La Sociedad Ichar


Desde le principio de los tiempos, los Ichar se han estructurado en poderosas familias. Estas familias, llamadas Casas, eran desde los albores de la civilización Ichar, hace cientos de millones de años, las que impartían las leyes, las que disponían de los recursos y prácticamente la que gobernaban a su antojo. Descendientes directas de los Seis Primeros, estas Casas fueron creciendo, dispersándose y creando más y más asentamientos que se convertirían en las Trece Ciudades.

Su poder creció, y bajo las estrellas de la noche no hubo ninguna especie que les igualase en majestad y poder. Ni el más feroz de los dinosaurios pudo igualar el terror que causaban estos maestros asesinos cuando salían de caza, por sus cotos de Pangea.

Los príncipes, patricios y altos lores vivían como les apetecía, tomando lo que deseaban, mientras más y más especies eran capturadas para servirles como bestias de carga o esclavos.

El Ichar crece

Poco a poco, las Trece Ciudades fueron elevando sus muros, y los más ancianos de los Ichar vieron crecer a su raza, al tiempo que los continentes se separaban, las glaciaciones se sucedían, y las guerras internas imponían un nuevo modelo de sociedad.

Decididos a que las guerras del pasado, que tanto habían costado a los Ichar y a su sociedad, no se repitiesen, los más notables entre los lores de las Altas Casas decidieron fundar un órgano de representación supremo, el Alto Consejo de los Ichar, que millones de años más tarde sería denominado, Alto Consejo de la Marea Negra, o Alto Consejo de las Mareas. Con él, los Ichar establecieron lo que serían las bases del futuro Imperio, pues su número había crecido lo suficiente como para hacer impracticable su gobierno con la estructura antigua. La Sociedad Ichar se hizo más compleja, por lo que tuvo que evolucionar.

La Política en el Imperio

Al igual que los hombres, los Ichar más poderosos no estaban dispuestos a ceder los privilegios y las cuotas de poder que habían alcanzado, y los que deseaban abandonar la vida de intrigas y traiciones en que se asentaba esta nueva sociedad lo hacían renunciando a sus cargos y dándose a la vida errante. Por ello, las Altas Casas idearon un sistema de representación que ha regido hasta la actualidad.

El Alto Consejo estaba formado por representantes de las más poderosas casas Ichar, los cuales decidían en agotadoras y larguísimas sesiones, el destino de su pueblo. Poco a poco la situación fue cambiando, a medida que se hacía más compleja.

Las primeras clases bajas, los expatriados

Un gran número de Ichar comenzaron a abandonar las Casas, no ya para exiliarse en la tierra, sino que eran expulsados por sus parientes porque no daban la talla de las exigencias de la casa.

Estos Ichar expatriados, llamados en principio Ácridas, formaron parte de la Sociedad Ichar sin pertenecer a ninguna de las casas principales. Éstas, a su vez, comenzaron con el tiempo, a dividirse y a evolucionar, segmentándose en casas más pequeñas, a medida que cada rama familiar de una ciudad u otra se escindía de la principal. Ahora, son pocas las grandes familias que permanecen inalterables desde los comienzos de esta civilización.

Los Ácridas continuaron creciendo, tanto por las nuevas aportaciones de expulsados de las casas, como por los nacimientos incontrolados en lo que al poco tiempo se dio en llamar las Clases Bajas. Estas clases inferiores, poseían casi todo lo que deseaban, alimentos y bebidas aunque apenas necesitaban alimentarse, fiestas, espectáculos, lo único que no podían lograr era una cosa, poder. Y eso es precisamente lo que todos los Ichar ambicionan de una manera irracional.

Los primeros cambios

Por ello, y dándose cuenta de que la sociedad estaba cambiando, algunos miembros de las clases bajas, los de más poder, se agruparon y asociaron para cubrir una serie de necesidades que estaban surgiendo.

Con la derrota a manos “humanas” miles de años antes, y el Gran Éxodo que le siguió, los Ichar de las Altas Casas habían volcado su atención al cosmos. Ahora empezaban a abrirse los portales dimensionales que levarían a los Ichar más lejos de los que nadie imaginó. Y con ellos, a un lugar en el que sus ejércitos podían conquistar territorios que hasta ahora les habían estado vedados.

El poder, la riqueza y los territorios hicieron que las estructuras arcaicas regentadas por las casas, y los esclavos de las mismas, no pudiesen satisfacer las necesidades de los Altos Ichar, como ahora se llamaban los miembros más antiguos o poderosos de la raza. Por ello surgieron dos organizaciones imprescindibles en la sociedad Ichar moderna, las Legiones y los Gremios.

Las legiones

Es un hecho claro que las legiones representan, aún hoy, una forma de escapar de las rígidas tradiciones de servidumbre y paternocracias que imperan en todas las familias, incluso en las de clase media. Miles de Ichar menores comenzaron a alistarse en estas fuerzas, que reformaron la estructura de los ejércitos.

Decididos a no perder el poder que detentaban, cada casa Ichar comenzó a patrocinar la formación de una o más legiones, en función de sus posibilidades y de su riqueza. Así, los miembros menores de las casas eran destinados a la vida militar, y obtenían territorios y riquezas para sus patrones, al tiempo que podían ser mantenidos bajo control por los generales de las Legiones.

Los primeros gremios

Pero el proceso era imparable. El crecimiento de la población era tal, los territorios y colonias ganados tan numerosos, que pocos podían imaginarse el cambio que se produciría. No se trata de un cambio revolucionario, sino más bien una serie de pequeños cambios y factores que modificarían (al menos un poco) la estructura de poder de los órganos de gobierno Ichar. Su principal factor fueron los gremios.

Como ya hemos mencionado, muchos de los recientemente dejados a su suerte por las familias, se dieron cuenta que con el actual crecimiento del Imperio eran necesarias unas estructuras más flexibles, que proporcionasen todo lo necesario a los miembros del mismo, en especial a las Altas Casas. Dichas agrupaciones nacieron con el objetivo de acercar y satisfacer  necesidades de los Ichar. Especialistas en una u otra rama de estas necesidades, los Gremios han crecido durante millones de años, con una estructura que extiende sus tentáculos de poder por todo el Imperio, hasta el punto de rivalizar con algunas de las casas más antiguas. Éstas, sabedoras de los nuevos cambios, han iniciado el mismo proceso de control que con las legiones, colocando partidarios suyos, y miembros de las clases bajas en cada gremio donde eran aceptados para mantenerlos bajo control y en constante vigilancia.

Así, surgieron primeros los gremios de Artesanos, el Gremio de Arcanos, el de Transportistas, el de los Señores de las Bestias, etc. Además, otros pocos han ido sumándose a las filas de los gremios, en ocasiones patrocinados por familias de clase media, o de forma independiente, fueron el de los esclavistas, los Constructores, los mentalistas y el más reciente Gremio Oculto.

Las ciudades entran en juego

Las alianzas ocultas comenzaron a florecer, y muchas familias se lanzaron de lleno a establecer pactos y alianzas con estas pujantes estructuras de poder. Los gremios ganaron riquezas, aliados, favores, y eventualmente, terrenos y esclavos propios, con los que construir mayores imperios. Incluso, con el paso del tiempo, han logrado, al igual que otros organismos de poder Ichar, como las ciudades o las legiones, obtener escaños propios en el Alto consejo de las Mareas. Lo cual indica su graso de poder.

La última estructura en surgir en esta cada vez más intrincada red de relaciones, poderes y de alianzas han sido las ciudades.

Las Trece ciudades, que durante mucho tiempo fueron Doce, recogieron los excesos de población de las Clases bajas, al tiempo que obtenían beneficios de las actividades de los gremios y del comercio con las Marcas y por el paso de las legiones.

Así, era cuestión de tiempo que muchas de ellas comenzaran a exigir, mediante “representantes asignados”, sus cuotas de poder y decisión. De palabra, las ciudades mantienen una independencia casi total e gremios y Altas Casas, son sus propios representantes en el Alto Consejo, pero de facto, los representantes de las mismas deben gran cantidad de favores a los demás organismos de poder, y las Casas y gremios ejercen el mismo control y presión sobre las ciudades que sobre cualquier estamento o faceta de la vida de los Ichar.

Las colonias externas

Pocos se dieron cuenta de que un tercer cambio se estaba produciendo en el seno del Imperio, un cambio motivado por agentes externos a las Trece Ciudades, por las Marcas.

Las Marcas, como ya se ha comentado, se dividen en dos tipos, las Externas y las Internas. Muchas de ellas pertenecen a las Ciudades, a las Altas Casas e incluso a los Gremios, pero algunas han sido entregadas a Ichar de clase baja que las consideran propiedad suya única y exclusivamente. Con ellas, y con su esfuerzo diario trabajando y repeliendo agresiones de otras razas, han logrado construir pequeños feudos en los que su palabra es ley. Cada uno de ellos diferente a los demás, cada uno independiente, que paga sus tributos a sus patronos al tiempo que luchar por lograr romper los lazos que le atan a él.

Su número crece y crece cada día y son más y más poderosos y numerosos. Algunas de las marcas que no pertenecen a los organismos de poder tradicionales de los Ichar han igualado en influencia y riquezas a algunas de las que sí lo hacen, levantando recelos entre los gremios y las familias. Pero lejos e amilanarse, los patronos de estas marcas han exigido su cuota de poder en el Imperio, y reclaman representación en el Alto Consejo de las Mareas.

La situación se complica

Ahora, tras la guerra civil la situación no parece haber cambiado. Si bien los renegados han logrado lo impensable, parar todas las guerras estelares de los Ichar, e inmovilizar temporalmente a las legiones en espera de nuevas órdenes, no parece que vayan a poder mantener este control mucho más tiempo. Las presiones para mantener una guerra constante son enormes, las mismas legiones se remueven inquietas, ávidas de conquistas y botines de guerra, y las altas Casas no están dispuestas a tolerar que ningún Ichar les dicte lo que deben hacer, por muy poderoso que sea el bando Renegado.

Por ello, Primarcar y sus aliados, deben forzar un cambio en la sociedad, y un cambio rápido, un cambio que implica ganarse la confianza de los miembros no alineados de las clases bajas, que representan una gran parte de la población, y con su apoyo, exigir las medidas necesarias para firmar una Pax Perpetua con las demás razas del cosmos. Además, deben atraer a otros Ichar más poderosos que les sirvan como contrapeso de poder en el Alto Consejo de las Mareas, donde los intereses particulares de las casas y los patricios comienzan a mermar los poderes iniciales con los que Primarcar fue investido tras la guerra civil.

Muchos se preguntan si todo este paréntesis no habrá servido sólo para enfurecer más aún a los Ichar, y si en su retorno no lograrán hacer lo que no han logrado en tanto tiempo, esclavizar a la humanidad y al resto de las razas del Universo.

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