Nueva Atlántis, la Decimotercera Ciudad

 

Desde los principios de los tiempos, las Ciudades Ichar fueron trece joyas resplandecientes en el floreciente vergel primigenio.

Tras los desastres acaecidos durante la traición de Lilith, la más abierta de las ciudades, Atlántis, se hundió bajo las aguas, llevándose con ella los buenos deseos de Primarcar junto con su esposa Eva.

Así, con el paso del tiempo, su recuerdo fue quedando en el olvido en las torturadas mentes de los Ichar, que sólo pensaban en la venganza y en la conquista.

Sin embargo, un grupo de Ichar no olvidaba el espíritu de Atlántis, un espíritu de apertura y desarrollo, eran los que después se darían en llamar, Los Renegados. Este creciente grupo de desilusionados y poderosos Ichar había declarado abiertamente su deseo de retiro, y convivía en secreto con los humanos en la superficie de la tierra.

El nacimiento de la Ciudad

El mayor de ellos, Primarcar, mantenía una doble vida como miembro de los Altos Profundos y del grupo Renegado. Él sugirió la idea de construir una ciudad llamada Nueva Atlántis, sede de todos aquellos seres que quisiesen vivir en armonía y paz.

El lugar escogido para ello fue el Polo Sur, bajo las aguas del continente Antártico. El único océano donde los Ichar no tenían presencia activa. La construcción fue difícil. Los recursos empleados se desviaron de numerosos lugares, los territorios regentados por los Renegados, partidas arrebatadas a sus hermanos Ichar y en definitiva de allí donde se podían sacar.

El resultado fue, sin embargo, impresionante.

Una joya de paz y calma en el frío océano, Nueva Atlántis mantiene vivo el espíritu de su predecesora, siendo un lugar de reposo para los espíritus cansados, de intercambio de culturas y de aprendizaje.

Pero su destino final no era ese. Sabedor del destino que pronto correría la humanidad, y todo el cosmos, a mano de los Ichar, Primarcar ideó esta ciudad como una base para su plan, el punto focal desde donde se desarrollarían todas las tramas que se extenderían como un pulpo por todo el universo, desde el Imperio Ichar, a la superficie de la tierra y las lejanas galaxias.

Nueva Atlántis fue el lugar escogido para que los Renegado presentasen batalla durante la Guerra Civil, así como el sitio donde Primarcar y la humanidad se enfrentaron a un futuro de tinieblas y salieron triunfantes.

Ahora, sus aguas bullen con la llegada de enviados de las doce ciudades y de otras razas y sus pasillos y salas acogen negociaciones mientras que los renegados intentan mantener el delicado equilibrio que han conseguido a costa de tantas y tantas vidas.

La Ciudad.

La ciudad al completo se encuentra sumergida bajo los hielos del océano. Apoyada sobre un talud abisal que desciende cientos de metros, y reposando sobre una llanura submarina, esta ciudad es un espectáculo tan hermoso como contemplar los hielos del polo.

A su derecha, enfilando hacia el este, se encuentra un gran cañón submarino. Las torres y los edificios se elevan hacia los hielos eternos que cubren la superficie de los mares. Sus cristalinas cúpulas casi rozan los hielos, mientras que enormes fortalezas y mansiones de los renegados se sumergen en el gran caños, arrastrándose por las paredes hacia el fondo donde no llega la luz.

Bajo los hielos, la luz tenue del sol ilumina los blancos muros de la ciudad. Toda ella está construida de hielos milenarios endurecidos, de metales blancos, plata y platino, y de cristal endurecido. Desde lejos, la ciudad parece una blanca joya brillando en las oscuridades abisales, mientras los hielos de encima filtran la luz y arrancan destellos cristalinos de los muros y cúpulas.

La Explanada de los Héroes

Al noroeste se extiende la explanada de los héroes, donde cientos de inmensas estatuas de veinte y treinta metros de alto, se yerguen inmutables, con sus blancas superficies reflejando la serena belleza del lugar. Son los monumentos a los héroes renegados, los mejores de ellos, y aquellos Ichar que han demostrado valor y entrega al bien común, pero éstos son los menos.

Alrededor de estas estatuas nadan enormes seres, leviatanes marinos que sirven a los renegados como mascotas o monturas. Ninguno de ellos se atreve a tocar siquiera una de las estatuas, por respeto a sus amos, y por temor a los tremendos poderes de éstos. El campo se encuentra todavía en reconstrucción, pues fue dañado en la guerra civil, a pesar de que la batalla se desarrolló más al este, frente a las puertas centrales.

Más allá del campo de los héroes se encuentra en Gran Camino, que parte de Nueva Atlántis hacia las profundidades marinas al norte. Toda la ciudad está rodeada por una enorme muralla de más de cien metros de alto, y tras ella se pueden ver las cristalinas cúpulas y edificios que componen la ciudad.

Las puertas de entrada

Para acceder a la ciudad, se deben franquear las enormes puertas centrales, labradas en oro y bronce, y reforzadas con conjuros y arcanos poderes. Estas puertas se encuentran fuera de sus goznes todavía, pues fueron dañadas por los Altos Ichar durante los combates, pero los equipos están terminado ya su reparación y pronto procederán a instalarlas en su lugar.

Toda la llanura frente a la ciudad se recuerda la enorme batalla que en ella se libró. Cicatrices en el fondo que los sedimentos no han empezado a cubrir, cráteres producidos por enormes bolas ígneas que ardían incluso bajo el agua. La cordillera norte que protegía la ciudad de las corrientes marinas ha desaparecido bajo la furia de Primarcar y en su lugar, un cráter negro cubierto de escombros vomita heridas criaturas y seres mutados por las tremendas energías desatadas.

Por encima de todo, lo que los Ichar y los Renegados quieren es recuperarse, acelerar el proceso de curar sus heridas y reconstruir el futuro, pero los muertos fueron muchos, y los combates han dejado una profunda huella y muchos rencores abiertos.

El interior de la ciudad

Tras las puertas de entrada, un gran patio central acoge a los recién llegados, en él, estatuas inmensas forman un pasillo que les acompaña hasta el edificio central, el cuál está rodeado por enormes edificios y cúpulas. Docenas de edificaciones sirven como sedes de los enviados y embajadores, y como lugar de acuerdos, pactos y alianzas.

El edifico central, una enorme estructura de hielo y piedra blanca posee unos muros capaces de resistir el embate de un Ichar, y sus puertas están custodiadas por estatuas vivientes animadas por arcanos poderes de igual dureza.

Dentro de este edifico, la belleza que encuentran los visitantes no tiene parangón. Enormes pasillos de hielo surcan piscinas naturales de agua dulce, en las que nadan alrededor criaturas extintas en las demás partes del globo, pasadizos de cristal y diamante se sumergen en las rocas del talud, ensanchando la ciudad. La parte oculta, excavada en la roca tras el edifico principal es cinco veces más grande de lo que se ve a simple vista.

El abismo helado, hogar de los valientes

Además, los Ichar Renegados poseen mansiones tanto en el abismo que se abre al noreste como en las profundidades de la tierra, donde las excavaciones han abierto miles de estancias para que la ciudad al completo sirva como refugio en caso de desastre. Estas excavaciones han encontrado bajo la ciudad, los restos de una civilización que debió surgir y extinguirse entre la extinción de los dinosaurios y la destrucción de Atlántis.

Las habitaciones del Padre

Dentro del enorme cuerpo central perforado en la piedra, se encuentra el complejo privado de Primarcar. Allí, las razas aliadas, los renegados y los artesanos investigan nuevas formas de hacer la guerra y de construir la paz. Enormes salas que se adentran en el hielo guardan secretos proyectos ahora parados tras la guerra, y un gran cañón helado central conduce a una gigantesca sala donde el techo ha sido arrancado de cuajo durante la guerra.

Salas con paredes de hielo, con lapislázuli azul, habitaciones de cristal y cuyas paredes vierten agua en la que se forman bellas imágenes, todo ello se puede encontrar en el complejo central donde residen y planean los lugartenientes de mayor confianza de Primarcar, sus hijos y amigos.

En el corazón de la ciudadela, se encuentran las habitaciones de Primarcar y sus salas personales. El más impresionante de ellas surge por encima de los demás edificios, excavada en un saliente la roca un gran ventanal da al océano. Su mesa de ébano brilla con las proyecciones estratégicas, y un par de cómodos sillones adaptables sirven para que las visitas se sienten contemplando el paisaje tras la mesa, con la ciudad abriéndose a sus pies.

En el centro de la habitación, una claraboya de cristal ocupa el suelo, con ribetes de oro y plata grabados que evocan antiguos poemas en la lengua de los Ichar. Este suelo de cristal da a un pozo de agua dulce, que se hunde en una tonalidad más oscura que las aguas saladas que la rodean. El pozo ha sido excavado en la roca y se hunde hasta las ruinas descubiertas bajo la ciudad.

Los muros de piedra oscura, los únicos de toda la ciudad, están cubiertos de estanterías de libros de poder arcano, de sabiduría alienígena y de tratados de estrategia y guerra. Esta sala conecta con otras más abajo, todas ellas cubiertas de volúmenes, de tomos de magia y oscuros poderes.

El recuerdo de la historia

El lugar más sorprendente de todos, por su sencillez pero al mismo tiempo, por su valor sentimental, es el museo de la historia. Allí, miles de objetos humanos e Ichar han sido recolectados por los Renegados en sus viajes y guardados para preservar el recuerdo del pasado y de las civilizaciones ya exterminadas.

El casco del Argos, el Caballo de Troya, los poemas manuscritos de Homero, la pluma de Cervantes, los mapas e Cristóbal Colón, la Maza de Hércules, la máscara de Akenatón, y así cientos y miles de objetos que han ido acompañando al hombre en el devenir de la historia.

Los Renegados Ichar aman a los hombres, sin embargo adolecen de un cierto paternalismo. Tal vez sean algunas de las criaturas más poderosas de la historia pero ellas, que son capaces de abrir los cielos y bajar la luna, no han podido ver que sus actos y sus bien tramados planes conducían a un camino de exterminio donde se cruzaban la ambición y la ceguera de los Ichar. Fue al cabo un humano el que deshizo los planes secretos que casi condenan al mundo a la oscuridad eterna, y eso ha dado mucho que pensar a los Renegados, e incluso al resto de los Ichar.

Los palacios

Otro de los monumentos más importantes son los palacios del gran cañón submarino. De las paredes de este cañón penden docenas de grandes estructuras de cristal y roca blanca, como el resto de la ciudad, y fortalezas de hielo guardan los caminos hacia el fondo para evitar un ataque desde ese lugar. En esos palacios, los visitantes pueden contemplar los muros del abismo abriéndose hacia la oscuridad del fondo, enormes ventanales muestran un espectáculo de luces y palacios que se hunden en la oscuridad.

De la misma forma, enormes pasillos y salones de recreo se abren a la llanura abisal desde la muralla central o desde los edificios de hielo y metal, y la explanada de los héroes ofrece un espectáculo grandioso al erguirse sobre el suelo azul grisáceo en un acto solemne.

¿Un futuro brillante para Nueva Atlantis?

El destino de Nueva Atlántis como ciudad no está claro. Sherian-Dragon es la capital eterna de los Ichar, pero ahora que los Renegados han ocupado puestos de poder de forma abierta, algunos dudan de que esta situación pueda mantenerse. Los mismos Renegados no le dan importancia a esta cuestión, pues tienen metas más importantes que discutir sobre sedes y luchas de poder. Pero en la Capital de los Ichar diversos movimientos secretos empiezan a cuestionarse la benevolencia del trato Renegado y han comenzado debates en la clandestinidad sobre la necesidad de iniciar un movimiento de oposición para no perder la capitalidad del Imperio.

La verdad, es que no tienen ningún fundamento, pero la naturaleza insidiosa y voluble de los Ichar les ha enseñado a desconfiar de todo y de todos.

La Shadril-Vär.

Esta poderosa arma es el mayor y más preciado recurso de Primarcar en materia de armamento. Durante eones, los mejores ingenieros, arcanos y artesanos de varias razas han trabajado en él con la esperanza de que estuviese terminada antes de los combates que Primarcar creía inevitables.

Así fue. Su puesta en funcionamiento durante la Guerra Civil fue un éxito, durante su breve funcionamiento, La Shadril-vär demostró su poder. Hasta que fuerzas malignas tomaron el control de sus energías y estuvieron a punto de destruir la realidad.

Primarcar perdió a Atar, su hija, la cual estaba manejando el arma en ese momento, sin embargo, no ha sido capaz de deshacerse del arma a pesar de los recuerdos que le trae y del peligro que representa. Teme demasiado una vuelta a la situación anterior como para renunciar fácilmente a cualquier posibilidad.

La Shadril-Vär es una enorme estructura creada en cuarzo y gemas de más de cien metros de alto. En su base, ópalos y cuarzos negros forman una estructura que le da estabilidad al conjunto. En el centro de esta negra base, se yergue una torre de cuarzo puro de cien metros de alto, a cuya cima se accede por un elevador de cristal en su costado.

El control del arma

Arriba, en su superficie plana, un sillón de mando también de este mismo material, con conexiones de metales alienígenas y extraños materiales. Los circuitos chisporrotean conduciendo los impulsos que activan el arma a una orden de quien se siente en la silla.

En lo alto de esta cima, flotando a unos pocos metros sobre ella se encuentra una bola de mercurio puro que refulge con energías místicas. Es digamos, el primer componente del catalizador que dirigirá las energías liberadas por la maquinaria de su interior, enfocadas por el cuarzo central y redirigidas por un ser vivo inteligente, que además sirve como segunda pieza del mecanismo catalizador.

Sólo un elegido

Sin embargo, para manejarla no basta cualquiera. Debe tener no sólo unas aptitudes físicas excepcionales, sino que su fortaleza mental debe estar fuera de toda duda. Además una precaución introducida por los Serpian es que ningún Ichar puede utilizarla pues se desactivaría. Para desgracia de sus creadores, lo que sí se ha demostrado es que los Ichar pueden poseer a quien la esté manejando para controlar su uso en beneficio propio.

Los poderes desatados del arma

Los poderes del arma funcionan de la siguiente manera.

Las energías puras se generan en el corazón de la máquina, en arcanas maquinarias que no tienen descripción. El cuarzo las enfoca, aumenta y canaliza, mientras que la esfera de mercurio y el individuo de su cima las canalizan para redirigirlas y potenciarlas.

Las energías así liberadas son una de las mayores potencias liberadas del universo. Se ha especulado, nunca probado, que podrían apagar una estrella.

Además, el poder que este arma reúne puede enfocarse de muy distintas formas, desde una ataque masivo que devaste planetas enteros y legiones o bien atacar a un solo individuo entre una multitud, sin dañar a nadie.

Si este arma vuelve a utilizarse en el futuro, será un signo de que la situación ha llegado a ser desesperada, pero los Renegados la mantienen siempre dispuesta y lista para su uso.

Una facción de los Renegados está muy preocupada por la estabilidad del Imperio. Las amenazas son muchas y algunos están proponiendo utilizar este arma para destruir a algunas amenazas para todo el cosmos. En especial los vermits suponen una clara amenaza, y algunos Renegados han dejado caer la posibilidad de erradicar, o por lo menos reducir, a estas criaturas y sus colonias en expansión, pues amenazan con devorar todo el cosmos.

Si Primarcar les escuchase, cimentaría mucho su posición en el Alto Consejo, pues el resto de los Ichar ven como una amenaza tremenda a estas criaturas, no ya para ellos, sino para todos los ecosistemas del cosmos. Sin embargo, él todavía se resiste a dar por perdida la batalla, e intenta llegar a un acuerdo con esta raza para limitar su expansión.

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