Primer Contacto

 

Primer Contacto

Lo que entra en el siguiente recuadro puede ser la historia alternativa de Ichar. En este universo alternativo los Nuar llegan a la Tierra y ayudan a los humanos a luchar contra lo Ichar, mezclándose entre los hombres.

Sin embargo, nosotros os recomendamos que sigáis la historia oficial en la que los Nuar sólo están tomando contacto con los planetas más alejados del sistema solar, pues todos nuestros suplementos, novelas y demás seguirán esta historia.

Recuerda, que tras el fin de la trilogía de los Ichar, La llamada del Destino, los nuar serán los siguientes protagonistas de una de nuestras novelas. En ellas, narraremos la llegada a la tierra de estos seres, y su interrelación con los humanos y los Ichar

19 de abril de 2.002. La Tierra cambiará para siempre. Un total de ciento ochenta y ocho enormes ciudadelas flotantes aparecieron esa mañana sobre la tierra. Potentes energías las mantenían flotando, suspendidas en el aire sobre las cabezas de los humanos.

Eran los restos del pueblo de Nuar. Los Nuar son exiliados, viajeros sin hogar que se instalaron en la Tierra. Las extrañas energías de sus ciudades, excavadas sobre la roca pero de una tecnología increíble, iniciaron un despertar de extraños poderes en la humanidad. Los metahumanos comenzaron a surgir. Nombres como Dark Titan y otros héroes se hicieron famosos en las negociaciones con los Nuar sobre su acogida.

Poco a poco, las ciudades estado Nuar se aliaron a los países y bloques que les acogían y dando lugar a un entramado político militar muy intrincado, que a su vez se mezclaba con las incipientes relaciones entre hombres e Ichar.

Imaginad enormes ( y no tan enormes) ciudades de alta tecnología en islotes flotantes, aliadas con estados, naciones y empresas humanas, y entre ellos, nuevos superhéroes que intentan poner orden en el mundo y descubrir los secretos de una raza desconfiada.

Los Nuar son humanoides de más de dos metros de alto, piel dorada, azulada o rojiza, según sus poderes y su casta.

Primer contacto.

¡Desgraciado! Tu valor te perderá. No te apiadas del tierno infante ni de mi, infortunada, que pronto seré tu viuda; pues los aqueos te acometerán todos a una y acabarán contigo. Preferible sería que, al perderte, la tierra me tragara, porque si mueres no habrá consuelo para mí, sino pesares; que yo no tengo padre ni venerable madre. A mi padre matóle el divino Aquiles cuando tomó la populosa ciudad de los cicilicos, Tebas, la de altas puertas, dio muerte a Eetión, y sin despojarle, por el religioso temor que le entró en el ánimo, quedó el cadáver con las labradas armas y le erigió un túmulo, a cuyo alrededor plantaron álamos las ninfas montesas, hijas de Zeus, que lleva la égida. Mis siete hermanos, que habitaban el palacio, descendieron al Hades el mismo día, pues a todos los mató el divino Aquiles, el de pies ligeros, entre los flexipedes bueyes y las cándidas ovejas. A mi madre, que reinaba al pie del selvoso Placo, trájola aquel con otras riquezas y la puso en libertad por un inmenso rescate; pero Artemis, que se complace en tirar flechas, hirióla en el palacio de mi padre. Héctor, tú eres ahora mi padre, mi venerable madre y mi hermano; tú, mi floreciente esposo. Pues ¡ea! Sé compasivo, quédate aquí en la torre (¡no hagas a un niño huérfano y a una mujer viuda!).

Contestóle el gran Hector, el de tremolante casco:

Todo eso me da cuidado, mujer, pero mucho me sonrojaría ante los troyanos y las troyanas de rozagantes peplos, si, como un cobarde, huyera del combate, y tampoco mi corazón me incita a ello; que siempre supe ser valiente y pelear en primera fila…

Siempre supe ser valiente y pelear en primera fila”… si, ahora comprendía el significado. Hace unos años había preferido al invulnerable, poderoso e irresponsable Aquiles pero desde el comienzo de la guerra sintió una afinidad con Héctor porque al igual que él, había tenido que aprender a ser valiente y a sobreponerse al miedo. “Pero yo no soy Héctor ni estoy en la sagrada Ilión.”- pensó con una sonrisa. “¿Pero que te pasa Alex?” – Se reprocho – “déjate de tonterías y concéntrate”. Miró al General Granados.

– Ninguna novedad, Señor

– ¿Está su unidad preparada, capitán?

– Si, Señor. – no necesitaba revisar a sus hombres para saber que estaban en la posición adecuada, 5 años de guerra contra los Ichar los habían adiestrado bien.

– Mantendrá la vigilancia sobre la ciudad Nuar hasta que reciba nuevas instrucciones. Puede retirarse.

“Si, señor” ese era otro de los cambios que se habían producido. Si alguien le hubiese dicho hace cinco años que se convertiría en un disciplinado soldado no le habría creído, precisamente él, rebelde como pocos. “Pero la guerra cambia a las personas”. Miró al cielo. Seguía siendo hermoso “una de las cosas que no cambiarían jamás”, las estrellas brillaban sobre el fondo oscuro de la noche… no dejaba de resultar irónico que la nueva amenaza proviniese del interior de tanta belleza.

Cuando apenas se habría recuperado de la destrucción provocada por los Ichar apareció la primera ciudadela Nuar. Alex siempre se había imaginado que los extraterrestres vendrían en un reluciente platillo volante, que serían verdes y con antenas (demasiadas películas, se decía a sí mismo). Nadie podía imaginar que la realidad los convertiría en gigantescas ciudades con sus extraños edificios y sus aún más extraños habitantes. Pero afortunadamente, los Nuar no se había mostrado, hasta hoy, hostiles (como no dejaron dudas los actos de los Ichar). Las ciudadelas enviaron una representación a la ONU y desde que se iniciaron las negociaciones no se produjo un solo incidente… pero la herida de los Ichar continuaba abierta y se vigilaba las ciudades Nuar como si de la puerta del mismo infierno se tratase. Poca gente sabía que eran exactamente esas “negociaciones” pues se realizaban con el mayor de los secretos y Alex un capitán (pero sólo un capitán) del Ejercito Internacional estaba muy lejos de los círculos de información.

Tu misión es vigilarlos así que es mejor que lo hagas” – Miró directamente a la ciudadela pero sólo vio un espacio aun más negro en el cielo nocturno. Nadie sabía por que las ciudades Nuar no emitían ninguna luz. De día reflejaban el sol y por la noche, si no había luna, encontrabas su posición buscando el enorme agujero de la noche, donde no brillaban las estrellas… no, nadie sabía mucho de los Nuar, Sin embargo Alex no les tenía miedo, desconfianza si, muchísima prudencia, pero no miedo… no como a los Ichar. Jamás olvidará la primera vez que vio a un Ichar, frente a frente, quedó paralizado… fue una sensación mucho más terrible que el miedo: él no era nada frente a una criatura que lo podía todo… pero aprendió a ser valiente – “como Héctor”, pensó con una sonrisa – y ahora pocos, muy pocos, se le podían comparar en aquella Torre de Babel que era el Ejercito Internacional “vaya, parece que no hemos cambiado tanto como pensábamos, sigues siendo un presuntuoso” bromeo consigo mismo “en cuanto acabe esta maldita guerra volverás a ser el de antes” pero sabía que eso nunca sería posible: había visto demasiado, sufrido demasiado, como para volver a ser aquel chiquillo alocado. Una luz cruzó la oscura masa de la ciudadela acompañado del lejano ruido de motores “el helicóptero del General Granados” se estremeció mientras lo veía alejarse, el aire frío de la montaña le helaba el cuerpo “¿por qué los Nuar no han tenido mejor lugar para instalarse que sobre los Picos de Europa?” Pensó recordando que pronto empezarían las nevadas. “Será mejor que yo también regrese”. Se dirigió con paso firme a la entrada de su base, poco más que unas cuevas hábilmente camufladas aunque esto último era más por cumplir con el reglamento militar que para ocultar su presencia al posible enemigo ya que Alex creía, no: sabía, que los Nuar conocían su posición con exactitud.

Al llegar a la puerta de acceso se quitó uno de los guantes de cuero que le protegían de la fría noche e introdujo la mano en el detector de huellas, una pequeña cámara se activó para escanear su pupila mientras oía una suave voz femenina.

– Por favor, diga su nombre y graduación.

Se realizaban los tres controles, digital – pupilas – voz, antes de acceder a la base. Siempre le había resultado graciosa, o cuanto menos sorprendente, tanta seguridad… como si quien diseño la base quisiera hacerle olvidar la inquietante sensación que producía saber que la verdadera misión en aquellas montañas no era de vigilancia (no, pues todas las imágenes eran enviadas automáticamente al Centro de Investigación donde se analizaban) sino más bien la de conejillos de indias (o ratas de laboratorio) empleados para conocer, o provocar, la reacción de aquella extraña raza ante la cercanía de los humanos. Por supuesto, esa no era la versión oficial pero tampoco hacía falta que nadie se lo dijese.

Durante unos segundos contempló su reflejo en el pulido metal de la puerta buscando las cicatrices que le había dejado la guerra, el pelo negro, muy corto, los ojos de igual color, grandes y ligeramente rasgados, la piel pálida a causa de los años pasados en los túneles, pero no las encontró en su rostro sino más profundamente grabadas en el alma. “No, jamás volverá”, aquel muchacho alegre y despreocupado había desaparecido para siempre.

La puerta de seguridad se abrió dejándole paso al interior de la bases militar Alfa-18. Nunca la presencia de los Nuar era tan real para Alex como recorriendo estos túneles… ni siquiera en el exterior, mirando la ciudad. Allí parecía un capricho de la naturaleza, otra montaña más que el tiempo había moldeado simulando una ciudad igual que el viento da forma a las nubes. Pero todo era distinto en el interior de la base… quizás fuese la opresión de los muros, el saberse atrapado esperando que los Nuar hicieran algún movimiento, como una partida de ajedrez donde él sólo era un peón… o quizás los meses de inactividad donde la única ocupación era leer mientras simulaba vigilar un monitor cuando sabía perfectamente que la imagen había sido enviada al Centro de Investigación mucho antes de que apareciese en su pantalla.

Avanzaba rápidamente por los pasillos, sabía donde iba: la sala de monitores. Allí estarían reunidos los miembros de la base a la espera de las nuevas instrucciones del General Granados.

– Mantendremos la vigilancia. – Ni siquiera los miró al entrar. No necesitaba hacerlo para ver su decepción.

– ¿Hasta cuando?

Ignorando la pregunta se dirigió a un monitor. La imagen teñida de verde, a causa de la “visión nocturna”, mostraba la enorme ciudadela. A su lado, el radar giraba sin señalar ninguna intrusión “todo tranquilo”- pensó – “al menos en el exterior”… ahora tenía que dar la mala noticia o intentar que no fuese tan mala.

– Al menos tres meses… cuatro quizás – Mintió. De que servía decirles que no había fecha para volver a casa. Que después de 5 años de lucha contra los Ichar les premiaban dejándoles olvidados bajo una montaña.

– ¡¡Cuatro meses!! – exclamaron entre desesperados e indignados, comenzando una protesta.

Será mejor abortar enseguida la “pequeña rebelión” – pensó Alex con un suspiro resignado.

– Silencio – empleó toda la autoridad que le daba su graduación de capitán – Recordad que sois soldados y la guerra no ha terminado con los Ichar – De inmediato callaron. Siempre que nombraba a los antiguos enemigos se producía ese efecto. – Todos queremos volver a casa pero si no cumplimos con nuestro deber quizás no tengamos ningún sitio al que regresar.

Obedecieron ¿qué otra cosa podían hacer? sabían que era inútil protestar… a fin de cuentas, él no era responsable de aquella situación y tampoco podía hacer nada para cambiarla.

– ¿Alguna novedad? – Pregunto Alex, más para cambiar de conversación que por conocer una respuesta que ya sabía.

– Ninguna. Todo en orden.

– Bien. Haré la próxima vigilancia.

Les vio salir de la habitación. Veinte hombres habían integrado la base “Alfa-18” pero el Mando del Ejercito los había retirado hasta quedar cinco, seis con él, dando esperanzas de que la guerra acabaría pronto… sin embargo la orden de retirada nunca llegaba para ellos y sus compañeros comenzaban a impacientarse “¿por qué tenían que permanecer enterrados bajos esas montañas?” pero Alex conocía la respuesta, sencillamente el Alto Mando había decidido arriesgar el menor número de vidas posibles… algo no funcionaba en aquellas “reuniones de negociación”.

Se sentó frente a los monitores sin prestar demasiada atención a las imágenes que mostraban incansables – “Todavía es pronto”- Cogió un libro de uno de los cajones, la Iliada, pero no necesitaba abrirlo para saber que no podría concentrarse en la lectura.

“Ninguna novedad” le había dicho al General Granados – “Te estás jugando el puesto, Alex” – se dijo – “y quizás mucho más”, pero ¿había mentido al General?… técnicamente no. No había sucedido nada que, analizado racionalmente, se pudiese atribuir a algo más que la soledad de aquellas montañas… pero en algún lugar de su mente, sabía que no era ninguna ilusión, que aquello, fuese lo que fuese, era real.

Siempre eran imágenes fugaces… reflejos dorados que desaparecían en los márgenes del monitor donde se mostraba la entrada de la base (la única grabación que no era enviada al Centro de Investigación pues pertenecía a la seguridad interna)… curiosamente, ningún otro monitor señalaba nada anormal, ninguna invasión, ningún movimiento. Nada.

Alex sabía que era un Nuar, aunque nunca vio más que imágenes borrosas que desaparecían al instante y presentía que el objetivo era llamar su atención. Por eso no dijo nada al General Granados, ni a sus compañeros, porque aquello iba dirigido sólo a él. Y si alguien intervenía los Nuar cortarían la breve comunicación que estaban iniciando.

¡Para ya!”- se reprochó enfadado – “ni siquiera estás completamente seguro que no sean más que fantasías… será mejor que vigiles el monitor” – Al principio no lo vio. Acostumbrado durante meses a espiar sombras le costó asimilarlo cuando la pantalla mostró la clara imagen del Nuar quieto, esperando… esperándole. Ahí estaba… el momento había llegado.

Se levantó despacio del control de monitores, no había prisa… el Nuar sabía, al igual que Alex, que iría a su encuentro… “si, por supuesto que iré pero tendrás que esperar… quizás sea tan tonto para ir sólo pero no tan completamente estúpido como para ir desarmado” pensó al dirigirse al depósito de armas. Escogió un fusil de asalto, no demasiado pesado como para entorpecer sus movimientos pero con suficiente alcance para matar, o al menos herir, a aquella criatura. El enfrentamiento, si se producía, sería cuerpo a cuerpo. Con un golpe seco instaló el cargador del arma. Estaba preparado.

Los vacíos túneles le devolvían el eco de sus pasos, parecían seguros aunque se conocía lo suficiente para saber que no era más que una simulación. Sinceramente, no sabía que estaba haciendo, ni las consecuencias que podría traer a sus compañeros o al resto del mundo… pero sabía, y no entendía bien porque, que el camino por el que avanzaba no tenía regreso y que debía continuar hacia delante… sólo deseaba que si había tomado la decisión equivocada no causase más daños que a él mismo.

En la puerta exterior se repitieron los controles antes de abrirse dejándole sólo en la noche “solo no” recordó “con el Nuar”. A 100 metros, frente a él, se confundía con la oscuridad su esbelta figura. Alex avanzó despacio, muy despacio, vigilando la inmóvil criatura que a cada paso se definía en la noche. Era alta, al menos 40 centímetro más de Alex. La túnica que vestía ocultaba su cuerpo pero le bastaba fijarse en los músculos del cuello para comprender que físicamente, el Nuar era más fuerte de él “Cuerpo a cuerpo no tienes ninguna opción… no te acerques demasiado” pero a pesar del prudente pensamiento continuo avanzando. Ahora podía ver el tinte dorado de su piel… el pelo rojo que agitaba el viento de la montaña… los ojos de plata. En una situación más amable podría haber definido a la figura que estaba a poco más de 2 metros como de hermosa. Se miraron, las brillantes pupilas del Nuar fijas en los oscuros ojos de Alex trayéndole recuerdos que no eran suyos… el de un planeta destruido, supervivientes de la raza Nuar arrancando sus ciudades en el último aliento de fuerza para convertirse en exiliados. Siglos vagando por el vacío entre peligros peores de los que les obligaron a huir… hasta hallar, casi al azar, un planeta azul todavía hermoso aun herido por la guerra… y sus habitantes, una especie joven, no comprendían que esa brillante joya que llamaban la Tierra pronto atraería muchas más amenazas de las que ellos, fuertes pero inexpertos, serían capaces de resistir. Los Nuar podrían ser un mundo diferente, otra vida… pero no necesariamente incompatibles… y podrían ayudarles.

Alex bajó el arma, ya no era necesaria. En Nuar dio unos pasos. Ahora era él quien permanecía inmóvil, a la espera. La fuerte mano avanzó hasta tocar la suya, sintiendo el tacto metálico sobre su piel que se suavizó a medida que la figura dorada se fundía en la noche hasta desaparecer dejándole completamente sólo. Sonrío, ahora sabía que se negociaba en aquellas misteriosas reuniones con los Nuar… querían un hogar y a cambio ofrecían amistad y alianza. Buscó con la mirada su ciudadela pero de pronto se le antojó un enorme caballo de madera en cuyo interior esperaban, ocultos y silencios, a que la humanidad durmiese confiada. “no” sacudió la cabeza para despejarse “no estás en Troya, ¿recuerdas?”.

Pronto amanecería y el sol iluminaría la ciudadela Nuar. Quizás la guerra no hubiese acabado pero ya no luchaban solos.

Veamos un ejemplo de alguien mutado e irradiado por los Nuar.

Dark Titan: Dark Titan es un héroe en la Tierra. Uno de los primeros irradiados por las extrañas energías de las ciudades flotantes Nuar que un día aparecieron en sus cielos, el hombre ahora llamado Dark Titan desarrolló poderes simbióticos con dichas energías.

A través de quien sabe que canales de conducción, este héroe puede reconducir la energía de dichas ciudades a través de su cuerpo, lo que le confiere una enorme fortaleza y la capacidad de volar y proyectar rayos. Su negra armadura de metal alienígena, y su gran estatura le valieron su apodo. Aliado de los Nuar, Dark Titan es un embajador entre la raza humana y estos alienígenas. De hecho, se hizo famoso por evitar el atentado que un renegado de una ciudadela nuar iba a cometer contra el presidente de la república Francesa y el líder espiritual de la ciudad nuar que se situó sobre Francia.

Ha participado en la batalla de los Picos de Europa, un terrible malentendido, y en varias operaciones de rescate y salvamento, así como en una cacería de renegados nuar.

Características:

RDT Fuerza: B 20D

RDT Destreza: B 10D

RDT Mente: 7D

RDT Poder Volar 5D

RDT Poder Fuerza Permanente B 10D

RDT Poder Rayos de Plasma: 3D

Puntos de Vida: 36

 

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