nuevo, precedidas por un frío extremo, y por una serie de fenómenos meteorológicos como la “disipación solar”, que impedía que los rayos del sol calentasen la tierra y el suelo. Los mares volvían a abatirse sobre las perdidas e inundadas avenidas de las ciudades marítimas, y sus olas embestían los vehículos abandonados por sus propietarios en sus aparcamientos.

Juanjo Rovira era uno de los pocos que había seguido el camino contrario al de la mayor parte de la población. Él y su grupo, eran una cuadrilla de expertos cazadores. Con sus rifles de repetición, y el dinero de sus empresas, habían recorrido el mundo en innumerables safaris.

Ahora, sin embargo, Juanjo había acudido desde Girona, la sede de su empresa, para enfrentarse a la cacería definitiva.

Durante semanas, las bestias del mar habían cazado a los hombres desprevenidos que no sabían lo que se les venía encima. A mediados de primavera su número fue tal que ya no podían ser ignoradas, y las desapariciones estaban a la orden del día.

Juanjo formaba parte de la primera expedición española que capturó una de esas criaturas. La bestia encajó una veintena de cargadores de subfusiles ametralladores y algunas balas de punta hueca en el cerebro antes de caer al fondo de la trampa que le habían tendido.

Los científicos habían teorizado durante días qué eran, pero al final, parece que se impuso la teoría de que era una bestia prehistórica surgida de los mares del tiempo, nadie sabía como.

La variedad de criaturas era tremenda, él había visto, de lejos casi una docena de especies diferentes, además de la que habían matado. Y su número era tal que los pocos resistentes del embate inicial de los mares tuvieron que abandonar sus hogares incluso bajo la protección de ejército.

Ahora, armados con la más alta tecnología, y escoltados por un batallón de soldados de alquiler, curtidos en África y otros campos de batalla, él y su grupo de amigos iban a cazar a esas bestias. Llevaban semanas preparándose tras su misteriosa retirada, armando trampas y preparando escondrijos para munición, zulos a los que acudir en caso de necesidad, un fuerte cuartel general defendido por armas pesadas y varios refugios seguros.

Llevaban mucho esperando esta oportunidad, y por fin se había presentado.

- “Ratas blancas” – el apodo de las pequeñas criaturas humanoides plagadas de garras y colmillos le trajo de nuevo de vuelta a la realidad.

- Mantened la posición – ordenó – sabemos que ellos son los primeros, pero detrás vienen los pesos pesados.

Ninguno de su grupo de seis abrió fuego, esas presas eran peligrosas en gran número, desde luego, sobre todo para oponentes solitarios y desarmados, pero el verdadero peligro venía detrás. Juanjo dejó que su batalló de guardaespaldas abriese fuego destrozando a las pequeñas bestias aullantes. Él continuó con la mirada fija en las calles cuyos edificios abandonados, algunos derruidos, conducían directas hacia el mar.

Lo que era antes una amplia avenida que bajaba hasta el zoológico y las playas, ahora era una trampa edificada por él para hacer caer a las bestias en un embudo del que no podrían salir.

Había elegido esa calle para instalar su primer puesto móvil, por recuerdos sentimentales. Miró hacia un lado, a su derecha, los cristales del suelo marcaban el lugar donde una conocida librería barcelonesa había estado, ahora, los libros servían de pasto a las ratas, y eran presa de la humedad.

Tan rápido como el rayo, Juanjo alzó el rifle, había visto algo entre los árboles del paseo. La mira telescópica le ayudaría a ver a la criatura que avanzaba silenciosa como la tarde en su dirección. Abrió fuego, la bestia gritó de dolor, el proyectil de caza pesada había penetrado por uno de sus ojos e impactado en su cerebro. Sin embargo, la criatura no cayó, al contrario, el dolor que la asaltó debió de enloquecerla, pues se lanzó a una sanguinaria carrera contra sus atacantes. Ninguno de sus amigos ni soldados abrieron fuego, sabían que la primera pieza iba a ser suya, y no querían entrometerse.

Juanjo disparó tres veces más, acertando las tres, pero no fue hasta el quinto disparo que la criatura se sintió herida de muerte, a menos de cincuenta metros de las barricadas y cayó al suelo derrumbándose y arrastrándose todavía unos metros más.

La primera había caído, se dijo, esto iba a ser fácil.

***

- Diablos – pensó – estoy agotado.

Cinco horas después, a las dos de la madrugada, Juanjo reunía a lo que quedaba de su grupo en el último de sus refugios secretos, al otro lado de la Diagonal se encontraba el principal de sus cuarteles generales. Este no caería tan fácilmente como lo otros, se dijo a si mismo intentando animarse. No quería pensar en el cerca de un centenar de hombres que habían caído con él esa noche.

Habían dado caza a muchas bestias, cientos de pequeñas “comadrejas” y “ratas blancas”, y casi una veintena de “osos serpiente” y una “serpiente gigante”. Esta última les había dado caza durante dos horas, siguiéndoles por cuatro refugios, hasta que habían podido matarla.

La cosa no había sido tan limpia y fácil como se esperaban. En lugar de disfrutar de un día de caza inolvidable, lo que jamás olvidarían era la pesadilla en la que se habían metido. Si sobrevivían.

De su grupo inicial sólo quedaban tres, además de una veintena de guardaespaldas. Ahora estaban escrutando la zona, las calles y los edificios, así como los cielos, pues las muy jodidas cosas también sabían volar, para dirigirse a un punto de escape que tenían preparados.

Juanjo dio un paso hacia el sargento que comandaba la expedición. El viento del este traía susurros lejanos, y hacía aumentar la sensación de frío. Las calles estaba a oscuras, y pocos de ellos podían ver nada sin los escasos visores nocturnos que tenían.

- No parece haber nada extraño, – le contestó el sargento a su muda pregunta. – Creo que podremos cruzar en unos minutos y llegar a lugar seguro.

Una nueva ráfaga de frío recorrió su espina dorsal, y el viento volvió a traer los murmullos nocturnos. Juanjo prestó atención, era como si alguien, muy lejano, estuviese susurrando palabras que el viento les traía hasta allí.

Issssssssssssssssaaaaaaaaaarrrrrrrrrr- parecía decir.

 Diablos me estoy poniendo nervioso, – confesó. Creo que es mejor que nos movamos.

Y así lo hicieron, corriendo, de uno en uno, comenzaron a atravesar la calle, parapetándose entre los coches y los escombros. Cuando llegó su turno, Juanjo se quedó clavado en el sitio.

Issssssssssssssssaaaaaaaaaarrrrrrrrrr- repetía lejana voz..

En el centro de la calle, a oscuras, una solitaria y enjuta mujer estaba parada mirando en dirección al mar. Juanjo, que era el que estaba más cerca de ella, podía ver que tenía la cabeza rapada, a pesar de cubrirse con una especie de túnica negra.

Sintió la necesidad de correr y huir, pero uno de sus soldados más alejados le gritó – ¡quítese de ahí!, va a atraer a todas las bestias del lugar.

En silencio, la pequeña mujer se volvió hacia ellos, y con sus oscuras manos, retiró la capucha dejando al descubierto su rapado cráneo, y sus ojos oscuros. En ellos, Juanjo pudo leer odio, odio como jamás había creído que existiese, como si se pudiese tocar, como si les invadiese.

***

Minutos después, Juanjo yacía caído en el suelo, atravesado por las balas de sus propios hombres. Él y los suyos se habían vuelto locos, matándose como si se odiasen desde hacía siglos, y ahora, sólo que, el mejor cazador, quedaba vivo, aunque malherido. El resto yacían destrozados a lo largo de la calle, presas de pequeñas bestias que acudían a merodear como carroñeros.

En sus oídos, a medida que la oscuridad y el frío se apoderaban de él, sólo unas palabras resonaban en su mente, Helech, el Dador.

Y luego todo fue oscuridad.

H

Raúl Torres esperaba agazapado tras una de las trincheras de sacos de arena que rodeaban el arco del triunfo. El cielo estaba encapotado, y los ponchos militares de color terroso les protegían, a él y a su pelotón, sólo parcialmente.

Habían acudido a París como voluntarios de las Fuerzas Globales, para intentar detener el imparable avance de los Ichar, que se extendía como una marea desde las planicies de Asia y Rusia por toda Europa en dirección Oeste.

Hasta hacía unos meses, hasta después del verano, los Ichar, llegados nadie sabía de donde, precedidos por sus esclavos más salvajes, y bestias sin nombre, se habían limitado a atacar las ciudades costeras.

Pero eso cambió en otoño. Comenzando por las ciudades de Japón, primero, después China y extendiéndose hacia el oeste, como una puesta de sol, los Ichar, criaturas de inmenso poder, e implacable sed de sangre, habían comenzado a atacar las principales ciudades de ambos continentes. Moscú, Varsovia, Berlín. Todas ellas habían visto llegar a estas criaturas milenarias, en grupos de dos o de tres, y les habían visto devastar sus hogares, sus ejércitos y sus infraestructuras. Les habían visto erradicar a los hombres que se les oponían con un vistazo, y la juventud de las naciones en su camino había sido sacrificada intentando detenerlos.

Europa y Asia se habían vuelto ante su tradicional aliado, los Estados Unidos, que por el momento no había sido atacado, pero sus peticiones primero, y sus súplicas después, eran desoídas e ignoradas. Nadie sabía a qué se enfrentaba el hombre, y todos habían visto la inutilidad de los ejércitos frente a los Ichar. La OTAN había dejado de existir.

Por eso estaba él aquí. Porque se negaba a dejar morir la esperanza y la solidaridad entre los hombre. Cuando pidieron voluntarios en su cuartel, Raúl fue el primero en alistarse, seguido por la gran mayoría de los hombres que componían su escuadrón.

- Sargento, – le llamó la voz del cabo Guevara – ya vienen.

Como habían contemplado en otras ocasiones, a lo largo de toda la costa de su país, el repentino cambio climático indicaba la próxima llegada de los Ichar, precedido por sus bestias de guerra.

Torres miró hacia el este, hacia las negras nubes que se cernían sobre la ciudad, traídas por un viento que, extrañamente en esta época del año, soplaba de levante.

Sus enemigos no se hicieron esperar.

Una docena de bestias voladoras de gran tamaño, semejantes a dinosaurios prehistóricos, surgió bajo la capa de nubes, acercándose a gran velocidad.

Sus hombres fijaron sus miras telescópicas en ellos, y prepararon los gatillos a medida que se acercaban. Por el fondo del paseo, al final de los Campos Elíseos, una murmullo creciente les llegó, obligándoles a olvidarse de las criaturas voladoras y centrándose en el más inminente peligro. Cientos de “ratas blancas” y otros esclavos humaniodes de los Ichar se dirigían a su posición.

No necesitó dar la orden de fuego. El infierno se desató cuando, a unos trescientos metros de distancia, la marea infernal se puso a tiro de sus armas. Docenas de estas pequeñas pero mortales criaturas cayeron bajo la lluvia de balas, mientras su maloliente sangre se mezclaba con el agua de la lluvia.

En el cielo, los helicópteros rusos caían envueltos en llamas en su lucha contra las bestias voladoras, pero Torres pudo ver que también estas criaturas estaban muriendo. Los pilotos de los aparatos habían estado ensayando tácticas coordinadas para evitar las derrotas de sus primeros enfrentamientos.

La Unión Europea y las Repúblicas Ex Soviéticas, incluida Rusia, habían firmado un acuerdo durante el inicio de los ataques. La potencia económica de la UE y Japón habían demostrado poder poner en forma los ejércitos rusos, que habían recuperado su antigua gloria, y ahora luchaban juntos en una de las escasas muestras de cooperación internacional. Rusia había sustituido a los USA como socio protector, al tiempo que los demás países europeos abastecían a sus ejércitos de material y dinero.

Al noroeste, en las afueras de la ciudad, surgidos del Sena, una horda de criaturas se enfrentaba a un bombardeo masivo por parte de los bombarderos Su-31. Las explosiones le indicaban que la idea de bloquear el paso por río para evitar una incursión por su cauce había sido buena idea. Ahora, los ocultos incursotes habían tenido que salir a campo abierto, y estaban siendo acosados por bombas inteligentes.

Sobre sus cabezas, un poderoso estruendo les indicó que dos escuadrones de cazas se unían a la batalla. Volando bajo, en dirección este, un heterogéneo grupo de aviones, compuesto por MIG-21 rusos, Tornados Ingleses, J-8 chinos y una docena de Phantom franceses, se abría paso hacia el combate.

El grito de júbilo de sus chicos fue ahogado por una súbita explosión.

Veinte de los veinticuatro aviones estallaron en el aire. En pleno vuelo, habían sido alcanzados por escombros que se habían elevado desde tierra a una velocidad cegadora. Los pilotos no pidieron ni siquiera saltar.

Torres agudizó la vista, en el cielo, a unos cien metros de altura, un par de figuras volaban impasibles. No podía verlas directamente, pero sí sus auras de energía, y de algún modo, todos ellos sabían que estaban ahí. Los Ichar habían llegado.

Inmediatamente se pusieron en marcha todos los mecanismos de defensa previamente establecidos. Las ocultas lanzaderas de misiles surgieron de sus escondites en las naves del cinturón industrial. Docenas de misiles surcaron el aire en su dirección. Al tiempo, los antiaéreos dejaron sus objetivos iniciales, las bestias voladoras, y se centraron en sus mortales amos.

Una lluvia de fuego y hierro se abatió sobre ellos.

Segundos después, ambos descendían en silencio impávidos ante la lluvia de muerte que habían soportado.

Los carros de combate T-80 rusos abrieron fuego sobre ellos. A pocos metros, Torres pudo ver cómo el más bajo de los dos soportaba el impacto de tres obuses de uranio empobrecido. La criatura, de piel azul con tatuajes rojos centró su atención en el escuadrón de carros de combate. De sus ojos surgieron una docena de proyectiles, rojos como ascuas, que impactaron como si fuesen criaturas vivas en los carros que  iniciaban una acción evasiva. Todos estallaron en llamas.

Torres se sumó al ataque, seguido de sus hombres. Abrió fuego, como el resto de los pelotones sobre el Ichar más cercano. Las balas parecían fundirse antes de tocar su piel, y uno a uno, los hombres que le atacaban parecían morir gritando sin haber recibido, aparentemente, ninguna herida.

Decenas de jóvenes murieron bajo la vista del Ichar. Cuando se volvía hacia su pelotón, ocurrió algo. Un terrible estruendo le distrajo. Su compañero había derribado la Torre Eyfel. Ese momento de distracción les dio tiempo para ocultarse tras un edificio derruido. Los Ichar debían considerar a los hombres poco más que hormigas molestas, pues no parecían tener interés en exterminar a unos u otros, y pronto se olvidaban de sus posibles presas si se ocultaban de su vista. El Ichar eligió otros objetivos, un segundo ataque aéreo con bombas de fragmentación y un nuevo escuadrón de carros T-98 que subía por los Campos Elíseos.

La batalla continuó durante horas.

 

***

Estaba anocheciendo, y Raúl Torres descansaba en su trinchera tras los duros combates. Como siempre, todos sus esfuerzos habían demostrado ser infructuosos, y sólo tras masacrarles, los Ichar parecían haberse aburrido y habían dejado la ciudad. Ahora sus bestias y esclavos se enfrenaban a los hombres y mujeres de las Fuerzas Globales en las calles.

Por lo menos ellos sí sangraban y, aunque eran mortales y peligrosos, podían morir.

Un teniente francés se plantó delante de él en silencio. Sin decir nada, estaban demasiado cansados, le alargó un papel, un bureau-fax militar, y luego se marchó.

- ¿Qué ocurre, Sargento? – le preguntó Ricardo Guevara mientras lo leía.

- Me ascienden a Teniente, y nos destinan de nuevo a España. Partimos ahora mismo.

- ¿Ahora? – inquiró otro de sus hombre, en quien el cansancio dejaba ver los síntomas del agotamiento. – ¿Por qué?

- Nos necesitan allí. Madrid está bajo ataque.

 

A

 - ¡Estáis locos! – el grito se confundía con el ruido de la sala. La algarabía que había provocado la última intervención resonaba como un rugido entre las asépticas paredes.

Al fondo, en la puerta, un par de soldados con uniformes azules de las Geo Com se mantenían impasibles en posición de firmes.

El primero en hablar fue Aki Asano, comandante de las fuerzas Globales de Japón. A pesar de llevar veinte horas de reunión, su uniforme parecía recién planchado.

- Teniente Coronel Char – dijo en voz baja, con esa fingida flema que tanto enfadaba a Admun Char, Teniente Coronel de las Fuerzas Globales – mi país, representado por mí, ha sugerido el ataque con armas nucleares porque cree que, ahora que sabemos donde está la ciudad de la que provienen los Ichar, podemos terminar con esta guerra que casi está a punto de destruir a la humanidad.

- No se olvide, Asano, – le interrumpió el otro ante la mirada atenta del resto de sus contertulios – que fueron mis espías los que descubrieron la ciudad submarina durante una misión rutinaria de vigilancia.

- Por eso mismo, creo que tenemos que contraatacar. Los Ichar son tan poderoso, que podrían ser capaces de mudar su ciudad a otro ponto bajo las aguas oceánicas, y perderíamos lo que es la única oportunidad de destruir su cabeza, y de sobrevivir. ¿O he de recordarle el daño que esos seres han causado en las naciones del mundo? Por eso hemos solicitado aquí ese ataque nuclear, pues Japón no dispone, debido a acuerdos históricos, del armamento atómico necesario para borrar esa ciudad del mapa.

- Asano, – le advirtió Admun Char con una mirada. – No intente jugar conmigo, ni con los aquí presentes. – Sabe usted también que eso desencadenaría un ataque total por parte de los Ichar.

- Explíquele eso a las poblaciones muertas, a los mjillones de inocentes que los han perdido todo, incluso las vidas y las almas. Pregúntele al señor Li – dijo señalando al coronel chino de su derecha – qué se siente cuando se ve a toda una ciudad perder el alma a manos de un solo Ichar. Pregúntele el daño que les ha hecho Chakron a ellos.

Admun Char suspiró hondo. el miedo estaba tan arraigado en las almas de estas personas, que, durante los últimos meses habían perdido la capacidad de raciocinío. No veían el peligro de desencadenar una respuesta igual de terrible, sólo la posibiidad de librarse del horror que habían traído los Ichar.

La puerta de la sala se abrió, y el rostro de Admun Char se iluminó, el comandante Galindo se acercó a él, y le susurró algo al oído.

 - Señores, – dijo irguiéndose y mirando a la sala, – acaba de ocurrir algo que creo que es necesario que sepan. Según las últims noticias, acontecimientos clave en la ciudad Ichar de Sherian-dragon nos han liberado de esta terrible carga. Por motivos que todavía no podemos precisar, la situación ha cambiado y puedo rebelarles información que hasta ahora debía mantener en secreto. – con una mirada irónica sostuvo la expresión de sorpresa de Asano.

En silencio, el comandante Galindo se inclinó sobre la consola de situación, e introdujo un disco en ella.

- Lo que van a ver aquí, es información reservada hasta este fin de semana, momento en el que se transmitirá a todo el mundo.

Siguiendo sus palabras, una serie de imágenes aparecieron en la consola, y un mapa por satélite tomo el lugar de los gráficos de aprovisionamiento que hasta entonces la ocupaban.

- Lo que ven aquí es la parte terrestre del imperio Ichar, no podemos revelar cómo hemos conseguido la información, pero si hablan con sus superiores les confirmarán que es cierta. Las trece marcas de situación que observan en rojo son las Trece Ciudades Ichar, la cuna de nuestros enemigos.

Un  murmullo de sorpresa sustituyó el apagado silencio.

- Sí, no nos enfrentamos ni a un grupo de seres, como creíamos al principio, ni a una ciudad completa, sino a trece. Cada una, con un poder inconmensurable. Lo que han visto hasta ahora sólo es una muestra menor de lo que puede hacer esta raza.

Sólo el comandante Galindo parecía capaz de mantener la compostura.

- No sólo eso, – continuó – sino que, como pueden comprobar en las señales amarillas, las fortalezas submarinas de los Ichar son más de cincuenta, repartidas por todas las llanuras marinas, las simas abisales, los taludes y los barrancos submarinos. Además, tenemos motivos para creer, que este Imperio oculto es sólo la punta de iceberg, y que las ramificaciones de su poder llegan incluso hasta otras estrellas y galaxias.

Se hizo una pausa.

 - Muy lejos del alcance máximo de sus misiles – sonrió mirando a su contrapartida jamponesa. – si le sprovocamos, aunque sólo sea haciéndoles ver que somos peligrosos, volcarán toda su furia y poder sobre nosotros, y seremos exterminados en cuestión de días.

- Entonces estamos perdidos, – se atrevió a susurrar el General Li.

- No, general. En este momento se están desarrollando acontecimientos que hacen que la esperanza sea posible. Pero si me disculpan, debo acudir ahora mismo a un frente en el que se requiere mi presencia. Espero que a la vista de estas pruebas vean la inutilidad de continuar hablando de un contraataque nuclear.

Ninguno de ellos lo negó, y el Teniente Coronel Admun Char salió por la puerta hacia un destino desconocido para ellos.

 

R

 

Albert Huantesse se ocultó detrás de su granja. Hacía meses que no veía un Ichar, desde el momento que abandonó la ciudad de Amsterdan en la que vivía para irse a virvir al campo, antes de los ataques contra ella.

De hecho, sólo había visto una vez en vivo a una de estas mortañles criaturas, enemigas de toda la Humanidad. Había sido durante el éxodo que casi vació su ciudad natal. En la huída, pudieron comprobar cómo dos de estas criaturas acudían, a lomos de unas gigantescas bestias voladoras, hacia su abandonado hogar.

Lo siguiente que oyeron en la radio fue que la ciudad al completo ardía hasta los cimientos, y que más de diez mil personas habían perdido la vida.

Ahora, sin embargo, pasados los meses, albert creía que podría rehacer su vida en el ampo, pues se creía que los Ichar jamás iban al campo. Se especulaba con que sólo encontraban algo de emoción masacrando las grandes ciudades, y que los seres humanos individuales y dispersos, eran para ellos como hormigas, a las que dejaban como presa de sus bestias.

Los granjeros de la zona habían aprendido a defenderse de ellas, unas veces ocultándose, otras mediante trampas y vigilantes nocturnos.

Pero ahora, tras tanto tiempo, la misma sensación de dolor preternatural le asaltó, como aquella vez en la atestada carretera.

El instinto innato que hacía que los hombres se encogiesen de terror y miedo ante la presencia de un Ichar volvía a golpear sus sienes.

- Albert, – le llamó Elois con un susurro. – ¿Le ves?

Albert negó con la cabeza. En sumo silencio, con un cuidado nacido de meses de miedo a que ete momento llegase, levantó la cabeza sobre el capó del tractor, tras el granero de maderas rojas, y entonces le vio.

Allí estaba, en silencio, mirando hacia el horizonte, al sur, como si contemplase algo que ellos no podía ni siquiera imaginar.

Es Alkren, Escorpión Negro – le dijo una voz en su interior, pues todos los hombres conocían los nombres de los Ichar, como si estuviesen grabados a fuego en nuestra memoria genética y racial.

El Ichar era grande, medía más de dos metros, y toda su piel era negra y reluciente. sin embargo, el fulgor oscuro que irradiaba no provenía de la luz reflejada en su piel, sino de las negras energías que parecían brotar de su interior.

De su desnudo cuerpo, de rasgos inhumanos, surgía una cola negra y venenosa, como la de un escorpión, que se elevaba por detrás de su cabeza, y parecía tener vida propia.

Un grito llegó desde el norte, la dirección de la que Alkren había llegado.

Albert miró sin atreverse a alzarse más para ver qué pasaba. Lo que vio fue terrible. Una docena de hombres corrían hacia la granja, delante de una marea negra que parecía extenderse en su persecución. La ola negra aceleró su paso, como si temiese la presencia del Ichar.

Los Abrams, sus vecinos, no pudieron superar en velocidad a la negrura, cargados con los niños pequeños en sus brazos. En un segundo, la oscuridad les trepaba por las piernas, y les envolvió. En segundos, la marea negra se disolvió, y de los Abrams no quedó ni un rastro de que habían estado allí.

Albert miró hacia arrbia, creyendo que él y su familia serían los siguientes. Sin ambargo, Alkren no parecía prestarles atención, mirando siempre hacia el sur.

En ese momento, un extraño sentimiento le aferró el corazón, esa una sensación de pérdida, como si algu muy importante hubiese ocurrido en el planeta. el aire se volvió extraño, casi eléctrico, como antes de una tormenta, y un profundo pesar se abatió sobre todos ellos.

Sin atreverse a levantar la vista, Albert supo que el Ichar se marchaba de su granja, en dirección a la fuente de aquella oleada de pesar. Muy, muy al sur.

Relatos de los Ichar: el comienzo

Posted Julio 19, 2007 by guerrerosdesingularidad
Categories: Relatos

Las profundas aguas del Atlántico se arremolinaban en el banco de peces, creando pequeños destellos verdosos con los débiles rayos de sol que penetraban en la superficie. Sólo la presencia fugaz de algún depredador rompía momentáneamente las formaciones armónicas de las diversas bandadas.

De repente, un enorme banco de plateados peces se abrió en todas direcciones, creando un agujero por el que una forma humana pasó a gran velocidad. Su piel reflejaba tonos azules oscuros, con matices amarillos allí donde su piel brillaba con los tatuajes dorados que surcaban su piel.

Extrañas palabras en lenguas muertas cubrían cada centímetro de su piel, dejando sólo jirones de la piel azul original bajo ellos.

El ser se movió a una velocidad inhumana, sin prestar atención ni a los peces, ni a los tiburones que se apartaban veloces de ellos. Reconocían a un predador a simple vista, y el desconocido que surcaba los océanos era un miembro de la especie más peligrosa de la tierra.

En pocos segundos dejó atrás las luces de la superficie, y se sumergió en las oscuras profundidades. A ambos lados suyos, las formaciones rocosas de la sima le dieron la bienvenida. Las familiares estructuras naturales que habían sido su hogar se sumergían varios kilómetros en los mares, allí donde ni la luz se atrevía a llegar.

Los pequeños salientes se sucedían uno a uno, y el extraño recorrió su camino serpenteando entre ellos, buscando algo. Por fin, dio señales de haber avistado algo lo que buscaba en un lejano saliente al sur. Sin perder un segundo se dirigió hacia él.

En lo alto de la estructura de roca, una docena de figuras permanecían en silencio, de diversas formas y tamaños, sus compañeros le esperaban para dar comienzo a la reunión.

- Venganza, Loatar, de Soren Gardiar – dijo una mujer de marcadas formas y piel verdosa. Sus manos terminaban en garras, y docenas de tentáculos le surgían de la espalda.

- Venganza, nobles Ichar – respondió, con un rugido que hizo temblar las aguas.

- Te esperábamos, el destino del Imperio pende de un hilo, los humanos se están integrando en nuestras estructuras, y el maldito Primarcar anima a nuestros jóvenes a abandonar las Doce Ciudades y a conocer el mundo, integrándose con los hombres. La situación es imprevisible, y grave.

- No podemos permitir que esta situación de paz inestable se estanque – añadió un pequeño Ichar que rebosaba poder. – Los seres inferiores caminan por nuestras calles, atemorizados al principio, maravillados por nuestros logros después. El Alto Consejo de las Mareas no logra poner orden en la situación que se ha generado después de la guerra.

- ¿Y debemos ser nosotros quienes lo hagamos?

- Somos los miembros representantes de algunas de las casas más afectadas. Nuestro poder se diluirá si no actuamos.

- Pero Primarcar y sus partidarios son poderosos, las legiones han sido destrozadas, y las amenazas contra nuestros territorios en las Marcas Externas son tremendas. La presión para cada uno de nosotros es insostenible. ¿Cómo podemos hacer algo?

- No debemos arriesgar nuestra posición, debemos buscar peones, como lo están haciendo nuestros enemigos. Peones que luchen por nosotros nuestras batallas, Ichar y humanos jóvenes, a los que podamos manipular para obtener el poder que necesitamos.

- Sí, pero ellos también están cogiendo poder, y los jóvenes cada vez son más irreverentes. Las nuevas manadas son aterradoramente independientes, y manipularles será difícil.

- Y arriesgado, Primarcar les ha prometido muchas cosas, y ellos lucharán contra nosotros. Después de la guerra civil no podemos arriesgarnos a un nuevo conflicto interno. Sería el fin del Imperio Ichar, y el nuestro.

Loatar se movió, con su mente perdida en lejanos acontecimientos del pasado, caminó hacia el borde de la plataforma rocosa.

Ante sus ojos se abrió un espectáculo impresionante de luz y formas. Su ciudad natal era esplendorosa, Soren Gardiar  refulgía de poder y energía en el fondo de la sima abisal que era su hogar y refugio.

Las extrañas e inmensas torres les daban la bienvenida, las cúpulas se alzaban enormes y majestuosas, y en su interior, ciclópeas torres y edificios albergaban a la raza más poderosa e intrigante del universo, los Ichar.

Tras él, el resto de los conspiradores miraban por encima de su hombro la enorme ciudad, en sus rostros iluminados ardían diversas emociones. Odio, ira, ambición, miedo, esperanza. Se produjo un tenso silencio, que sólo Loatar se atrevió a romper.

- Ha empezado, ¿verdad? Ya no se puede detener.

- Sí, veremos quien sobrevive al destino de nuestra raza.

- Veremos, – sentenció Loatar con una sonrisa.

INTRODUCCIÓN

Posted Julio 19, 2007 by guerrerosdesingularidad
Categories: Información, Los Ichar

Este juego de rol está ambientado en el mundo de los Ichar. Es un mundo como el nuestro, pero tiene algo diferente, algo que lo hace grandioso y mortal al mismo tiempo.

Son los Ichar.

En la historia de la Humanidad, pocas veces se había oído hablar de esta raza. Seres de inmenso poder y de inmortal esencia, que moran en nuestro planeta desde tiempos inmemoriales. Sin embargo, ahora, tras tantos años de ocultarse a nuestros ojos. Estas malignas criaturas han surgido de las profundidades oceánicas, donde habitan en colosales ciudades submarinas, y amenazan la misma humanidad.

El presente juego de rol te permitirá jugar con diferentes personajes de este mundo. Podrás interpretar a un humano que acaba de introducirse en un peligroso mundo. O a un híbrido de Ichar y humano, los hijos de los Ichar están destinados a poseer poderes inmensos, pero la mezcla con un humano les hace inestables, pues el resultado puede ser un ser casi humano, o algo increíblemente más poderoso.

El Cosmos

El universo de juego es enorme, la raza humana está muy dividida, las naciones han caído por el embate Ichar, y los diferentes grupos intentan reconstruir el mundo cada uno a su manera.

Los Imperios Exteriores, los Serpian, la Religión, etc. Siguen expectantes los cambios en el Imperio más peligroso del cosmos. Algunos han firmado la paz con él, otros no. Pero todos desconfían de la raza más traicionera y cruel jamás creada, los Ichar.

El mundo es peligroso. Cosas sin nombre, humanas o no, habitan en él. Ocultas al resto de la Humanidad por grandes poderes. Cada una con sus vidas y objetivos, lo que convierten el viaje por el mundo en algo mortal y arriesgado. Selvas enormes han crecido en pocos años en el interior de enormes desiertos, los humanos empiezan a ver sus poderes despertar, y las criaturas salen de sus escondites de milenios atraídas por la carne y la sangre derramada.

El Verdadero Peligro

Pero lo más peligroso, y por ello más interesante, es el Imperio Ichar. Las Doce Ciudades son ahora Trece, las fortalezas exteriores quieren más independencia del Imperio, y las Marcas Exteriores e Interiores adquieren más poder.

Diversas facciones tratan de gobernar el Alto Consejo de los Ichar.  Los gremios de Artesanos, de Arcanos, de Esclavistas, de Artificieros, Constructores y demás quieren alcanzar su propio estatus. Las Doce Ciudades Ichar pugnan por adquirir más poder, mientras la ciudad de Nueva Atlántis intenta establecer la paz en todo el Cosmos. Las Casas luchan por mantener o ganar prestigio, y sus tierras y esclavos intentar rebelarse contra ellas. Las Clases bajas presionan por más derechos, y, a pesar de la victoria del bando aliado, numerosos Ichar pretenden que el antiguo y despiadado régimen retorne. Grandes búsquedas se han iniciado, y gestas gloriosas esperan a los grupos de aventureros que, mezcla de razas y clanes, se adentran en las mareas políticas, y de la guerra.

Antecedentes

Ichar, el juego de rol, parte tras los sucesos acaecidos en la primera novela y durante los hechos narrados en la segunda y tercera partes de la trilogía “Las Crónicas Ichar: la llamada del Destino”.

La Humanidad se vio, de la noche a la mañana, abocada a una guerra contra una raza de seres de inmenso poder, surgidos de los océanos abisales. Una guerra que no podía ganar. En la novela “Ichar”, un grupo de humanos, con la ayuda de los Renegados Ichar, logró infiltrarse en el corazón del Imperio Ichar, donde esta raza reinaba suprema.

Allí, conocieron a un enemigo de impresionante poder, pero dividido por su ambición. Las maravillas de las Doce Ciudades Ichar se les mostraron ante los ojos, y al final, el bando de Renegados estableció una alianza con los hombres, y una guerra civil estalló en esta raza milenaria.

La Situación antes de la guerra cilvil

Si ya conoces el mundo Ichar, por las novelas de las que toma nombre, sabrás de la guerra civil que enfrentó a los dos bandos de Ichar, los miembros de las Doce Ciudades, partidarios de esclavizar a la humanidad y al resto de las razas sintientes del planeta, contra los Renegados. Ichar que repudiaron la vida de corrupción de sus hermanos y que habitan entre la Humanidad.

Éstos últimos, crearon la Ciudad de Nueva Atlántis, allí donde los hielos cubren desde siempre los fondos marinos. En las planicies de la Antártida, tanto dentro como en la superficie del inmenso océano helado, ambos bandos y sus respectivos aliados se enfrentaron en una batalla donde legiones gigantescas murieron defendiendo su forma de vida.

Bajo las heladas aguas del Antártico, los Ichar, y sus esclavos y aliados, lucharon por la supremacía de sus ideas, y sólo el poder oculto de la raza humana impidió que toda nuestra realidad fuese conquistada por enemigos de otro mundo, aliados de uno de los bandos Ichar.

La Situación Actual

El mundo estuvo a punto de ser destruido en éste titánico conflicto, y todo lo que existía pendía de un hilo. Al final, un héroe humano, Raúl Torres, detuvo la guerra e impidió la catástrofe sacrificando lo que más amaba.

Ambos bandos llegaron al acuerdo de firmar una paz inestable, amenazada por las ambiciones de las ciudades Ichar, de sus Altas Casas y por las disensiones en todas las alianzas y pactos.

La Humanidad conoció el poder y la ambición de esta raza, a medida que la intrigante marea política intentaba ganar partidarios para una u otra causa.

Ichar y humanos conviven mezclando cada vez más sus estilos de vida, las Ciudades Ichar acogen embajadores de las naciones humanas, mientras que los Ichar han surgido a la superficie estableciendo bases y fortalezas en los rincones más perdidos de la Tierra.

Los Ichar se reúnen e intrigan, intentan reconstruir su antiguo poder, mientras que otros pugnan por construir un futuro mejor, donde la unión de Ichar y hombres sea un hecho.

Posibilidades

Tú decides qué bando escoger, puedes ayudar y colaborar con los Ichar, intentando lograr la paz  con ellos llevando a un humano con poderes recién descubiertos, o luchar contra ellos. Elijas lo que elijas, tú decides tu destino, el del Imperio Ichar y el del Universo.

Interpreta las intrigas palaciegas más terribles, o lucha en las Guerras de las Marcas Externas. Dirige grupos de seres en busca de artefactos desconocidos a misteriosas dimensiones, y conoce un universo de grandes maravillas y peligros.

Las posibilidades son infinitas. Los Ichar llevan en este mundo millones de años, miles de millones. Las maravillas que sus ciudades y ciudadelas ocultan no tienen comparación. Podrás viajar a las Marcas Internas, las últimas fronteras de la Tierra, donde actuarás como embajador entre seres que han habitado la tierra en secreto durante millones de años, o recorrer las Trece Ciudades Ichar, donde la intriga, la riqueza y la seducción son una forma de vida.

También podrás viajar allí donde pocos lo han hecho. Tanto si interpretas un Ichar como si estás jugando con un hombre o un miembro de una raza esclava liberada, conocerás las maravillas que el cosmos y las dimensiones te aguardan. Las Marcas Externas te esperan para mostrarte todas las maravillas que hasta el momento pocos han visto, y allí emprenderás las misiones más arriesgadas, donde sólo los más valientes e inteligentes pueden sobrevivir.

Este es el Mundo de los Ichar. Un mundo de grandes poderes y de grandes épicas. Un mundo donde el más insignificante humano puede codearse con seres que pueden apagar una estrella, y donde todos tienen la oportunidad de ganar poder y rehacer el mundo, convirtiéndolo en algo mejor.

Bienvenido a Ichar.

¿Qué es un juego de rol?

Posted Julio 19, 2007 by guerrerosdesingularidad
Categories: Información

Si nunca has jugado al rol te puede parecer algo extraño, por lo que vamos a explicarte en qué consiste lo que muchos han llamado alternativa de ocio inteligente.

Imagínate que vas al teatro, te sientas en tu butaca y se sube el telón. Comienza una suave música mientras un narrador describe la escena, los personajes y el decorado.  “Las aguas del Danubio bajan calmadas entre los olmos, pero arriba, en las montañas donde nacen, una terrible épica está apunto de comenzar, el dragón ha despertado, y el anillo de su amo le llama, pero un valiente héroe, llamado Sigfrido,  puede poner fin a tanto terror…”

La escena continua con los personajes interpretando sus papeles, mientras la voz del narrador describe las escenas al tiempo que cada actor ocupa su papel.

Ampliando la escena

Ahora, imagínate que tú eres uno de los actores, o el narrador. Tú estás en el escenario, interpretas tu papel y dices tus frases. Disfrutas metiéndote en la vida de un personaje ajeno, tú eres el joven Sigfrido, lejos del trabajo o los estudios monótonos, por un par de horas, tú eres quien vive la aventura.

Imagínate la libertad de interpretar a un personaje así, pero te tienes que ceñir a los textos que el autor ha ideado, decir sus frases, hacer lo que él ha querido que hagas. Así que, ¿por qué no romper los textos? A partir de este momento dirás lo que quieras, siempre interpretando tu papel. Tal vez el autor había decidido que Sigfrido se colase en la guarida del dragón, pero tú crees que su carácter arrogante impone un acercamiento más directo. Retas al dragón a un combate  muerte.

El narrador te señala cómo es la bestia, cuales son sus armas y cómo se comporta, debido a que no hay escenario él te explica lo que está ocurriendo. “ El dragón se lanza hacia ti rugiendo entre las montañas, les ves descender escupiendo fuego, mientras el sol comienza a ocultarse tras la cordillera…”

El resto de los actores también han roto sus libros y actúan como creen que lo harían sus personajes. Unos te ayudarán, otros se esconderán, esperando recoger algo de valor si ganáis.

Utilizar la imaginación

Y entonces, llega el dragón. Describir lo que pasa a continuación no es fácil, el combate sería atroz, si no fuera porque en esta obra se sustituyen las espadas y garras por dados. Siguiendo unas sencillas reglas, y basándose en las características de cada personaje, el combate se dirime sin que nadie salga herido, sólo con unas cuantas tiradas de dados.

Los héroes ganan tesoros, los cobardes salen de sus agujeros aparentando estar malheridos, y cada uno de los actores se comporta como si esos personajes estuviesen vivos.

Ahora, imagina que no puedes abandonar el escenario para ir a una montaña a interpretar la escena, el narrador sustituye los elementos que no podéis ver con sus explicaciones. Y como tampoco podéis tener acceso a un teatro todos los días, decidís interpretar en casa, en un parque, o en la mesa de un bar todas estas aventuras.

Sólo la imaginación es vuestro escenario, con ella, y vuestras interpretaciones, construiréis una obra de teatro donde los personajes, vuestros personajes, vivan aventuras en docenas de sitios, con dragones y magia, con naves espaciales o interpretando  detectives infiltrados en bandas de gángsters en el Chicago de los años treinta.

Resumiendo

Esto es un juego de rol, ni más ni menos, por lo menos es lo más básico. ¿Qué más ahí? Miles de mundos diferentes, dados con muchos colores y formas, aventuras ya preparadas para ayudar al narrador y docenas de ayudas más, figuritas, tableros, mapas, música para ambientar las obras o partidas.

Existe otra modalidad llamada rol en vivo, la única diferencia es que los personajes se mueven por el escenario, que puede ser un parque, un castillo medieval, etc. Todo los demás es exactamente igual, la imaginación y los dados te permiten interpretar un papel, está prohibido tocar a ningún jugador, etc.

En definitiva, lejos de lo que en principio podría parecer, los juegos de rol son una actividad lúdica, que fomentan la participación y la colaboración, disminuyen la timidez, aumentan el amor por la lectura y son una forma de ocio inteligente y barato.

Posted Julio 19, 2007 by guerrerosdesingularidad
Categories: Relatos

Querida Lochar:

Me complace decirte que tenemos noticias de nuestra madre, la Hermosa Lilith. Contrariamente a lo que pensábamos, no fue dañada por la explosión de los portales, y su espíritu arde con el fuego de la furia con el que siempre nos ha alimentado.

Nuestras hermanas, aquí presentes, te envían saludos, pues no albergan nuestros oscuros corazones el menor asomo de duda de que sigues viva, en algún lugar, allí donde puedas continuar tu labor de servir a la Gran Madre de nuestro pueblo.

No temas por nosotros, pues portamos nuestra labor con orgullo, y conseguiremos el objetivo último que es nuestro destino. El Retorno de Lilith y el dominio completo del Imperio, y con él, del Cosmos.

Sabe, hermana perdida, que cuando vuelvas a nosotras, nos encontrarás más fuertes de lo que jamás hemos sido, y tendremos todo preparado para nuestro gobierno sobre los Ichar y todas las criaturas inferiores, al lado de la Gran Madre.

Lanzamos nuestras plegarias al viento, a sabiendas de que serán recogidas por la antigua Lilith y te serán entregadas por su firme mano protectora. Tus hermanas Las Hijas de Lilith.

Venganza, noble Lochar, de la Casa Crokan, estés donde estés.

Historia Secreta del Mundo

Posted Julio 19, 2007 by guerrerosdesingularidad
Categories: Trasfondo


Todo viaje, comienza con un Primer Paso

Al Principio fueron Seis, y el Creador estaba orgulloso de ellos. El Segundo día, junto a la tierra, los cielos y los mares, ellos llegaron de manos del Creador.

Caminando con orgullo por toda la Tierra de su Señor, marcaron a fuego su huella en nuestro planeta. Un mundo, que alguien llamó después la Tierra.

Eran hermosos como los bosques milenarios, sabios como las noches de luna llena, poderosos como los océanos enfurecidos, y fuertes como los pilares de las montañas. Ellos estaban aquí desde el primer día, pues contemplaron el nacimiento de las estrellas.

Pero empecemos por el principio.

El Creador se desprendió de una parte de su alma, pues sentía el impulso innato de crear. Deseoso de hacer algo hermoso, dotó a sus hijos de lo mejor de sí mismo, sabiduría, poder, belleza. Seis seres casi perfectos nacieron al mismo tiempo que en el universo se encendían las estrellas.

Fueron dejados en este mundo, pues el Destino había sido marcado, y en él surgiría la raza que cambiaría la faz del Universo.  Se les entregaron, a ellos, las llaves de la Creación. La Llave de la Vida, la Llave de la Luz, la de la Materia y la de la Mente. También se les entregó este planeta, con su vergel de formas de vida, con sus bosques, selvas y montañas, y con sus océanos limpios y agitados. Por último, se les asignó la protección de Besal-Dimión, la joya más preciada del Creador, con órdenes estrictas de protegerlo, pues en su interior radicaba el Mal.

Después, el Creador continuó su labor en otros mundos, prometiendo que en ningún otro crearía una raza tan perfecta, pues ellos eran sus predilectos. Pues ellos eran Los Ichar.

Miles de años pasaron, y los Ichar crecieron en número. El mundo antes poblado por seres primigenios, era ahora un planeta dotado de vida, rebosante de formas y tamaños, hace más de doscientos millones de años. Los Ichar habían modelado el mundo, separado la Pángea, utilizando la Llave de la Vida habían creado servidores cada vez más grandes, enriqueciendo el mundo, habían tenido hijos que reinaban sobre las bestias como dioses guerreros.

Así, poco a poco, los Ichar se fueron separando.  El Besal-Dimión seguía bajo custodia del Primero de ellos, quien reinaba eterno en la montaña más alta, pero el resto de sus cinco inmortales hermanos deseaban el privilegio de guardar el mayor tesoro de su Creador, esperando lograr su favor. Al final, decidieron establecer tunos rotativos de un millón de años.

Sin embargo, cuando pasó el primer milenio de milenios, Litharian, el Tercer Hermano, se negó a entregar el Besal a su hermana Lilith. Los dos pelearon por siglos, sacrificando seres inferiores y a sus hijos por conseguir lo que creían que les pertenecía por derecho. Al final, tuvo que interceder El Primero. Entregando el Besal a otro de los hermanos, obligó a Litharian a renunciar a su posesión para siempre en juramento sagrado, y desposó a Lilith para acallarla.

Muchos fueron los hijos de esta pareja, como grande fue el número de Ichar que poblaron la Tierra. Trece Ciudades surgieron de las profundidades de la tierra, conjuradas por los enormes poderes de sus amos. Así, sobre las más altas montañas, en las islas más hermosas, o en el fondo del mar, nacieron las Trece Joyas Ichar.

Su población aumentó exponencialmente, y sus habitantes viajaron conociendo el mundo y las estrellas. Pero todo paraíso, posee su propio infierno dentro.

Litharian nunca renunció al Besal, pues su ambición era grande, pero tampoco podía oponerse a todos sus cinco Hermanos y las Trece ciudades, ni siquiera con su propia prole tras él. Sabiendo que ningún poder de este mundo, o de ningún otro, podría vencer a sus congéneres, abrió la puerta a los Infiernos. Allí, retó a los más poderosos demonios, y salió triunfante, pues éstos también eran creación del Creador, y Éste había prometido nunca crear alguien tan perfecto como él.

Selló así los Pactos del Fuego, y declaró la Guerra al Primero y a la Primera Esposa. Aprovechando la situación, Sibilian, el Segundo Hermano, luchó también por recuperar el Bestal para si.

Miles de años azotaron la tierra con su furia, miles de batallas sacudieron el planeta, llevando a la extinción numerosas especies. El clima cambió, el cielo se oscureció y los mares reclamaron lo que fue suyo.

Al final, hace sesenta y cinco millones de años, los Tres Ichar que pugnaban por el Besal se reunieron en un austero templo de piedra, en lo alto del más alto pico, bañado por los dorados rayos del sol. Allí, juntos, decidieron sellar la paz, pues casi habían destruido su mundo. El Primer Ichar se quedaría como guardián de la joya.

Pero no todo fue tan fácil como esperaban. Nunca lo es. Litharian invocó a un demonio creación suya, que reunía la fuerza de mil diablos, y con él atacó a Primarcar y Sibilian, inmovilizándoles.

Después tomó el Besal y se dispuso a partir. Sin embargo, Lilith estaba esperando. Desoyendo las prohibiciones de su marido, ella les había seguido con la intención de arrebatarles la joya. Y eso hizo. Ella y Litharian pugnaron por su premio, y el mundo entero se estremeció, al final la joya se rompió. Ningún mal salió de ella, ninguna plaga, sólo silencio.

Roto el premio, Lilith siguió atacando a Litharian, hasta casi matarlo. Fue detenida por Primarcar, quien tuvo que invocar a los Padres de Todo para calmarla.

Entre los tres, expulsaron a Litharian de esta realidad, lejos de los infiernos que pretendía dominar, y sellando su salida a este mundo para siempre.

Después, sellaron la paz, y dejaron crecer en paz a las Trece Ciudades.

Pero no todo había ido bien. Primarcar se había dado cuenta de una cosa, la joya representaba el Mal, sí, pero el mal que existe en toda criatura, un mal que duerme en los Ichar, y que se estaba despertando. Su esposa, ávida de poder, lo había demostrado, y Primarcar abandonó todo para viajar por el mundo y contemplar como la Naturaleza intentaba paliar el daño que sus guerras habían hecho.

Otro ser había sentido lo mismo, El Creador. Llegó a este mundo, su preferido, para ver cómo sus primogénitos peleaban entre si, destruyendo el símbolo del amor de su creador. Así mismo vio como sus descendientes reinaban sobre el mundo, domándolo, no ciudándolo, y que casi lo habían destruido.

Así, tomó una dolorosa decisión. Los Ichar eran demasiado poderosos, eran individuos inmortales, sabios, pero arrogantes. No eran como él hubiese deseado. Por ello, con la calma de los milenios, seleccionó a otras criaturas con las que engendrar a sus nuevos hijos. Unos hijos mortales, que temiesen a la muerte, que respetasen el planeta y a los suyos. Así nació la Humanidad. Como todos los seres, los humanos se probarían durante los próximos millones de años, si fracasaban sería relegados de su papel, como lo fueron los Ichar, si perseveraban, lograrían alcanzar su Destino entre las Estrellas.

Ignorantes de que habían perdido el favor del Creador, los Ichar se dieron aún más si cabía a sus depravados placeres. Habían sobrevivido a una guerra de millones de años, que había enfrentado a toda su raza. Muchos de ellos, ahora muertos, servían de modelos a las estatuas de los héroes, y los esclavos, bestias e inferiores les hacían olvidar pronto que incluso ellos deberían temer a la Muerte.

El Imperio Ichar comenzó un período de sesenta y cinco millones de años de predominio absoluto sobre todo el cosmos conocido. En ese tiempo, las glaciaciones se sucedieron, los continentes se separaron, surgieron montañas y colisionaron placas tectónicas. Indiferentes a ello, los Ichar volvieron su atención al cosmos. Allí, iniciaron guerras de conquista con el único objetivo de dominar todo lo que existía, creyéndose amos de todo el universo, al ser los hijos preferidos del creador.

En esos millones de años, las Trece Ciudades reinaron eternas sobre los mares y bajo ellos. Los enormes tiburones megalodones caían a cientos bajo los juegos de los Ichar y, como otras muchas especies, fueron llevadas a su extinción.

Sin embargo, los desprevenidos Ichar no vieron algo que sí contempló Primarcar, el Primero, desde su retiro de las ciudades y reinos Ichar. Una nueva especie estaba surgiendo, un nuevo ser que poseía un enorme potencial, pues era sumamente adaptable y que, a pesar de su vulnerabilidad parecía poder hacer grandes cosas. Hace seis o siete millones de años, el cambio era ya claro. Una nueva especie inteligente había sido alumbrada por la Madre Tierra.

Temeroso de la reacción de sus hermanos e hijos, Primarcar decidió ocultarla a éstos, pues sabía que lo único que les esperaría serían la esclavitud o la muerte. Así, viviendo entre ellos en sus lugares de origen en el Continente Sur, aprendió de ellos y con ellos. Aprendió a ser feliz, a valorar la vida, pues no todo lo que hay sobre la faz de la Tierra es eterno como los Ichar.

Allí vio crecer los primeros poblados, asentamientos cada vez más grandes, y observó como esta nueva raza de seres se extendía por la faz de la Tierra, ante la mirada indiferente de sus hermanos Ichar, que la consideraban demasiado inferior y débil como para molestarse en estudiar, esclavizarla o tenerla en consideración. Hay que decir, que él influyó en la postura de sus hermanos a través de aliados que distrajeron la atención de los Nobles Ichar hacia otras cuestiones.

Mientras tanto, las Trece Ciudades seguían sumidas en guerra tras guerra, su número creciente y su voracidad, hacían cada vez más necesarias las incursiones y las guerras de conquista. Así, milenio de guerra tras milenio de guerra, el Imperio Ichar comenzó a formarse. Nacieron las Marcas Internas, las así llamadas zonas de guerra en la tierra, en ellas los Ichar combatieron contra los gusanos Brillian, que habitaban en rocosas ciudades en el fondo de la Tierra, o contra los trolls, en pequeñas escaramuzas. También surgieron las mucho más costosas Marcas Externas. En vidas de esclavos y bestias, las Marcas Externas se llevaban cien veces más vidas que las internas, pero también ofrecían más riquezas. Los Ichar colonizaron los planetas adyacentes que les ofrecían algún recurso a explotar, y se adentraron en dimensiones desconocidas, o en la negrura del espacio, entre las estrellas lejanas.

Así, Primarcar conoció a la que, con el tiempo, sería su segunda esposa. Se llamaba Eva, y era nueva entre los suyos. Mucho más inteligente, mucho más hábil, rápida y sagaz que la gente de su poblado. Era como un destello de luz entre los todavía primitivos habitantes de su aldea. Era el primer individuo de una nueva especie. En su aldea no existía la monogamia, como en la sociedad Ichar, y ella ya tenía diversos hijos con otros habitantes de la aldea. Sus hijos eran tanto o más inteligentes que ella, ya desde niños se notaba, y a pesar de que el resto de la aldea trataba a Primarcar con miedo, en los ojos de ella lo único que veía era respeto.

Poco a poco se fueron conociendo, a Primarcar le resultaba extraño tanto interés en otra criatura, y más aun en un ser que antes hubiese considerado inferior.  Se enamoraron, y se desposaron. La ceremonia fue muy austera para un Ichar, Primarcar no quería llamar la atención, imponiendo sus tradiciones en un poblado de seres inferiores, por ello, el rito de agradecimiento a la tierra del chaman del poblado fue presenciado sólo por los hijos de ella.

Vivieron muy felices, teniendo hijos que eran una mezcla de las características de ambos, unos eran veloces, otros fuertes, otros tremendamente inteligentes, nunca tan fuertes como los Ichar, pero sí muy superiores a sus compañeros del poblado. Fue el nacimiento de la raza humana.

Los hijos de Eva y los de ambos se unieron entre sí, y con otros extraños llegados desde otros lugares del globo, expulsados de sus tribus al ser considerados extraños por sus propios padres. La inteligencia que demostraron les había hecho parias en su tierra. Pero allí, en la ciudad de Ur, bajo la guía de Primarcar y Eva, una nueva raza fue surgiendo, y extendiéndose por el mundo.

Los siglos pasaron, Eva seguía viviendo bendecida por la vitalidad que emanaba Primarcar, y sus hijos heredaron la longevidad de sus primos Ichar. Así, cuando los hijos de ambos se desposaban o emparejaban con otros humanos, el poder de Primarcar se iba diluyendo, mientras que las características de Eva iban predominando, como si el poder de él se tratase de un gen recesivo, suplantado por los genes dominantes de ella.

Eso no le preocupaba o importaba a Primarcar, por primera vez en millones de años había encontrado un sentimiento que siempre había estado buscando. La Felicidad.

Sin embargo, como sucede tantas veces a los hombres, el orgullo que henchía su pecho, fue la raíz de la perdición de sus seres queridos.

Sin poder esperar un segundo más para presentar a su mujer y sus hijos en el Imperio, Primarcar les explicó que iban a hacer un viaje, no muy largo, pero sí importante. Él debía regresar con sus hermanos, y ellos irían con él. Debían presentarse a ellos, y demostrar que estaban a la altura de ocupar un lugar en el trono que el Creador había entregado a los Ichar, para así demostrarles que existía otro camino aparte de la ambición y la maldad.

Muchos Ichar amigos del Primero le previnieron de esta decisión. Sabían que el imperio se había vuelto mucho más duro y despiadado si cabía, y que ellos nunca serían aceptados plenamente al tratar con inferiores. Pero Primarcar, confiado en su razón y en su poder, desoyó sus palabras y acudió a Sherian-Dragon, la capital del imperio.

Allí, ante sus iguales del Alto Consejo de las Mareas, Primarcar invocó antiguas leyes que todavía regían en el imperio para hacer que su esposa fuese escuchada. Abogó por la paz entre las estrellas, por la solidaridad y por el trabajo en común.

El discurso de Eva fue hermoso. Los años la habían transformado en una mujer muy hermosa y sabia. Las lágrimas afloraron en sus ojos mientras describía los sentimientos que habían conocido ella y su esposo juntos, y las posibilidades de la mezcla de sus dos razas.

Algunos de los corazones se conmovieron ante ella, los suficientes como para que el Alto Consejo de las Mareas aprobase que una de las Ciudades sirviese de ciudad libre en período de prueba, la segunda más cercana a la aldea de Ur, Atlántis.

Orgulloso y feliz, Primarcar trasladó a los suyos, y todas las posesiones que guardaba en el Imperio Ichar, excepto su Torre Negra, embajada en Sherian-Dragon del nuevo pueblo, a Atlántis. Allí, durante milenios, Eva y los hombres vivieron en paz entre los Ichar, y con la creciente alianza de criaturas del exterior. Los Serpian, los Brillian y otros firmaron la paz con los aliados de Primarcar. Y un período de paz sin precedentes siguió a esta decisión.

Pero el fin estaba cerca. La envidia y la incomprensión habitaban todavía en el corazón de los Ichar, y de ello se aprovechó la Primera Esposa, Lilith. Reuniendo un grupo creciente de partidarios de la guerra contra los humanos, y de convertirlos en una raza esclava, decidió expulsarlos de Atlántis. Más por envidia, y por no entender cómo su antiguo marido prefería a una inferior antes que a ella, Lilith desencadenó un ataque contra la majestuosa ciudad de Primarcar. En el centro del Océano Atlántico la Isla de Atlántis era un paraíso de comprensión racial y de tolerancia. Las especies unidas que coexistían allí, habían creado los más hermosos edificios hasta entonces edificados en las Trece Ciudades, los jardines más espléndidos y los monumentos más impresionantes. Era la Joya de los Ichar.

Una tarde infausta, Lilith desencadenó un poder sin precedentes en la historia, arrastrando toda la isla al fondo del mar, y asesinando a todos aquellos que no pudieron escapar. Entre ellos, la mujer de Primarcar, Eva.

El Imperio Ichar no pudo celebrar su victoria. Las fuerzas desencadenadas por Lilith afectaron el tejido de la realidad. Las ciudades comenzaron a sufrir temblores, y poco a poco el poder de los Ichar se fue apagando. Al final, la única salida para las criaturas más poderosas de la creación fue la huida. El Éxodo.

Utilizando las escasas fuerzas que les quedaban, los Ichar trasladaron sus ciudades al interior de los océanos, donde estarían lejos de las maldiciones que habían invocado. Toda la culpa cayó en los hombres, y hasta los más acérrimos partidarios de Primarcar renegaron de la especie que creían que les había expulsado de la tierra. El odio de los milenios se fue acumulando, día tras día, siglo tras siglo, hasta el punto que algún día estallaría.

Primarcar sobrevivió a la tragedia. Engullido por los océanos se dejó arrastrar por las corrientes marinas hasta que las mareas le arrojaron a las playas del mundo que amaba. La terrible pérdida de su mujer, su ciudad y algunos de sus seres queridos le hizo volver a retirarse del mundo. Esto fue hace tres millones de años.

La Historia de los dos pueblos siguió desde entonces caminos separados. Los Ichar se embarcaron en más guerras de conquista supliendo con creces los territorios que habían abandonado. Las razas del universo sufrieron la muerte y la esclavitud que estas criaturas deparaban, y civilizaciones enteras fueron borradas de la faz del cosmos cada vez que una partida de guerra Ichar llegaba a un nuevo mundo.

Los hombres también evolucionaron. Sus ciudades crecieron en tamaño y en número, y empezaron a dominar la agricultura, la ganadería, la cerámica y el arte de la guerra. Primarcar, y los primeros Ichar renegados contemplaron cómo el hombre crecía, y poco a poco fueron olvidando su tragedia para volver a incorporarse en el mundo humano.

Así nacieron los héroes, Aquiles, Hércules, Jasón, Las Tres Brujas, los faraones, Sansón. Todos ellos eran hijos de Ichar, o Ichar mismos, ocultos por el velo del tiempo. Sus hazañas se hicieron gloriosas, sus leyendas crecieron ante el hombre. Pero poco a poco, el hombre fue olvidando el sentido de la maravilla, y arrinconando en el fondo de su alma el miedo a una especie que seguía ahí, observando, esperando el momento de poder retornar a sus antiguos dominios y de sacrificar a los hombres en el altar de la guerra.

Mientras la historia humana se sucedía, Primarcar decidió que no permitiría que la especie humana, sus hijos y los de Eva, fuesen erradicados una vez los Ichar se decidiesen a dar el paso.

Por ello, retornó al Alto Consejo de la Marea Negra. Jamás se le acusó de nada, pues todos los que podían hacer sombra a su poder habían desaparecido, Lilith se perdió en la tormenta mística que invocó contra la ciudad de Atlántis. Sibilian, su oscuro hermano agradeció su retorno, pues era el único de los Seis Primeros que permanecía en el Imperio. El resto, se habían dispersado entre la historia y el espacio.

Utilizando sus vastos recursos, sus contactos en ambos mundos y su poder y riqueza, Primarcar, y los otros Renegados fueron tejiendo una red de espías en las Doce Ciudades, así como en el mundo. Así mismo, iniciaron un proyecto secreto, oculto a los ojos y oídos de sus hermanos Ichar. La construcción de una nueva ciudad libre, una ciudad donde Renegados Ichar, humanos y especies de las Marcas conviviesen otra vez libres hasta el momento en que los Ichar pudiesen ser reconducidos al buen camino.

Pero esta vez no iban a ser tan ingenuos. Durante cientos de años, Primarcar viajó por el cosmos y el mundo, reuniendo aliados, tramando planes y preparando el día en que pondría a todo el imperio Ichar contra la espada de la justicia o la pared del exterminio.

Llegó el momento de actuar. Pero como todos lo planes trazados bajo las estrellas algo salió mal. Los Ichar descubrieron que volvían a contar con poder sobre las aguas, que su magia y sus arcanos poderes eran otra vez efectivos en la tierra del sol.

Así, trazaron un extenso plan. Durante eones, las guerras de conquista habían desgastado sus fuerzas, no es que estuviesen muy dañados, pero sus fieros guerreros necesitaban alicientes. Proyectaron la campaña de la Tierra más como un momento de esparcimiento que como una guerra. Menospreciaron a los hombres. Esperaban resolver tres problemas de golpe.  El primero, enfervorizar a los ejércitos bajo el mando del Consejo con arengas contra aquellos que les expulsaron de la superficie y les arrebataron su destino.

Así mismo, querían vengarse de la humillación que les infringieron, creían, los humanos. Y tercero, esperaban reconquistar la superficie para recolocar a la población excedente de sus ciudades.

Durante los milenios de expansión, el Imperio Ichar había visto crecer su población. Numerosas ciudades y ciudadelas, asentamientos y colonias fueron fundados en las Marcas, y la población creció. Pero estos destinos fuera de las tierras eran considerados de segundo nivel, y todos los Ichar, de clases altas o bajas, deseaban residir en las Doce Ciudades. Así, el número de Ichar en estas poblaciones creció desorbitadamente. El espacio fue haciéndose cada vez más escaso, hasta el punto de que alguna de las ciudades parecía una enorme colmena. Las Altas Casas y los nobles no podían soportar semejante situación por mucho tiempo.

Por ello, cuando descubrieron que podían volver a la superficie, agradecieron al Creador  la ironía. Ellos no deseaban abandonar las mareas y los océanos que habían sido su hogar durante lo últimos tres millones de años, ni dejar sus palacios, o moverlos de sitio siquiera. Pero tampoco querían que las clases bajas se independizasen de ellos.

Idearon un plan entonces, por el que podrían embaucar a sus inferiores para hacerles creer que la guerra en la superficie era con el fin de regresar a sus antiguos dominios. Y una vez los voluntarios que se habían presentado para ello erradicasen a las alimañas humanas, pensaban recolocar a toda la población de las clases bajas allí. Dejando sus ciudades como el testimonio del poder que debían ser. Sin soltar las correas que mantenían atadas a las clases bajas. Un gigantesco engaño.

Primarcar, como miembro del alto Consejo y perteneciente a su elite, los Altos Profundos, conocía estos planes.  Preocupado por las crecientes muertes entre los humanos, y por la posibilidad de que los Ichar descubriesen su infiltración y protectorado en la especie humana, decidió adelantar sus planes.

Escogió a un grupo de hombres y mujeres ignorantes de la situación, quienes, acompañados por sus propios hijos y amigos, iban a servir como embajadores ante el mundo de la presencia Ichar.

Al mismo tiempo reveló a los Ichar su presencia y la de la Ciudad de Nueva Atlántis, y les conminó a renunciar a sus guerras.

Cuando los Ichar llevaron su ultimátum de rendición a las fuerzas de Primarcar, este ya se había retirado a su ciudad del Polo Sur, una ciudad de enormes muros de cristal endurecido, diamante y hielo.

Lo que vino después es historia. La Guerra Civil que estalló en los hielos del polo se cobró miles de vidas, tanto humanas y esclavas, como Ichar. Al final, Primacar tuvo que emplear a su propia hija, Atar, como catalizador del Arma Suprema que había construido, la Shadril-Var.

Mientras tanto, los poderes ocultos que habían estado agitando la situación salieron a la luz. Bajo el manto de una sociedad Ichar Secreta, Lilith había estado tramando su regreso desde otra dimensión, y para ello se apoderó del arma definitiva. Pero lo peor estaba por llegar. Uno de sus aliados, un Ichar infiltrado entre el grupo de humanos de Primarcar, se reveló al fin como Litharian, uno de los Seis Primeros. Utilizando el portal que había abierto Lilith intentó llamar a sus aliados demoniacos del otro lado. Sólo el poder recién despertado de un humano, Raúl Torres, pudo detener su conspiración, a costa de perder a Atar, su amada, quien desapareció de la faz de la Tierra. (Ver trilogía La llamada del Destino).

Así llegamos hasta nuestros días, el mundo ha sufrido mucho, pero parece que las cosas están más calmadas. Los ataques Ichar se han detenido en su mayor parte, y los Renegados han abierto puntos de embajada en diversas ciudades, y permiten a los humanos de gran posición viajar a las Trece Ciudades en las que han tomado cierta presencia.

Mientras, las diferencias entre ambos bandos, entre los partidarios de la paz, y los que abogan por una vuelta a las conquistas y a la guerra, se hacen más evidentes. Hay que elegir un bando, aunque muchos Ichar ya lo han elegido, están de parte de ellos mismos.

Los Ichar miran con recelo, y desprecio a estos recién llegados, pero por lo menos no les erradican al primer vistazo, no siempre. Este es el punto de partida de este juego. Todo está por descubrir, y por construir.

La Aventura

Posted Julio 19, 2007 by guerrerosdesingularidad
Categories: Información


Como ya habéis podido comprobar en las páginas dedicadas a la historia de los Ichar, este mundo es un mundo muy peligroso y oscuro.

El terror surgió de los océanos, llevándose consigo a millones de personas, que terminaron muertos o en campos de esclavos. Los Ichar, maestros del poder y la ambición, destruyeron todas cosas que los hombres habían construido y que le hacían sentirse el centro del Universo. En pocos meses, las ciudades más importantes de todo el globo habían sido barridas de la faz de la Tierra. Convertidos sus una vez orgullosos rascacielos en ruinas humeantes que recordaban tiempos de una gloria ya pasada.

La población humana se había exiliado a los núcleos rurales, iniciando un éxodo al campo, en sentido contrario al que sus antepasados habían realizado hace doscientos años hacia las ciudades.

Todos los seres humanos sienten terror al contemplar el horror que esos seres han causado, pero este terror, va mucho más allá del mero temor a la muerte. Sin saber como, los Ichar son capaces de imprimar un irrefrenable terror en cada ser humano, aun sin haberse visto las caras con ellos.

Es como si todo en nuestra naturaleza, les reconociese como lo que son, como el ser terrible de nuestras pesadillas primigenias. El ser, la raza, que nos odia por encima de cualquier temor, de cualquier circunstancia. No podemos cambiar los millones de años de odio que han sentido por nosotros, y lo sabemos.

Pocas esperanzas nos quedaban, si no ser cazados como conejos asustados, pues el mayor peligro que corría la raza humana no era desaparecer, sino hacerlo de forma solitaria, aterrorizados en enormes madrigueras construidas para albergar, bajo la tierra, a miles de personas que apenas podían subsistir.

Sin embargo, la esperanza y el sacrificio pervivieron. Con el tiempo, las fábricas y los medios de producción se reorganizaron, trasladando a las zonas rurales los centros productivos. Si bien no podíamos derrotarles, sí podíamos intentar dispersarnos para sobrevivir, o para alargar la agonía.

Sus bestias nos cazaban en los campos, los Ichar destruían nuestras ciudades y pueblos, y las Fuerzas Globales intentaban detenerles o retrasar las matanzas lo más posible.

Sin embargo, la salvación momentánea no vendría de estas fuerzas, sino de los mismos Ichar, y de sus divisiones.

Se dice que la división del Imperio Ichar en dos corrientes es lo que ha detenido las matanzas. Pero no es así. El Imperio Ichar no se divide en dos facciones, sino en tantos millones como Ichar existen dentro de él. La increíble variedad de circunstancias, de ambiciones personales y de deseos corrompidos, hace que toda esa raza sólo busque una cosa, su satisfacción y el poder personal. Por ello muchos de sus más antiguos miembros dejaron hastiados su vida de intrigas y poder, y recorrieron los caminos del mundo de forma solitaria, eludiendo la maldición de su raza. Aquí, entre nuestra incipiente raza, contemplaron cómo la historia iba evolucionando, y el hombre crecía, al tiempo que seguía cometiendo siempre los mismos errores.

Tal vez fuese nuestra infinita capacidad de superación, o tal vez, la gran cantidad de errores y la vulnerabilidad de los hombres, pero el caso es que los Ichar exiliados de forma voluntaria se sintieron conmovidos por la humanidad. Tal vez veían en ella el reflejo de su antigua raza, una raza que empezaba a dar los primeros pasos, y que al igual que los Ichar, cometía los mismos errores. División interna, guerras, destrucción del medio, odio, ambición, egoísmo.

Tal vez por ello intentaron pastorearnos, llevarnos por un camino distinto al que recorrieron los Ichar, y que tantas vidas costó. O tal vez fuese que, en su inmenso poder, sintiesen la necesidad de comportarse como padres adoptivos de una raza entre la que habían convivido durante milenios.

Sea como sea, los renegados, entre los cuales se encontraban algunos de los más antiguos miembros de la raza Ichar, trazaron un plan por el cual obtendrían el poder en el Imperio, al menos el tiempo suficiente como para intentar desarmar los odios inculcados durante tanto tiempo entre los Ichar.

Lo consiguieron. Con el final la guerra civil (ver capítulo de historia), un nuevo orden parece empezar a surgir, un orden que espera cambiar todo aquello en lo que creen firmemente los Ichar. Su superioridad suprema, una superioridad que les da derecho a hacer lo que deseen con todas las razas del cosmos.

Hay que decir, que los Renegados no niegan esta superioridad, algo innegable para cualquier Ichar, por su poder crudo, por su ambición y por las impresionantes energías que controlan. No, los Renegados lo que niegan es que ese poder pueda utilizarse para aplastar civilizaciones completas, para esclavizar el universo, en aras de una visión imperialista que pondrá a los Ichar en lo más alto de la pirámide de formas de vida del cosmos, pero también les hará caer más bajo de lo que ninguna raza ha caído jamás.

Pero antes de narrar la situación actual vamos a describir la sociedad Ichar, sus relaciones con el resto del cosmos y sus ambiciones y tratos con los demás Ichar. En el siguiente capítulo, describiremos el Imperio Ichar, sus ciudades, sus principales colonias (llamadas Marcas), sus líderes, sus organismos de funcionamiento interno (llamados gremios), y demás características de su Imperio. Así mismo, se presentarán las principales razas del universo, razas todas ellas, que se han visto afectadas, y por lo tanto cambiadas radicalmente, por su encuentro con los Ichar, la sociedad más ambiciosa, militarista y poderosa que jamás haya pisado las estrellas.

Pero antes, los Ichar están aquí.

Los Ichar

Posted Julio 19, 2007 by guerrerosdesingularidad
Categories: Los Ichar, Trasfondo

Los Ichar son nuestras peores pesadillas encarnadas en poder y crueldad puros. La fuerza de cada uno de estos seres inmortales, surgidos de los oscuros océanos, es suficiente para destruir una ciudad, y su maldad es tal que no se detienen ante nada. No respetan la vida ni de niños ni de ancianos, y su odio se huele a millas de distancia, al mismo tiempo que su desprecio abofetea la dignidad humana.

Como miembros de la raza más antigua de la tierra, y posiblemente la más poderosa y arrogante del cosmos, los Ichar que los hombres han conocido son sólo alguno de los representantes menores de una raza todopoderosa.

Sus líderes, que se mantienen ocultos bajo las mareas de los años, podrían apagar el sol y luego volver a encenderlo, tras terminar con las vidas de todos los seres del sistema solar. Por suerte, están muy ocupados luchando en sus propias guerras, tanto contra las especies del universo que intentan esclavizar como contra sus propios hermanos.

Un paso en falso les supondría que sus propios congéneres se lanzarían sobre ellos con una saña semejante a la de los tiburones que huelen a uno de los suyos heridos y lo devoran sin compasión.

Aspecto de los Ichar

Estas altivas criaturas, con variadas formas y poderes, poseen forma humanoide, o mejor dicho, los seres humanos nos asemejamos a ellos. Pero aun en su increíble variedad, la raza humana no puede aspirar a igualar el increíble registro de formas que adoptan los Ichar. Coronas de hueso, espinas dorsales a modo de alas impías, capas formadas por los pliegues de su piel, alas membranosas o cubiertas de plumas, todos sus rasgos les otorgan un aura de majestad acompañada de una sensación de poder que puede hacer hervir el aire a su alrededor.

Sus formas son miles, así como sus poderes. A las pieles de diferentes colores, azules, rojizas, doradas, se unen colores de ojos imposibles, blancos sin pupilas, negros como la muerte, azules ribeteados de estrellas, y otras muchas características físicas. Existen Ichar que no pueden ser vistos a simple vista, o que han evolucionado hasta no ser más que un enorme cráneo con placas óseas protectoras. Unos miden metros de alto, mientras que otros apenas levantan un metro del suelo, pero en todos ellos radica un poder sin medida.

Sus poderes ocultos

En cuanto a sus increíbles poderes, baste decir que cualquier cosa bajo el sol o las estrellas les es posible, desde trasladar legiones al otro extremo del cosmos, hasta elevar castillos de roca desde las profundidades marinas, o perseguir una pista allí donde las mareas estelares la lleven. Pueden hacerlo todo, y eso se refleja en su actitud.

Pocos hay en el cosmos que no tiemblen al oír la palabra Ichar, inexplicablemente en muchas lenguas, esta palabra siempre tiene el mismo significado, incluso antes de entrar en contacto con la raza. Parece ser que la palabra significa Señor supremo sobre la Muerte, pero los Ichar se ríen de estas etiquetas y responden que los Ichar son los Ichar, y que nadie tiene derecho a decirles lo que son.

Su desafío llega tan lejos, que durante millones de años han exterminado a todas aquellas razas con las que se han encontrado. Si bien su destino inicial era regir el cosmos como señores del paraíso eterno, su ambición y rencor les han convertido en la raza más temida del mismo, al tiempo que se han transformado en los ejecutores supremos de la mayor maldad bajo las estrellas, los representantes del Alto consejo de la Marea Negra.

El Mal y la Muerte les acompañan allá donde sus pasos y su ambición les lleven, y nada puede detenerles mucho tiempo excepto ellos, son Los Ichar, y hasta la Muerte les teme.

La Sociedad Ichar

Posted Julio 19, 2007 by guerrerosdesingularidad
Categories: Los Ichar, Trasfondo


Desde le principio de los tiempos, los Ichar se han estructurado en poderosas familias. Estas familias, llamadas Casas, eran desde los albores de la civilización Ichar, hace cientos de millones de años, las que impartían las leyes, las que disponían de los recursos y prácticamente la que gobernaban a su antojo. Descendientes directas de los Seis Primeros, estas Casas fueron creciendo, dispersándose y creando más y más asentamientos que se convertirían en las Trece Ciudades.

Su poder creció, y bajo las estrellas de la noche no hubo ninguna especie que les igualase en majestad y poder. Ni el más feroz de los dinosaurios pudo igualar el terror que causaban estos maestros asesinos cuando salían de caza, por sus cotos de Pangea.

Los príncipes, patricios y altos lores vivían como les apetecía, tomando lo que deseaban, mientras más y más especies eran capturadas para servirles como bestias de carga o esclavos.

El Ichar crece

Poco a poco, las Trece Ciudades fueron elevando sus muros, y los más ancianos de los Ichar vieron crecer a su raza, al tiempo que los continentes se separaban, las glaciaciones se sucedían, y las guerras internas imponían un nuevo modelo de sociedad.

Decididos a que las guerras del pasado, que tanto habían costado a los Ichar y a su sociedad, no se repitiesen, los más notables entre los lores de las Altas Casas decidieron fundar un órgano de representación supremo, el Alto Consejo de los Ichar, que millones de años más tarde sería denominado, Alto Consejo de la Marea Negra, o Alto Consejo de las Mareas. Con él, los Ichar establecieron lo que serían las bases del futuro Imperio, pues su número había crecido lo suficiente como para hacer impracticable su gobierno con la estructura antigua. La Sociedad Ichar se hizo más compleja, por lo que tuvo que evolucionar.

La Política en el Imperio

Al igual que los hombres, los Ichar más poderosos no estaban dispuestos a ceder los privilegios y las cuotas de poder que habían alcanzado, y los que deseaban abandonar la vida de intrigas y traiciones en que se asentaba esta nueva sociedad lo hacían renunciando a sus cargos y dándose a la vida errante. Por ello, las Altas Casas idearon un sistema de representación que ha regido hasta la actualidad.

El Alto Consejo estaba formado por representantes de las más poderosas casas Ichar, los cuales decidían en agotadoras y larguísimas sesiones, el destino de su pueblo. Poco a poco la situación fue cambiando, a medida que se hacía más compleja.

Las primeras clases bajas, los expatriados

Un gran número de Ichar comenzaron a abandonar las Casas, no ya para exiliarse en la tierra, sino que eran expulsados por sus parientes porque no daban la talla de las exigencias de la casa.

Estos Ichar expatriados, llamados en principio Ácridas, formaron parte de la Sociedad Ichar sin pertenecer a ninguna de las casas principales. Éstas, a su vez, comenzaron con el tiempo, a dividirse y a evolucionar, segmentándose en casas más pequeñas, a medida que cada rama familiar de una ciudad u otra se escindía de la principal. Ahora, son pocas las grandes familias que permanecen inalterables desde los comienzos de esta civilización.

Los Ácridas continuaron creciendo, tanto por las nuevas aportaciones de expulsados de las casas, como por los nacimientos incontrolados en lo que al poco tiempo se dio en llamar las Clases Bajas. Estas clases inferiores, poseían casi todo lo que deseaban, alimentos y bebidas aunque apenas necesitaban alimentarse, fiestas, espectáculos, lo único que no podían lograr era una cosa, poder. Y eso es precisamente lo que todos los Ichar ambicionan de una manera irracional.

Los primeros cambios

Por ello, y dándose cuenta de que la sociedad estaba cambiando, algunos miembros de las clases bajas, los de más poder, se agruparon y asociaron para cubrir una serie de necesidades que estaban surgiendo.

Con la derrota a manos “humanas” miles de años antes, y el Gran Éxodo que le siguió, los Ichar de las Altas Casas habían volcado su atención al cosmos. Ahora empezaban a abrirse los portales dimensionales que levarían a los Ichar más lejos de los que nadie imaginó. Y con ellos, a un lugar en el que sus ejércitos podían conquistar territorios que hasta ahora les habían estado vedados.

El poder, la riqueza y los territorios hicieron que las estructuras arcaicas regentadas por las casas, y los esclavos de las mismas, no pudiesen satisfacer las necesidades de los Altos Ichar, como ahora se llamaban los miembros más antiguos o poderosos de la raza. Por ello surgieron dos organizaciones imprescindibles en la sociedad Ichar moderna, las Legiones y los Gremios.

Las legiones

Es un hecho claro que las legiones representan, aún hoy, una forma de escapar de las rígidas tradiciones de servidumbre y paternocracias que imperan en todas las familias, incluso en las de clase media. Miles de Ichar menores comenzaron a alistarse en estas fuerzas, que reformaron la estructura de los ejércitos.

Decididos a no perder el poder que detentaban, cada casa Ichar comenzó a patrocinar la formación de una o más legiones, en función de sus posibilidades y de su riqueza. Así, los miembros menores de las casas eran destinados a la vida militar, y obtenían territorios y riquezas para sus patrones, al tiempo que podían ser mantenidos bajo control por los generales de las Legiones.

Los primeros gremios

Pero el proceso era imparable. El crecimiento de la población era tal, los territorios y colonias ganados tan numerosos, que pocos podían imaginarse el cambio que se produciría. No se trata de un cambio revolucionario, sino más bien una serie de pequeños cambios y factores que modificarían (al menos un poco) la estructura de poder de los órganos de gobierno Ichar. Su principal factor fueron los gremios.

Como ya hemos mencionado, muchos de los recientemente dejados a su suerte por las familias, se dieron cuenta que con el actual crecimiento del Imperio eran necesarias unas estructuras más flexibles, que proporcionasen todo lo necesario a los miembros del mismo, en especial a las Altas Casas. Dichas agrupaciones nacieron con el objetivo de acercar y satisfacer  necesidades de los Ichar. Especialistas en una u otra rama de estas necesidades, los Gremios han crecido durante millones de años, con una estructura que extiende sus tentáculos de poder por todo el Imperio, hasta el punto de rivalizar con algunas de las casas más antiguas. Éstas, sabedoras de los nuevos cambios, han iniciado el mismo proceso de control que con las legiones, colocando partidarios suyos, y miembros de las clases bajas en cada gremio donde eran aceptados para mantenerlos bajo control y en constante vigilancia.

Así, surgieron primeros los gremios de Artesanos, el Gremio de Arcanos, el de Transportistas, el de los Señores de las Bestias, etc. Además, otros pocos han ido sumándose a las filas de los gremios, en ocasiones patrocinados por familias de clase media, o de forma independiente, fueron el de los esclavistas, los Constructores, los mentalistas y el más reciente Gremio Oculto.

Las ciudades entran en juego

Las alianzas ocultas comenzaron a florecer, y muchas familias se lanzaron de lleno a establecer pactos y alianzas con estas pujantes estructuras de poder. Los gremios ganaron riquezas, aliados, favores, y eventualmente, terrenos y esclavos propios, con los que construir mayores imperios. Incluso, con el paso del tiempo, han logrado, al igual que otros organismos de poder Ichar, como las ciudades o las legiones, obtener escaños propios en el Alto consejo de las Mareas. Lo cual indica su graso de poder.

La última estructura en surgir en esta cada vez más intrincada red de relaciones, poderes y de alianzas han sido las ciudades.

Las Trece ciudades, que durante mucho tiempo fueron Doce, recogieron los excesos de población de las Clases bajas, al tiempo que obtenían beneficios de las actividades de los gremios y del comercio con las Marcas y por el paso de las legiones.

Así, era cuestión de tiempo que muchas de ellas comenzaran a exigir, mediante “representantes asignados”, sus cuotas de poder y decisión. De palabra, las ciudades mantienen una independencia casi total e gremios y Altas Casas, son sus propios representantes en el Alto Consejo, pero de facto, los representantes de las mismas deben gran cantidad de favores a los demás organismos de poder, y las Casas y gremios ejercen el mismo control y presión sobre las ciudades que sobre cualquier estamento o faceta de la vida de los Ichar.

Las colonias externas

Pocos se dieron cuenta de que un tercer cambio se estaba produciendo en el seno del Imperio, un cambio motivado por agentes externos a las Trece Ciudades, por las Marcas.

Las Marcas, como ya se ha comentado, se dividen en dos tipos, las Externas y las Internas. Muchas de ellas pertenecen a las Ciudades, a las Altas Casas e incluso a los Gremios, pero algunas han sido entregadas a Ichar de clase baja que las consideran propiedad suya única y exclusivamente. Con ellas, y con su esfuerzo diario trabajando y repeliendo agresiones de otras razas, han logrado construir pequeños feudos en los que su palabra es ley. Cada uno de ellos diferente a los demás, cada uno independiente, que paga sus tributos a sus patronos al tiempo que luchar por lograr romper los lazos que le atan a él.

Su número crece y crece cada día y son más y más poderosos y numerosos. Algunas de las marcas que no pertenecen a los organismos de poder tradicionales de los Ichar han igualado en influencia y riquezas a algunas de las que sí lo hacen, levantando recelos entre los gremios y las familias. Pero lejos e amilanarse, los patronos de estas marcas han exigido su cuota de poder en el Imperio, y reclaman representación en el Alto Consejo de las Mareas.

La situación se complica

Ahora, tras la guerra civil la situación no parece haber cambiado. Si bien los renegados han logrado lo impensable, parar todas las guerras estelares de los Ichar, e inmovilizar temporalmente a las legiones en espera de nuevas órdenes, no parece que vayan a poder mantener este control mucho más tiempo. Las presiones para mantener una guerra constante son enormes, las mismas legiones se remueven inquietas, ávidas de conquistas y botines de guerra, y las altas Casas no están dispuestas a tolerar que ningún Ichar les dicte lo que deben hacer, por muy poderoso que sea el bando Renegado.

Por ello, Primarcar y sus aliados, deben forzar un cambio en la sociedad, y un cambio rápido, un cambio que implica ganarse la confianza de los miembros no alineados de las clases bajas, que representan una gran parte de la población, y con su apoyo, exigir las medidas necesarias para firmar una Pax Perpetua con las demás razas del cosmos. Además, deben atraer a otros Ichar más poderosos que les sirvan como contrapeso de poder en el Alto Consejo de las Mareas, donde los intereses particulares de las casas y los patricios comienzan a mermar los poderes iniciales con los que Primarcar fue investido tras la guerra civil.

Muchos se preguntan si todo este paréntesis no habrá servido sólo para enfurecer más aún a los Ichar, y si en su retorno no lograrán hacer lo que no han logrado en tanto tiempo, esclavizar a la humanidad y al resto de las razas del Universo.