El Destino de los hombres.

Desde la llegada de los Ichar, mucho se ha especulado obre el destino de la Humanidad. Desde luego, pocos podían imaginar que la que se creía raza suprema de la creación, el hombre, iba a sufrir un golpe tan duro en su dignidad. Pero como dice el refrán ahí nos las den todas, y como suele suceder, ahí no nos las dieron todas. En meses, el destino del hombre pareció aclarase, la extinción. Sí, pocos dudaban que durante los siguientes años, toda nuestra raza se iba a desmoronar, íbamos a desaparecer del cosmos, como antes lo han hecho millones de razas y especies más. Todo era tan evidente como que el sol salía todos los días, a menos que un Ichar ordenase lo contrario.

Pero por suerte se nos ha dado una segunda oportunidad. La Pax de Primarcar parece haber dado sus frutos y los hombres una vez más están recuperando la confianza en ellos mismo. ¿Cómo se explica si no el hecho de que algunas empresas y gobiernos hayan ofrecido riquezas y territorios a Ichar expatriados si les ayudan en sus propios planes? Algunos lo llamarían estupidez, los implicados lo llamar visión e futuro. Yo lo llamo, desastre futuro.

¿Mi nombre? A sí, lo olvidaba, me llamo Raúl Torres, y sé de lo que hablo.

Yo estaba presente cuando todo estalló, me alisté en el cuerpo de ingenieros, esperando poder paliar los efectos de los ataques Ichar, pero pronto se me hizo evidente que nada de lo que hiciésemos iba a ayudar a las víctimas de los ataques, pues pronto no habría heridos ni supervivientes, estaríamos todos muertos.

Por ello me alisté en las Fuerzas Globales, y por ello emprendí un viaje, un largo viaje que no viene al caso contar. Sólo decir que estuve presente el día en que el destino de la Humanidad se jugaba en una batalla a vida o muerte en el Polo Sur.

Ese día, el hombre pudo demostrar algo a los Ichar, que no somos seres inferiores, distintos tal vez, pero no mejores ni peores, Eso es algo que los hombres deberían demostrase también a si mismos, y aplicarlo a todas las criaturas bajo el cielo y las aguas. Pero dudo mucho que seamos tan sensatos.

Veréis. Durante los meses anteriores a la batalla que detuvo la guerra (nota: si quieres saber más sobre esta batalla puedes leerte la primera parte de la Trilogía: Las Crónicas Ichar), durante esos días cruciales, todos los hombres que componían mi expedición nos enfrentábamos a un dilema vital.

Según acabábamos de descubrir la raza humana derivaba de una mujer que llamamos Eva. No creo en Dios, y a pesar de que los Ichar son una muestra más del poder de una entidad creadora, sigo sin creer en el concepto tradicional de Ser Supremo, pero sí que puedo decir que en algún momento de hace tres o cuatro millones de años, una mujer nació diferente al resto de su especie. Era más inteligente, más hermosa y más lista que los que la rodeaban, y sus hijos también lo fueron. Entonces llegó Primarcar, el Primer Ichar, quien se enamoró de ella. Imaginaos, el Primer Ichar y la Primera mujer juntos, y su descendencia mezclada con los hijos que ella había tenido antes de conocerle.

Sí, lo habéis adivinado, el hombre, toda nuestra especie, proviene de una sola mujer, de sus hermanos menores y de sus hijos, pero algunos de nosotros somos hijos de los Ichar también. Por nuestra sangre recorren poderes que nos hacen especiales, poderes que durante la historia han dado origen a los mitos sobre dioses y semidioses. En algún momento, alguno de nosotros conecta con su poder interno, legado de Primarcar o de otros Renegados, y eso le hace especial.

Pero todas las dudas sobre nuestra identidad se disolvieron en los combates de la guerra civil Ichar. Todas estas dudas desaparecieron cuando se hizo evidente que todos nosotros éramos iguales, con poderes o sin ellos, ya sean nuestros antecesores poderosos Ichar o simples humanos. Lo sé muy bien, pues me enamoré de la hija de Primarcar.

Dejadme que os cuente un secreto, todas las diferencias, las supuestas razas, los tontos y los listos, los guapos y los feos, blancos, negros, gitanos, orientales, esquimale, nativos americanos, todos nosotros somos iguales. ¿No? Vaya, creo que no me has estado leyendo.

Todos venimos del mismo sitio. ¿Cómo pretendes sobrevivir al terror que yo he visto, no sólo al de este planeta, sino a lo que nos esperan en las galaxias, allá afuera, si no estamos unidos? Ya, te da igual, ahora que los Ichar se han retirado crees que es para siempre, ¿verdad? Otra vez te importa sólo tu dinero, tus placeres, o con quien te acuestas esta noche. Pues muy bien, todo se termina, hermano, todo. Y sólo hay una forma de eludir el destino que nos espera, sólo de una forma podemos eludir el destino que les espera a todas las razas de la creación, mantenernos unidos.

Pero ¡basta ya!, No sé que hago escribiendo esto, cuando debería estar preparando mi viaje.

… Sí, sí, parto de viaje esta misma noche, por un asunto personal. ¿Qué asunto? Eso no es asunto tuyo.

Sólo quería dejar tras de mi una advertencia, una advertencia que seguro que los hombres desoiréis, permanced unidos, trabajad duro por un futuro común, y tal vez descubráis lo que yo he descubierto. Os lo diré, aunque no me creáis.

El destino de los hombres es ser mayores que los Ichar, más poderosos que todos ellos. Eso no implica ser mejores, sólo tener más poder, y en mi experiencia eso no cuenta. Pero tal vez, y sólo tal vez, dentro de cada humano, de cada hombre, exista un poder mayor que el de los Ichar. Un poder que no se ha manifestado, y que hará que todos los poderes que los Ichar han legado a sus descendientes, o que ellos mismos detentan, sean sólo una pequeña muestra de lo que la Naturaleza, o el Creador quisieron conseguir con nosotros.

Sabía que no me creeríais. Esperad y veréis.

Raúl Torres, extracto de su diario, escrito el día entes de su partida.

 

Comentario privado de Primarcar: Espero hijo mío, que pronto vuelvas de tu viaje exitoso. Me he permitido leer tus palabras a tus hermanos los hombres. Supongo que no te extrañará saber que han desoído las palabras de quien les salvó a todos ellos, tus palabras, y ya comienzan a dividirse. Pero es algo que yo no puedo reprochar cuando mis propios hermanos Ichar se odian a muerte entre si, y a todas las criaturas del cosmos. Parte con mis mejores deseos, espero que cuando vuelvas quede algo que reconozcas.

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