La Religión

La Religión.

“……………………………………………………………………………………………………………………….”

La maldad que todo lo devora.

Desde las profundidades entre las galaxias los Ichar han encontrado al único ser al que temen, la única raza que jamás, en toda su historia ha conseguido preocuparles seriamente como enemigo, La Religión.

Dejemos que una sesión del Alto Consejo de la Marea Negra explique la nueva amenaza a la que se enfrentan los Ichar.

La pérdida de una legión

La asamblea enmudeció durante el parlamento de Primarcar. Tal era el respeto, o el miedo, que infundía en los corazones el llamado Más Antiguo de los Ichar, que todos hicieron silencio para escuchar sus palabras.

– Además – continuó – por si alguien tenía dudas sobre la verdadera insidia de la amenaza que nos enfrentamos, hemos recibido noticias del frente. Noticias alarmantes. Toda la Legión Behemoth ha sido aniquilada mientras se dirigía al Sector Alfa Centauri, a combatir con los Vermit.

Fueron asaltados por las hordas de la Religión en un planetoide oscuro, intermedio entre su destino y nuestro planeta. La Religión, lejos de las zonas de sus últimos ataques, donde les creíamos confinados, ha logrado viajar cientos de años luz para tender una emboscada a una legión Ichar. El hecho de que esa legión fuese de segunda clase no empaña su proeza, su reto, y el poder que ello implica. Diez mil esclavos fueron aniquilados, y cientos de bestias. Docenas de Crakoan no pudieron detener a las hordas invasoras y durante la batalla, murieron casi una treintena de Ichar de clase baja y tres, ¡Tres!, Altos Ichar.

La incredulidad se extendió por la sala, las fuerzas que Primarcar acababa de describir eran suficientes para subyugar a varias naciones humanas sin esfuerzo. En la Tierra, pondrían en jaque todos los esfuerzos defensivos del Mando Global. Destruyendo a la humanidad.

– Sólo el Comandante Sentauiron pudo escapar a la masacre. Cuando todo sus compañeros cayeron, él consiguió utilizar sus restantes poderes para activar un pórtico que le llevó directamente a Sales-Disburg, la Ciudad Ichar de los Portales. Pero dejaré que él les relate lo que vio.

Con un gesto, Primarcar cedió el paso a una sexta figura que se había unido al grupo de los Altos Profundos. Era enorme, portaba un hacha de guerra labrada en metal, grande como un hombre y de cinco hojas que se unían en el eje. No parecía acusar su peso, a pesar de las evidentes heridas que mostraba con orgullo.

– Mariscales, Senadores, Patricios. Venganza a todos. – su voz sonaba con furia, como si la afrenta que había sufrido le enojase y le impidiese hacer frente a sus iguales de manera tranquila.

– “Venganza” es el saludo tradicional Ichar – le explicó Sath-Weir cuando todos prestaban atención al relato del Comandante. – Acuérdate para la próxima vez, se utiliza sobre todo en sesiones entre iguales, a modo de deferencia hacia el que escucha. Cuando termines una conversación con un Alto Ichar deberás añadir “venganza final”.

Torres asintió, al tiempo que volvía a prestar atención a las palabras del soldado.

– …en segundos todo se volvió negro. No me refiero al negro del espacio lejos de cualquier estrella. Ustedes saben que nuestras tropas pueden observar en esas condiciones y peores. – Hizo una pausa para que sus palabras calasen en los Ichar, preparándoles para lo que vendría después. – Me refiero a una negrura que ocultaba hasta el brillo de nuestras almas, el poder de los Ichar. En segundos, sin un solo sonido, una legión de la Religión, tan grande como no habíamos visto hasta ahora nos cercó. Sin decir una palabra nos rodearon. Sólo veíamos a unos pocos pasos de nosotros. Intentamos iluminar el entorno con nuestros poderes y con nuestra magia. Nuestro Arcano se esforzó de veras, pero sólo logró iluminar el cielo en unos quinientos metros a la redonda de nuestras fuerzas. Lo que vimos fue espeluznante. Miles de guerreros, portando ropajes grises y negros, armaduras de color oscuro y hojas de metal que parecían absorber la luz nos estaban observando desde la oscuridad. En la fría piel del planetoide, nuestra legión fue rodeada por una hueste oscura, que esperaba silenciosa la señal de ataque.

La sala estaba en absoluto silencio. Como si estuviesen contemplando algo que no creían posible.

– Lo que vino a continuación fue atroz, como si por una vez nosotros fuésemos las presas y no los cazadores. Sé que parece sacrilegio pensar que nosotros podemos mostrar debilidad, pero ante la precisión, la planificación, el orden y la crueldad que mostraron, y sobretodo ante su número, no pudimos hacer nada. Unos tras otros, los batallones de esclavos fueron cayendo. La oscuridad atacaba a nuestras bestias de guerra, y el Maestro de las Bestias las vio morir una a una ahogadas en un mar de negrura y bajo los filos de nuestros enemigos.

Mi Mariscal, Sit-Baral cayó a pesar de que con sus poderes aniquiló a miles de enemigos, pero éstos seguían llegando, y mostraban una resistencia brutal a nuestras descargas de energía y poder. Era posible matarles, pero resultó muy complicado. Nuestras defensas fueron hechas trizas en una pocas horas de combate, y la agonía continuó, con nuestros grupos dispersos en la superficie, resistiendo inútilmente ante mareas de maldad. De una negrura tan extrema que sólo puede compararse al Poderoso Sibilian.

Todos miraron al Señor de los Abismos, el Duque Oscuro, hermano de Primarcar, que asintió por el cumplido. Que le comparasen con un enemigo tan poderosos debía ser un honor entre los Ichar.

– Y yo tuve que escapar, ¡escapar, sí! De unas bestias inferiores. Pero alguien debía venir a dar la noticia, y a explicar lo ocurrido. El noble consejo de los Altos Profundos me ha asignado mi petición de asignarme a una misión de reconocimiento en Pléyades. De la que no espero volver. Si destruyo a algún enemigo de los Ichar moriré orgulloso, yéndome a reunir con mis hermanos, que ahora disfrutan de los placeres del infierno del Creador. Como un verdadero guerrero.

Esta sesión plenaria tuvo lugar antes de la declaración que inició la guerra civil. En el transcurso de dicha sesión, los Ichar tomaron la decisión de enviar varias legiones a exterminar a estos enmascarados enemigos. Sin embargo, las legiones nunca partieron debido a la amenaza de la guerra.

El enemigo desconocido

Ni siquiera Primarcar sabe quienes son, todos los embajadores que han sido enviados han desaparecido sin dejar rastro, y cuando uno de estos guerreros, vestidos con harapos muere, su cuerpo se disuelve dejando atrás sólo telas viejas y raídas que no dicen nada sobre su origen o naturaleza.

La Religión es una de las mayores amenazas a las que se ha enfrentado ninguna otra raza. El ejemplo antes expuesto sobre sus capacidades no es más que un mero testimonio sobre las verdaderas capacidades de esta raza desconocida.

Su naturaleza es desconocida.

Nadie sabe de donde vienen. Surgen de los espacios oscuros entre las galaxias para sembrar el terror entre las razas de la galaxia. Sus hordas sin número atacan los planetas fronterizos de todas las razas, sin aliarse con nadie. El Alto Consejo de las Mareas tiene noticias de ataques a mundos colmena vermit, a ciudadelas nuar, a fortalezas serpian, y a otras muchas razas más. Hasta el momento sólo han tanteado el terreno, nunca invadiendo ninguno de los territorios que atacan. Llegan, arrasan lo que encuentran a su paso y se marchan sin dejar nada atrás.

El guerrero típico posee la estatura de un hombre, y a través de los harapos que forman sus ropas, lo único que se pueden ver son sus ojos completamente negros. Poseen además unos poderes inquietantes, pues parecen inmunes a muchos de los poderes de los Ichar. Éstos, deben aumentar mucho el grado en el que utilizan su poder para dañarles. Así, si un Ichar podía incinerar a un ejército, contra los soldados de La Religión sólo puede destruir de un golpe una unidad o destacamento. Varios Altos Ichar han encontrado la muerte a sus manos, pero todos ellos en las fronteras exteriores del Imperio, o durante expediciones de exploración.

La destrucción de la Legión Behemoth ha sido el único caso conocido de un ataque a toda una fuerza militar Ichar por parte de estos misteriosos guerreros.

¿Qué futuro espera?

Si la situación sigue así, sin avanzar en ninguna dirección, los Ichar podrían autorizar la movilización de una decena de legiones reforzadas para investigar el origen de esta nueva amenaza. Dado el poder que La Religión ha demostrado, parece temerario dedicar unas fuerzas tan escasas a semejante amenaza. Calificar de escasas a diez legiones Ichar, con su séquito de esclavos, con sus arcanos y sus comandantes Altos Ichar, y sus bestias de guerra, todas ellas preparadas para la guerra, parece una exageración, pero a la vista de las pruebas, los Ichar podrían haber encontrado la horma de su zapato.

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