Alexan, la pequeña aprendiz de Varborot, recorría los pasillos a cien metros bajo el suelo, llevando con ella un par de esclavos que a su vez tiraban de la carreta de alimentos con los que su señor quería que esa noche alimentasen a las bestias.

Su agudo olfato, a pesar de que sólo contaba con cien años de edad, la indicaba que esos alimentos no eran como los de las noches anteriores.

Durante años, había visto cómo Varborot cuidaba delicadamente cada criatura de sus inmensos laboratorios subterráneos, alimentando personalmente las jaulas y sacando a sus especímenes fuera ha entrenarse con los señores de las bestias que le debían favores.

Pero la visita de la matriarca del gremio lo había cambiado todo. La llamada a la guerra estaba hecha, y la paciencia de siglos había dado paso a la urgencia de los últimos días antes de la batalla.

Esa comida, cargada de agentes mutágenos, de pocios impías, convertiría los cuidados seres en máquinas de matar, en bestias homicidas sedientas de sangre y muerte.

Y a ella le había tocado la ingrata tarea de suministrar, a los cientos y miles de seres del laberinto, las pociones que les llevarían hacia su fatal destino.

Su señor, Varborot, había preferido no estar presente en ese momento.

Anuncios
Explore posts in the same categories: Relatos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: