Historia Secreta del Mundo


Todo viaje, comienza con un Primer Paso

Al Principio fueron Seis, y el Creador estaba orgulloso de ellos. El Segundo día, junto a la tierra, los cielos y los mares, ellos llegaron de manos del Creador.

Caminando con orgullo por toda la Tierra de su Señor, marcaron a fuego su huella en nuestro planeta. Un mundo, que alguien llamó después la Tierra.

Eran hermosos como los bosques milenarios, sabios como las noches de luna llena, poderosos como los océanos enfurecidos, y fuertes como los pilares de las montañas. Ellos estaban aquí desde el primer día, pues contemplaron el nacimiento de las estrellas.

Pero empecemos por el principio.

El Creador se desprendió de una parte de su alma, pues sentía el impulso innato de crear. Deseoso de hacer algo hermoso, dotó a sus hijos de lo mejor de sí mismo, sabiduría, poder, belleza. Seis seres casi perfectos nacieron al mismo tiempo que en el universo se encendían las estrellas.

Fueron dejados en este mundo, pues el Destino había sido marcado, y en él surgiría la raza que cambiaría la faz del Universo.  Se les entregaron, a ellos, las llaves de la Creación. La Llave de la Vida, la Llave de la Luz, la de la Materia y la de la Mente. También se les entregó este planeta, con su vergel de formas de vida, con sus bosques, selvas y montañas, y con sus océanos limpios y agitados. Por último, se les asignó la protección de Besal-Dimión, la joya más preciada del Creador, con órdenes estrictas de protegerlo, pues en su interior radicaba el Mal.

Después, el Creador continuó su labor en otros mundos, prometiendo que en ningún otro crearía una raza tan perfecta, pues ellos eran sus predilectos. Pues ellos eran Los Ichar.

Miles de años pasaron, y los Ichar crecieron en número. El mundo antes poblado por seres primigenios, era ahora un planeta dotado de vida, rebosante de formas y tamaños, hace más de doscientos millones de años. Los Ichar habían modelado el mundo, separado la Pángea, utilizando la Llave de la Vida habían creado servidores cada vez más grandes, enriqueciendo el mundo, habían tenido hijos que reinaban sobre las bestias como dioses guerreros.

Así, poco a poco, los Ichar se fueron separando.  El Besal-Dimión seguía bajo custodia del Primero de ellos, quien reinaba eterno en la montaña más alta, pero el resto de sus cinco inmortales hermanos deseaban el privilegio de guardar el mayor tesoro de su Creador, esperando lograr su favor. Al final, decidieron establecer tunos rotativos de un millón de años.

Sin embargo, cuando pasó el primer milenio de milenios, Litharian, el Tercer Hermano, se negó a entregar el Besal a su hermana Lilith. Los dos pelearon por siglos, sacrificando seres inferiores y a sus hijos por conseguir lo que creían que les pertenecía por derecho. Al final, tuvo que interceder El Primero. Entregando el Besal a otro de los hermanos, obligó a Litharian a renunciar a su posesión para siempre en juramento sagrado, y desposó a Lilith para acallarla.

Muchos fueron los hijos de esta pareja, como grande fue el número de Ichar que poblaron la Tierra. Trece Ciudades surgieron de las profundidades de la tierra, conjuradas por los enormes poderes de sus amos. Así, sobre las más altas montañas, en las islas más hermosas, o en el fondo del mar, nacieron las Trece Joyas Ichar.

Su población aumentó exponencialmente, y sus habitantes viajaron conociendo el mundo y las estrellas. Pero todo paraíso, posee su propio infierno dentro.

Litharian nunca renunció al Besal, pues su ambición era grande, pero tampoco podía oponerse a todos sus cinco Hermanos y las Trece ciudades, ni siquiera con su propia prole tras él. Sabiendo que ningún poder de este mundo, o de ningún otro, podría vencer a sus congéneres, abrió la puerta a los Infiernos. Allí, retó a los más poderosos demonios, y salió triunfante, pues éstos también eran creación del Creador, y Éste había prometido nunca crear alguien tan perfecto como él.

Selló así los Pactos del Fuego, y declaró la Guerra al Primero y a la Primera Esposa. Aprovechando la situación, Sibilian, el Segundo Hermano, luchó también por recuperar el Bestal para si.

Miles de años azotaron la tierra con su furia, miles de batallas sacudieron el planeta, llevando a la extinción numerosas especies. El clima cambió, el cielo se oscureció y los mares reclamaron lo que fue suyo.

Al final, hace sesenta y cinco millones de años, los Tres Ichar que pugnaban por el Besal se reunieron en un austero templo de piedra, en lo alto del más alto pico, bañado por los dorados rayos del sol. Allí, juntos, decidieron sellar la paz, pues casi habían destruido su mundo. El Primer Ichar se quedaría como guardián de la joya.

Pero no todo fue tan fácil como esperaban. Nunca lo es. Litharian invocó a un demonio creación suya, que reunía la fuerza de mil diablos, y con él atacó a Primarcar y Sibilian, inmovilizándoles.

Después tomó el Besal y se dispuso a partir. Sin embargo, Lilith estaba esperando. Desoyendo las prohibiciones de su marido, ella les había seguido con la intención de arrebatarles la joya. Y eso hizo. Ella y Litharian pugnaron por su premio, y el mundo entero se estremeció, al final la joya se rompió. Ningún mal salió de ella, ninguna plaga, sólo silencio.

Roto el premio, Lilith siguió atacando a Litharian, hasta casi matarlo. Fue detenida por Primarcar, quien tuvo que invocar a los Padres de Todo para calmarla.

Entre los tres, expulsaron a Litharian de esta realidad, lejos de los infiernos que pretendía dominar, y sellando su salida a este mundo para siempre.

Después, sellaron la paz, y dejaron crecer en paz a las Trece Ciudades.

Pero no todo había ido bien. Primarcar se había dado cuenta de una cosa, la joya representaba el Mal, sí, pero el mal que existe en toda criatura, un mal que duerme en los Ichar, y que se estaba despertando. Su esposa, ávida de poder, lo había demostrado, y Primarcar abandonó todo para viajar por el mundo y contemplar como la Naturaleza intentaba paliar el daño que sus guerras habían hecho.

Otro ser había sentido lo mismo, El Creador. Llegó a este mundo, su preferido, para ver cómo sus primogénitos peleaban entre si, destruyendo el símbolo del amor de su creador. Así mismo vio como sus descendientes reinaban sobre el mundo, domándolo, no ciudándolo, y que casi lo habían destruido.

Así, tomó una dolorosa decisión. Los Ichar eran demasiado poderosos, eran individuos inmortales, sabios, pero arrogantes. No eran como él hubiese deseado. Por ello, con la calma de los milenios, seleccionó a otras criaturas con las que engendrar a sus nuevos hijos. Unos hijos mortales, que temiesen a la muerte, que respetasen el planeta y a los suyos. Así nació la Humanidad. Como todos los seres, los humanos se probarían durante los próximos millones de años, si fracasaban sería relegados de su papel, como lo fueron los Ichar, si perseveraban, lograrían alcanzar su Destino entre las Estrellas.

Ignorantes de que habían perdido el favor del Creador, los Ichar se dieron aún más si cabía a sus depravados placeres. Habían sobrevivido a una guerra de millones de años, que había enfrentado a toda su raza. Muchos de ellos, ahora muertos, servían de modelos a las estatuas de los héroes, y los esclavos, bestias e inferiores les hacían olvidar pronto que incluso ellos deberían temer a la Muerte.

El Imperio Ichar comenzó un período de sesenta y cinco millones de años de predominio absoluto sobre todo el cosmos conocido. En ese tiempo, las glaciaciones se sucedieron, los continentes se separaron, surgieron montañas y colisionaron placas tectónicas. Indiferentes a ello, los Ichar volvieron su atención al cosmos. Allí, iniciaron guerras de conquista con el único objetivo de dominar todo lo que existía, creyéndose amos de todo el universo, al ser los hijos preferidos del creador.

En esos millones de años, las Trece Ciudades reinaron eternas sobre los mares y bajo ellos. Los enormes tiburones megalodones caían a cientos bajo los juegos de los Ichar y, como otras muchas especies, fueron llevadas a su extinción.

Sin embargo, los desprevenidos Ichar no vieron algo que sí contempló Primarcar, el Primero, desde su retiro de las ciudades y reinos Ichar. Una nueva especie estaba surgiendo, un nuevo ser que poseía un enorme potencial, pues era sumamente adaptable y que, a pesar de su vulnerabilidad parecía poder hacer grandes cosas. Hace seis o siete millones de años, el cambio era ya claro. Una nueva especie inteligente había sido alumbrada por la Madre Tierra.

Temeroso de la reacción de sus hermanos e hijos, Primarcar decidió ocultarla a éstos, pues sabía que lo único que les esperaría serían la esclavitud o la muerte. Así, viviendo entre ellos en sus lugares de origen en el Continente Sur, aprendió de ellos y con ellos. Aprendió a ser feliz, a valorar la vida, pues no todo lo que hay sobre la faz de la Tierra es eterno como los Ichar.

Allí vio crecer los primeros poblados, asentamientos cada vez más grandes, y observó como esta nueva raza de seres se extendía por la faz de la Tierra, ante la mirada indiferente de sus hermanos Ichar, que la consideraban demasiado inferior y débil como para molestarse en estudiar, esclavizarla o tenerla en consideración. Hay que decir, que él influyó en la postura de sus hermanos a través de aliados que distrajeron la atención de los Nobles Ichar hacia otras cuestiones.

Mientras tanto, las Trece Ciudades seguían sumidas en guerra tras guerra, su número creciente y su voracidad, hacían cada vez más necesarias las incursiones y las guerras de conquista. Así, milenio de guerra tras milenio de guerra, el Imperio Ichar comenzó a formarse. Nacieron las Marcas Internas, las así llamadas zonas de guerra en la tierra, en ellas los Ichar combatieron contra los gusanos Brillian, que habitaban en rocosas ciudades en el fondo de la Tierra, o contra los trolls, en pequeñas escaramuzas. También surgieron las mucho más costosas Marcas Externas. En vidas de esclavos y bestias, las Marcas Externas se llevaban cien veces más vidas que las internas, pero también ofrecían más riquezas. Los Ichar colonizaron los planetas adyacentes que les ofrecían algún recurso a explotar, y se adentraron en dimensiones desconocidas, o en la negrura del espacio, entre las estrellas lejanas.

Así, Primarcar conoció a la que, con el tiempo, sería su segunda esposa. Se llamaba Eva, y era nueva entre los suyos. Mucho más inteligente, mucho más hábil, rápida y sagaz que la gente de su poblado. Era como un destello de luz entre los todavía primitivos habitantes de su aldea. Era el primer individuo de una nueva especie. En su aldea no existía la monogamia, como en la sociedad Ichar, y ella ya tenía diversos hijos con otros habitantes de la aldea. Sus hijos eran tanto o más inteligentes que ella, ya desde niños se notaba, y a pesar de que el resto de la aldea trataba a Primarcar con miedo, en los ojos de ella lo único que veía era respeto.

Poco a poco se fueron conociendo, a Primarcar le resultaba extraño tanto interés en otra criatura, y más aun en un ser que antes hubiese considerado inferior.  Se enamoraron, y se desposaron. La ceremonia fue muy austera para un Ichar, Primarcar no quería llamar la atención, imponiendo sus tradiciones en un poblado de seres inferiores, por ello, el rito de agradecimiento a la tierra del chaman del poblado fue presenciado sólo por los hijos de ella.

Vivieron muy felices, teniendo hijos que eran una mezcla de las características de ambos, unos eran veloces, otros fuertes, otros tremendamente inteligentes, nunca tan fuertes como los Ichar, pero sí muy superiores a sus compañeros del poblado. Fue el nacimiento de la raza humana.

Los hijos de Eva y los de ambos se unieron entre sí, y con otros extraños llegados desde otros lugares del globo, expulsados de sus tribus al ser considerados extraños por sus propios padres. La inteligencia que demostraron les había hecho parias en su tierra. Pero allí, en la ciudad de Ur, bajo la guía de Primarcar y Eva, una nueva raza fue surgiendo, y extendiéndose por el mundo.

Los siglos pasaron, Eva seguía viviendo bendecida por la vitalidad que emanaba Primarcar, y sus hijos heredaron la longevidad de sus primos Ichar. Así, cuando los hijos de ambos se desposaban o emparejaban con otros humanos, el poder de Primarcar se iba diluyendo, mientras que las características de Eva iban predominando, como si el poder de él se tratase de un gen recesivo, suplantado por los genes dominantes de ella.

Eso no le preocupaba o importaba a Primarcar, por primera vez en millones de años había encontrado un sentimiento que siempre había estado buscando. La Felicidad.

Sin embargo, como sucede tantas veces a los hombres, el orgullo que henchía su pecho, fue la raíz de la perdición de sus seres queridos.

Sin poder esperar un segundo más para presentar a su mujer y sus hijos en el Imperio, Primarcar les explicó que iban a hacer un viaje, no muy largo, pero sí importante. Él debía regresar con sus hermanos, y ellos irían con él. Debían presentarse a ellos, y demostrar que estaban a la altura de ocupar un lugar en el trono que el Creador había entregado a los Ichar, para así demostrarles que existía otro camino aparte de la ambición y la maldad.

Muchos Ichar amigos del Primero le previnieron de esta decisión. Sabían que el imperio se había vuelto mucho más duro y despiadado si cabía, y que ellos nunca serían aceptados plenamente al tratar con inferiores. Pero Primarcar, confiado en su razón y en su poder, desoyó sus palabras y acudió a Sherian-Dragon, la capital del imperio.

Allí, ante sus iguales del Alto Consejo de las Mareas, Primarcar invocó antiguas leyes que todavía regían en el imperio para hacer que su esposa fuese escuchada. Abogó por la paz entre las estrellas, por la solidaridad y por el trabajo en común.

El discurso de Eva fue hermoso. Los años la habían transformado en una mujer muy hermosa y sabia. Las lágrimas afloraron en sus ojos mientras describía los sentimientos que habían conocido ella y su esposo juntos, y las posibilidades de la mezcla de sus dos razas.

Algunos de los corazones se conmovieron ante ella, los suficientes como para que el Alto Consejo de las Mareas aprobase que una de las Ciudades sirviese de ciudad libre en período de prueba, la segunda más cercana a la aldea de Ur, Atlántis.

Orgulloso y feliz, Primarcar trasladó a los suyos, y todas las posesiones que guardaba en el Imperio Ichar, excepto su Torre Negra, embajada en Sherian-Dragon del nuevo pueblo, a Atlántis. Allí, durante milenios, Eva y los hombres vivieron en paz entre los Ichar, y con la creciente alianza de criaturas del exterior. Los Serpian, los Brillian y otros firmaron la paz con los aliados de Primarcar. Y un período de paz sin precedentes siguió a esta decisión.

Pero el fin estaba cerca. La envidia y la incomprensión habitaban todavía en el corazón de los Ichar, y de ello se aprovechó la Primera Esposa, Lilith. Reuniendo un grupo creciente de partidarios de la guerra contra los humanos, y de convertirlos en una raza esclava, decidió expulsarlos de Atlántis. Más por envidia, y por no entender cómo su antiguo marido prefería a una inferior antes que a ella, Lilith desencadenó un ataque contra la majestuosa ciudad de Primarcar. En el centro del Océano Atlántico la Isla de Atlántis era un paraíso de comprensión racial y de tolerancia. Las especies unidas que coexistían allí, habían creado los más hermosos edificios hasta entonces edificados en las Trece Ciudades, los jardines más espléndidos y los monumentos más impresionantes. Era la Joya de los Ichar.

Una tarde infausta, Lilith desencadenó un poder sin precedentes en la historia, arrastrando toda la isla al fondo del mar, y asesinando a todos aquellos que no pudieron escapar. Entre ellos, la mujer de Primarcar, Eva.

El Imperio Ichar no pudo celebrar su victoria. Las fuerzas desencadenadas por Lilith afectaron el tejido de la realidad. Las ciudades comenzaron a sufrir temblores, y poco a poco el poder de los Ichar se fue apagando. Al final, la única salida para las criaturas más poderosas de la creación fue la huida. El Éxodo.

Utilizando las escasas fuerzas que les quedaban, los Ichar trasladaron sus ciudades al interior de los océanos, donde estarían lejos de las maldiciones que habían invocado. Toda la culpa cayó en los hombres, y hasta los más acérrimos partidarios de Primarcar renegaron de la especie que creían que les había expulsado de la tierra. El odio de los milenios se fue acumulando, día tras día, siglo tras siglo, hasta el punto que algún día estallaría.

Primarcar sobrevivió a la tragedia. Engullido por los océanos se dejó arrastrar por las corrientes marinas hasta que las mareas le arrojaron a las playas del mundo que amaba. La terrible pérdida de su mujer, su ciudad y algunos de sus seres queridos le hizo volver a retirarse del mundo. Esto fue hace tres millones de años.

La Historia de los dos pueblos siguió desde entonces caminos separados. Los Ichar se embarcaron en más guerras de conquista supliendo con creces los territorios que habían abandonado. Las razas del universo sufrieron la muerte y la esclavitud que estas criaturas deparaban, y civilizaciones enteras fueron borradas de la faz del cosmos cada vez que una partida de guerra Ichar llegaba a un nuevo mundo.

Los hombres también evolucionaron. Sus ciudades crecieron en tamaño y en número, y empezaron a dominar la agricultura, la ganadería, la cerámica y el arte de la guerra. Primarcar, y los primeros Ichar renegados contemplaron cómo el hombre crecía, y poco a poco fueron olvidando su tragedia para volver a incorporarse en el mundo humano.

Así nacieron los héroes, Aquiles, Hércules, Jasón, Las Tres Brujas, los faraones, Sansón. Todos ellos eran hijos de Ichar, o Ichar mismos, ocultos por el velo del tiempo. Sus hazañas se hicieron gloriosas, sus leyendas crecieron ante el hombre. Pero poco a poco, el hombre fue olvidando el sentido de la maravilla, y arrinconando en el fondo de su alma el miedo a una especie que seguía ahí, observando, esperando el momento de poder retornar a sus antiguos dominios y de sacrificar a los hombres en el altar de la guerra.

Mientras la historia humana se sucedía, Primarcar decidió que no permitiría que la especie humana, sus hijos y los de Eva, fuesen erradicados una vez los Ichar se decidiesen a dar el paso.

Por ello, retornó al Alto Consejo de la Marea Negra. Jamás se le acusó de nada, pues todos los que podían hacer sombra a su poder habían desaparecido, Lilith se perdió en la tormenta mística que invocó contra la ciudad de Atlántis. Sibilian, su oscuro hermano agradeció su retorno, pues era el único de los Seis Primeros que permanecía en el Imperio. El resto, se habían dispersado entre la historia y el espacio.

Utilizando sus vastos recursos, sus contactos en ambos mundos y su poder y riqueza, Primarcar, y los otros Renegados fueron tejiendo una red de espías en las Doce Ciudades, así como en el mundo. Así mismo, iniciaron un proyecto secreto, oculto a los ojos y oídos de sus hermanos Ichar. La construcción de una nueva ciudad libre, una ciudad donde Renegados Ichar, humanos y especies de las Marcas conviviesen otra vez libres hasta el momento en que los Ichar pudiesen ser reconducidos al buen camino.

Pero esta vez no iban a ser tan ingenuos. Durante cientos de años, Primarcar viajó por el cosmos y el mundo, reuniendo aliados, tramando planes y preparando el día en que pondría a todo el imperio Ichar contra la espada de la justicia o la pared del exterminio.

Llegó el momento de actuar. Pero como todos lo planes trazados bajo las estrellas algo salió mal. Los Ichar descubrieron que volvían a contar con poder sobre las aguas, que su magia y sus arcanos poderes eran otra vez efectivos en la tierra del sol.

Así, trazaron un extenso plan. Durante eones, las guerras de conquista habían desgastado sus fuerzas, no es que estuviesen muy dañados, pero sus fieros guerreros necesitaban alicientes. Proyectaron la campaña de la Tierra más como un momento de esparcimiento que como una guerra. Menospreciaron a los hombres. Esperaban resolver tres problemas de golpe.  El primero, enfervorizar a los ejércitos bajo el mando del Consejo con arengas contra aquellos que les expulsaron de la superficie y les arrebataron su destino.

Así mismo, querían vengarse de la humillación que les infringieron, creían, los humanos. Y tercero, esperaban reconquistar la superficie para recolocar a la población excedente de sus ciudades.

Durante los milenios de expansión, el Imperio Ichar había visto crecer su población. Numerosas ciudades y ciudadelas, asentamientos y colonias fueron fundados en las Marcas, y la población creció. Pero estos destinos fuera de las tierras eran considerados de segundo nivel, y todos los Ichar, de clases altas o bajas, deseaban residir en las Doce Ciudades. Así, el número de Ichar en estas poblaciones creció desorbitadamente. El espacio fue haciéndose cada vez más escaso, hasta el punto de que alguna de las ciudades parecía una enorme colmena. Las Altas Casas y los nobles no podían soportar semejante situación por mucho tiempo.

Por ello, cuando descubrieron que podían volver a la superficie, agradecieron al Creador  la ironía. Ellos no deseaban abandonar las mareas y los océanos que habían sido su hogar durante lo últimos tres millones de años, ni dejar sus palacios, o moverlos de sitio siquiera. Pero tampoco querían que las clases bajas se independizasen de ellos.

Idearon un plan entonces, por el que podrían embaucar a sus inferiores para hacerles creer que la guerra en la superficie era con el fin de regresar a sus antiguos dominios. Y una vez los voluntarios que se habían presentado para ello erradicasen a las alimañas humanas, pensaban recolocar a toda la población de las clases bajas allí. Dejando sus ciudades como el testimonio del poder que debían ser. Sin soltar las correas que mantenían atadas a las clases bajas. Un gigantesco engaño.

Primarcar, como miembro del alto Consejo y perteneciente a su elite, los Altos Profundos, conocía estos planes.  Preocupado por las crecientes muertes entre los humanos, y por la posibilidad de que los Ichar descubriesen su infiltración y protectorado en la especie humana, decidió adelantar sus planes.

Escogió a un grupo de hombres y mujeres ignorantes de la situación, quienes, acompañados por sus propios hijos y amigos, iban a servir como embajadores ante el mundo de la presencia Ichar.

Al mismo tiempo reveló a los Ichar su presencia y la de la Ciudad de Nueva Atlántis, y les conminó a renunciar a sus guerras.

Cuando los Ichar llevaron su ultimátum de rendición a las fuerzas de Primarcar, este ya se había retirado a su ciudad del Polo Sur, una ciudad de enormes muros de cristal endurecido, diamante y hielo.

Lo que vino después es historia. La Guerra Civil que estalló en los hielos del polo se cobró miles de vidas, tanto humanas y esclavas, como Ichar. Al final, Primacar tuvo que emplear a su propia hija, Atar, como catalizador del Arma Suprema que había construido, la Shadril-Var.

Mientras tanto, los poderes ocultos que habían estado agitando la situación salieron a la luz. Bajo el manto de una sociedad Ichar Secreta, Lilith había estado tramando su regreso desde otra dimensión, y para ello se apoderó del arma definitiva. Pero lo peor estaba por llegar. Uno de sus aliados, un Ichar infiltrado entre el grupo de humanos de Primarcar, se reveló al fin como Litharian, uno de los Seis Primeros. Utilizando el portal que había abierto Lilith intentó llamar a sus aliados demoniacos del otro lado. Sólo el poder recién despertado de un humano, Raúl Torres, pudo detener su conspiración, a costa de perder a Atar, su amada, quien desapareció de la faz de la Tierra. (Ver trilogía La llamada del Destino).

Así llegamos hasta nuestros días, el mundo ha sufrido mucho, pero parece que las cosas están más calmadas. Los ataques Ichar se han detenido en su mayor parte, y los Renegados han abierto puntos de embajada en diversas ciudades, y permiten a los humanos de gran posición viajar a las Trece Ciudades en las que han tomado cierta presencia.

Mientras, las diferencias entre ambos bandos, entre los partidarios de la paz, y los que abogan por una vuelta a las conquistas y a la guerra, se hacen más evidentes. Hay que elegir un bando, aunque muchos Ichar ya lo han elegido, están de parte de ellos mismos.

Los Ichar miran con recelo, y desprecio a estos recién llegados, pero por lo menos no les erradican al primer vistazo, no siempre. Este es el punto de partida de este juego. Todo está por descubrir, y por construir.

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2 comentarios en “Historia Secreta del Mundo”

  1. David Dominguez Huitron Says:

    genial muy imprecionante esa lectura

  2. David Dominguez Huitron Says:

    despues de tres años, eh buelto a leerla y me gusto… espero regresar en tres años mas


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