Relatos de los Ichar: el comienzo

Las profundas aguas del Atlántico se arremolinaban en el banco de peces, creando pequeños destellos verdosos con los débiles rayos de sol que penetraban en la superficie. Sólo la presencia fugaz de algún depredador rompía momentáneamente las formaciones armónicas de las diversas bandadas.

De repente, un enorme banco de plateados peces se abrió en todas direcciones, creando un agujero por el que una forma humana pasó a gran velocidad. Su piel reflejaba tonos azules oscuros, con matices amarillos allí donde su piel brillaba con los tatuajes dorados que surcaban su piel.

Extrañas palabras en lenguas muertas cubrían cada centímetro de su piel, dejando sólo jirones de la piel azul original bajo ellos.

El ser se movió a una velocidad inhumana, sin prestar atención ni a los peces, ni a los tiburones que se apartaban veloces de ellos. Reconocían a un predador a simple vista, y el desconocido que surcaba los océanos era un miembro de la especie más peligrosa de la tierra.

En pocos segundos dejó atrás las luces de la superficie, y se sumergió en las oscuras profundidades. A ambos lados suyos, las formaciones rocosas de la sima le dieron la bienvenida. Las familiares estructuras naturales que habían sido su hogar se sumergían varios kilómetros en los mares, allí donde ni la luz se atrevía a llegar.

Los pequeños salientes se sucedían uno a uno, y el extraño recorrió su camino serpenteando entre ellos, buscando algo. Por fin, dio señales de haber avistado algo lo que buscaba en un lejano saliente al sur. Sin perder un segundo se dirigió hacia él.

En lo alto de la estructura de roca, una docena de figuras permanecían en silencio, de diversas formas y tamaños, sus compañeros le esperaban para dar comienzo a la reunión.

– Venganza, Loatar, de Soren Gardiar – dijo una mujer de marcadas formas y piel verdosa. Sus manos terminaban en garras, y docenas de tentáculos le surgían de la espalda.

– Venganza, nobles Ichar – respondió, con un rugido que hizo temblar las aguas.

– Te esperábamos, el destino del Imperio pende de un hilo, los humanos se están integrando en nuestras estructuras, y el maldito Primarcar anima a nuestros jóvenes a abandonar las Doce Ciudades y a conocer el mundo, integrándose con los hombres. La situación es imprevisible, y grave.

– No podemos permitir que esta situación de paz inestable se estanque – añadió un pequeño Ichar que rebosaba poder. – Los seres inferiores caminan por nuestras calles, atemorizados al principio, maravillados por nuestros logros después. El Alto Consejo de las Mareas no logra poner orden en la situación que se ha generado después de la guerra.

– ¿Y debemos ser nosotros quienes lo hagamos?

– Somos los miembros representantes de algunas de las casas más afectadas. Nuestro poder se diluirá si no actuamos.

– Pero Primarcar y sus partidarios son poderosos, las legiones han sido destrozadas, y las amenazas contra nuestros territorios en las Marcas Externas son tremendas. La presión para cada uno de nosotros es insostenible. ¿Cómo podemos hacer algo?

– No debemos arriesgar nuestra posición, debemos buscar peones, como lo están haciendo nuestros enemigos. Peones que luchen por nosotros nuestras batallas, Ichar y humanos jóvenes, a los que podamos manipular para obtener el poder que necesitamos.

– Sí, pero ellos también están cogiendo poder, y los jóvenes cada vez son más irreverentes. Las nuevas manadas son aterradoramente independientes, y manipularles será difícil.

– Y arriesgado, Primarcar les ha prometido muchas cosas, y ellos lucharán contra nosotros. Después de la guerra civil no podemos arriesgarnos a un nuevo conflicto interno. Sería el fin del Imperio Ichar, y el nuestro.

Loatar se movió, con su mente perdida en lejanos acontecimientos del pasado, caminó hacia el borde de la plataforma rocosa.

Ante sus ojos se abrió un espectáculo impresionante de luz y formas. Su ciudad natal era esplendorosa, Soren Gardiar  refulgía de poder y energía en el fondo de la sima abisal que era su hogar y refugio.

Las extrañas e inmensas torres les daban la bienvenida, las cúpulas se alzaban enormes y majestuosas, y en su interior, ciclópeas torres y edificios albergaban a la raza más poderosa e intrigante del universo, los Ichar.

Tras él, el resto de los conspiradores miraban por encima de su hombro la enorme ciudad, en sus rostros iluminados ardían diversas emociones. Odio, ira, ambición, miedo, esperanza. Se produjo un tenso silencio, que sólo Loatar se atrevió a romper.

– Ha empezado, ¿verdad? Ya no se puede detener.

– Sí, veremos quien sobrevive al destino de nuestra raza.

– Veremos, – sentenció Loatar con una sonrisa.

Anuncios
Explore posts in the same categories: Relatos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: