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Historia Secreta del Mundo

julio 19, 2007


Todo viaje, comienza con un Primer Paso

Al Principio fueron Seis, y el Creador estaba orgulloso de ellos. El Segundo día, junto a la tierra, los cielos y los mares, ellos llegaron de manos del Creador.

Caminando con orgullo por toda la Tierra de su Señor, marcaron a fuego su huella en nuestro planeta. Un mundo, que alguien llamó después la Tierra.

Eran hermosos como los bosques milenarios, sabios como las noches de luna llena, poderosos como los océanos enfurecidos, y fuertes como los pilares de las montañas. Ellos estaban aquí desde el primer día, pues contemplaron el nacimiento de las estrellas.

Pero empecemos por el principio.

El Creador se desprendió de una parte de su alma, pues sentía el impulso innato de crear. Deseoso de hacer algo hermoso, dotó a sus hijos de lo mejor de sí mismo, sabiduría, poder, belleza. Seis seres casi perfectos nacieron al mismo tiempo que en el universo se encendían las estrellas.

Fueron dejados en este mundo, pues el Destino había sido marcado, y en él surgiría la raza que cambiaría la faz del Universo.  Se les entregaron, a ellos, las llaves de la Creación. La Llave de la Vida, la Llave de la Luz, la de la Materia y la de la Mente. También se les entregó este planeta, con su vergel de formas de vida, con sus bosques, selvas y montañas, y con sus océanos limpios y agitados. Por último, se les asignó la protección de Besal-Dimión, la joya más preciada del Creador, con órdenes estrictas de protegerlo, pues en su interior radicaba el Mal.

Después, el Creador continuó su labor en otros mundos, prometiendo que en ningún otro crearía una raza tan perfecta, pues ellos eran sus predilectos. Pues ellos eran Los Ichar.

Miles de años pasaron, y los Ichar crecieron en número. El mundo antes poblado por seres primigenios, era ahora un planeta dotado de vida, rebosante de formas y tamaños, hace más de doscientos millones de años. Los Ichar habían modelado el mundo, separado la Pángea, utilizando la Llave de la Vida habían creado servidores cada vez más grandes, enriqueciendo el mundo, habían tenido hijos que reinaban sobre las bestias como dioses guerreros.

Así, poco a poco, los Ichar se fueron separando.  El Besal-Dimión seguía bajo custodia del Primero de ellos, quien reinaba eterno en la montaña más alta, pero el resto de sus cinco inmortales hermanos deseaban el privilegio de guardar el mayor tesoro de su Creador, esperando lograr su favor. Al final, decidieron establecer tunos rotativos de un millón de años.

Sin embargo, cuando pasó el primer milenio de milenios, Litharian, el Tercer Hermano, se negó a entregar el Besal a su hermana Lilith. Los dos pelearon por siglos, sacrificando seres inferiores y a sus hijos por conseguir lo que creían que les pertenecía por derecho. Al final, tuvo que interceder El Primero. Entregando el Besal a otro de los hermanos, obligó a Litharian a renunciar a su posesión para siempre en juramento sagrado, y desposó a Lilith para acallarla.

Muchos fueron los hijos de esta pareja, como grande fue el número de Ichar que poblaron la Tierra. Trece Ciudades surgieron de las profundidades de la tierra, conjuradas por los enormes poderes de sus amos. Así, sobre las más altas montañas, en las islas más hermosas, o en el fondo del mar, nacieron las Trece Joyas Ichar.

Su población aumentó exponencialmente, y sus habitantes viajaron conociendo el mundo y las estrellas. Pero todo paraíso, posee su propio infierno dentro.

Litharian nunca renunció al Besal, pues su ambición era grande, pero tampoco podía oponerse a todos sus cinco Hermanos y las Trece ciudades, ni siquiera con su propia prole tras él. Sabiendo que ningún poder de este mundo, o de ningún otro, podría vencer a sus congéneres, abrió la puerta a los Infiernos. Allí, retó a los más poderosos demonios, y salió triunfante, pues éstos también eran creación del Creador, y Éste había prometido nunca crear alguien tan perfecto como él.

Selló así los Pactos del Fuego, y declaró la Guerra al Primero y a la Primera Esposa. Aprovechando la situación, Sibilian, el Segundo Hermano, luchó también por recuperar el Bestal para si.

Miles de años azotaron la tierra con su furia, miles de batallas sacudieron el planeta, llevando a la extinción numerosas especies. El clima cambió, el cielo se oscureció y los mares reclamaron lo que fue suyo.

Al final, hace sesenta y cinco millones de años, los Tres Ichar que pugnaban por el Besal se reunieron en un austero templo de piedra, en lo alto del más alto pico, bañado por los dorados rayos del sol. Allí, juntos, decidieron sellar la paz, pues casi habían destruido su mundo. El Primer Ichar se quedaría como guardián de la joya.

Pero no todo fue tan fácil como esperaban. Nunca lo es. Litharian invocó a un demonio creación suya, que reunía la fuerza de mil diablos, y con él atacó a Primarcar y Sibilian, inmovilizándoles.

Después tomó el Besal y se dispuso a partir. Sin embargo, Lilith estaba esperando. Desoyendo las prohibiciones de su marido, ella les había seguido con la intención de arrebatarles la joya. Y eso hizo. Ella y Litharian pugnaron por su premio, y el mundo entero se estremeció, al final la joya se rompió. Ningún mal salió de ella, ninguna plaga, sólo silencio.

Roto el premio, Lilith siguió atacando a Litharian, hasta casi matarlo. Fue detenida por Primarcar, quien tuvo que invocar a los Padres de Todo para calmarla.

Entre los tres, expulsaron a Litharian de esta realidad, lejos de los infiernos que pretendía dominar, y sellando su salida a este mundo para siempre.

Después, sellaron la paz, y dejaron crecer en paz a las Trece Ciudades.

Pero no todo había ido bien. Primarcar se había dado cuenta de una cosa, la joya representaba el Mal, sí, pero el mal que existe en toda criatura, un mal que duerme en los Ichar, y que se estaba despertando. Su esposa, ávida de poder, lo había demostrado, y Primarcar abandonó todo para viajar por el mundo y contemplar como la Naturaleza intentaba paliar el daño que sus guerras habían hecho.

Otro ser había sentido lo mismo, El Creador. Llegó a este mundo, su preferido, para ver cómo sus primogénitos peleaban entre si, destruyendo el símbolo del amor de su creador. Así mismo vio como sus descendientes reinaban sobre el mundo, domándolo, no ciudándolo, y que casi lo habían destruido.

Así, tomó una dolorosa decisión. Los Ichar eran demasiado poderosos, eran individuos inmortales, sabios, pero arrogantes. No eran como él hubiese deseado. Por ello, con la calma de los milenios, seleccionó a otras criaturas con las que engendrar a sus nuevos hijos. Unos hijos mortales, que temiesen a la muerte, que respetasen el planeta y a los suyos. Así nació la Humanidad. Como todos los seres, los humanos se probarían durante los próximos millones de años, si fracasaban sería relegados de su papel, como lo fueron los Ichar, si perseveraban, lograrían alcanzar su Destino entre las Estrellas.

Ignorantes de que habían perdido el favor del Creador, los Ichar se dieron aún más si cabía a sus depravados placeres. Habían sobrevivido a una guerra de millones de años, que había enfrentado a toda su raza. Muchos de ellos, ahora muertos, servían de modelos a las estatuas de los héroes, y los esclavos, bestias e inferiores les hacían olvidar pronto que incluso ellos deberían temer a la Muerte.

El Imperio Ichar comenzó un período de sesenta y cinco millones de años de predominio absoluto sobre todo el cosmos conocido. En ese tiempo, las glaciaciones se sucedieron, los continentes se separaron, surgieron montañas y colisionaron placas tectónicas. Indiferentes a ello, los Ichar volvieron su atención al cosmos. Allí, iniciaron guerras de conquista con el único objetivo de dominar todo lo que existía, creyéndose amos de todo el universo, al ser los hijos preferidos del creador.

En esos millones de años, las Trece Ciudades reinaron eternas sobre los mares y bajo ellos. Los enormes tiburones megalodones caían a cientos bajo los juegos de los Ichar y, como otras muchas especies, fueron llevadas a su extinción.

Sin embargo, los desprevenidos Ichar no vieron algo que sí contempló Primarcar, el Primero, desde su retiro de las ciudades y reinos Ichar. Una nueva especie estaba surgiendo, un nuevo ser que poseía un enorme potencial, pues era sumamente adaptable y que, a pesar de su vulnerabilidad parecía poder hacer grandes cosas. Hace seis o siete millones de años, el cambio era ya claro. Una nueva especie inteligente había sido alumbrada por la Madre Tierra.

Temeroso de la reacción de sus hermanos e hijos, Primarcar decidió ocultarla a éstos, pues sabía que lo único que les esperaría serían la esclavitud o la muerte. Así, viviendo entre ellos en sus lugares de origen en el Continente Sur, aprendió de ellos y con ellos. Aprendió a ser feliz, a valorar la vida, pues no todo lo que hay sobre la faz de la Tierra es eterno como los Ichar.

Allí vio crecer los primeros poblados, asentamientos cada vez más grandes, y observó como esta nueva raza de seres se extendía por la faz de la Tierra, ante la mirada indiferente de sus hermanos Ichar, que la consideraban demasiado inferior y débil como para molestarse en estudiar, esclavizarla o tenerla en consideración. Hay que decir, que él influyó en la postura de sus hermanos a través de aliados que distrajeron la atención de los Nobles Ichar hacia otras cuestiones.

Mientras tanto, las Trece Ciudades seguían sumidas en guerra tras guerra, su número creciente y su voracidad, hacían cada vez más necesarias las incursiones y las guerras de conquista. Así, milenio de guerra tras milenio de guerra, el Imperio Ichar comenzó a formarse. Nacieron las Marcas Internas, las así llamadas zonas de guerra en la tierra, en ellas los Ichar combatieron contra los gusanos Brillian, que habitaban en rocosas ciudades en el fondo de la Tierra, o contra los trolls, en pequeñas escaramuzas. También surgieron las mucho más costosas Marcas Externas. En vidas de esclavos y bestias, las Marcas Externas se llevaban cien veces más vidas que las internas, pero también ofrecían más riquezas. Los Ichar colonizaron los planetas adyacentes que les ofrecían algún recurso a explotar, y se adentraron en dimensiones desconocidas, o en la negrura del espacio, entre las estrellas lejanas.

Así, Primarcar conoció a la que, con el tiempo, sería su segunda esposa. Se llamaba Eva, y era nueva entre los suyos. Mucho más inteligente, mucho más hábil, rápida y sagaz que la gente de su poblado. Era como un destello de luz entre los todavía primitivos habitantes de su aldea. Era el primer individuo de una nueva especie. En su aldea no existía la monogamia, como en la sociedad Ichar, y ella ya tenía diversos hijos con otros habitantes de la aldea. Sus hijos eran tanto o más inteligentes que ella, ya desde niños se notaba, y a pesar de que el resto de la aldea trataba a Primarcar con miedo, en los ojos de ella lo único que veía era respeto.

Poco a poco se fueron conociendo, a Primarcar le resultaba extraño tanto interés en otra criatura, y más aun en un ser que antes hubiese considerado inferior.  Se enamoraron, y se desposaron. La ceremonia fue muy austera para un Ichar, Primarcar no quería llamar la atención, imponiendo sus tradiciones en un poblado de seres inferiores, por ello, el rito de agradecimiento a la tierra del chaman del poblado fue presenciado sólo por los hijos de ella.

Vivieron muy felices, teniendo hijos que eran una mezcla de las características de ambos, unos eran veloces, otros fuertes, otros tremendamente inteligentes, nunca tan fuertes como los Ichar, pero sí muy superiores a sus compañeros del poblado. Fue el nacimiento de la raza humana.

Los hijos de Eva y los de ambos se unieron entre sí, y con otros extraños llegados desde otros lugares del globo, expulsados de sus tribus al ser considerados extraños por sus propios padres. La inteligencia que demostraron les había hecho parias en su tierra. Pero allí, en la ciudad de Ur, bajo la guía de Primarcar y Eva, una nueva raza fue surgiendo, y extendiéndose por el mundo.

Los siglos pasaron, Eva seguía viviendo bendecida por la vitalidad que emanaba Primarcar, y sus hijos heredaron la longevidad de sus primos Ichar. Así, cuando los hijos de ambos se desposaban o emparejaban con otros humanos, el poder de Primarcar se iba diluyendo, mientras que las características de Eva iban predominando, como si el poder de él se tratase de un gen recesivo, suplantado por los genes dominantes de ella.

Eso no le preocupaba o importaba a Primarcar, por primera vez en millones de años había encontrado un sentimiento que siempre había estado buscando. La Felicidad.

Sin embargo, como sucede tantas veces a los hombres, el orgullo que henchía su pecho, fue la raíz de la perdición de sus seres queridos.

Sin poder esperar un segundo más para presentar a su mujer y sus hijos en el Imperio, Primarcar les explicó que iban a hacer un viaje, no muy largo, pero sí importante. Él debía regresar con sus hermanos, y ellos irían con él. Debían presentarse a ellos, y demostrar que estaban a la altura de ocupar un lugar en el trono que el Creador había entregado a los Ichar, para así demostrarles que existía otro camino aparte de la ambición y la maldad.

Muchos Ichar amigos del Primero le previnieron de esta decisión. Sabían que el imperio se había vuelto mucho más duro y despiadado si cabía, y que ellos nunca serían aceptados plenamente al tratar con inferiores. Pero Primarcar, confiado en su razón y en su poder, desoyó sus palabras y acudió a Sherian-Dragon, la capital del imperio.

Allí, ante sus iguales del Alto Consejo de las Mareas, Primarcar invocó antiguas leyes que todavía regían en el imperio para hacer que su esposa fuese escuchada. Abogó por la paz entre las estrellas, por la solidaridad y por el trabajo en común.

El discurso de Eva fue hermoso. Los años la habían transformado en una mujer muy hermosa y sabia. Las lágrimas afloraron en sus ojos mientras describía los sentimientos que habían conocido ella y su esposo juntos, y las posibilidades de la mezcla de sus dos razas.

Algunos de los corazones se conmovieron ante ella, los suficientes como para que el Alto Consejo de las Mareas aprobase que una de las Ciudades sirviese de ciudad libre en período de prueba, la segunda más cercana a la aldea de Ur, Atlántis.

Orgulloso y feliz, Primarcar trasladó a los suyos, y todas las posesiones que guardaba en el Imperio Ichar, excepto su Torre Negra, embajada en Sherian-Dragon del nuevo pueblo, a Atlántis. Allí, durante milenios, Eva y los hombres vivieron en paz entre los Ichar, y con la creciente alianza de criaturas del exterior. Los Serpian, los Brillian y otros firmaron la paz con los aliados de Primarcar. Y un período de paz sin precedentes siguió a esta decisión.

Pero el fin estaba cerca. La envidia y la incomprensión habitaban todavía en el corazón de los Ichar, y de ello se aprovechó la Primera Esposa, Lilith. Reuniendo un grupo creciente de partidarios de la guerra contra los humanos, y de convertirlos en una raza esclava, decidió expulsarlos de Atlántis. Más por envidia, y por no entender cómo su antiguo marido prefería a una inferior antes que a ella, Lilith desencadenó un ataque contra la majestuosa ciudad de Primarcar. En el centro del Océano Atlántico la Isla de Atlántis era un paraíso de comprensión racial y de tolerancia. Las especies unidas que coexistían allí, habían creado los más hermosos edificios hasta entonces edificados en las Trece Ciudades, los jardines más espléndidos y los monumentos más impresionantes. Era la Joya de los Ichar.

Una tarde infausta, Lilith desencadenó un poder sin precedentes en la historia, arrastrando toda la isla al fondo del mar, y asesinando a todos aquellos que no pudieron escapar. Entre ellos, la mujer de Primarcar, Eva.

El Imperio Ichar no pudo celebrar su victoria. Las fuerzas desencadenadas por Lilith afectaron el tejido de la realidad. Las ciudades comenzaron a sufrir temblores, y poco a poco el poder de los Ichar se fue apagando. Al final, la única salida para las criaturas más poderosas de la creación fue la huida. El Éxodo.

Utilizando las escasas fuerzas que les quedaban, los Ichar trasladaron sus ciudades al interior de los océanos, donde estarían lejos de las maldiciones que habían invocado. Toda la culpa cayó en los hombres, y hasta los más acérrimos partidarios de Primarcar renegaron de la especie que creían que les había expulsado de la tierra. El odio de los milenios se fue acumulando, día tras día, siglo tras siglo, hasta el punto que algún día estallaría.

Primarcar sobrevivió a la tragedia. Engullido por los océanos se dejó arrastrar por las corrientes marinas hasta que las mareas le arrojaron a las playas del mundo que amaba. La terrible pérdida de su mujer, su ciudad y algunos de sus seres queridos le hizo volver a retirarse del mundo. Esto fue hace tres millones de años.

La Historia de los dos pueblos siguió desde entonces caminos separados. Los Ichar se embarcaron en más guerras de conquista supliendo con creces los territorios que habían abandonado. Las razas del universo sufrieron la muerte y la esclavitud que estas criaturas deparaban, y civilizaciones enteras fueron borradas de la faz del cosmos cada vez que una partida de guerra Ichar llegaba a un nuevo mundo.

Los hombres también evolucionaron. Sus ciudades crecieron en tamaño y en número, y empezaron a dominar la agricultura, la ganadería, la cerámica y el arte de la guerra. Primarcar, y los primeros Ichar renegados contemplaron cómo el hombre crecía, y poco a poco fueron olvidando su tragedia para volver a incorporarse en el mundo humano.

Así nacieron los héroes, Aquiles, Hércules, Jasón, Las Tres Brujas, los faraones, Sansón. Todos ellos eran hijos de Ichar, o Ichar mismos, ocultos por el velo del tiempo. Sus hazañas se hicieron gloriosas, sus leyendas crecieron ante el hombre. Pero poco a poco, el hombre fue olvidando el sentido de la maravilla, y arrinconando en el fondo de su alma el miedo a una especie que seguía ahí, observando, esperando el momento de poder retornar a sus antiguos dominios y de sacrificar a los hombres en el altar de la guerra.

Mientras la historia humana se sucedía, Primarcar decidió que no permitiría que la especie humana, sus hijos y los de Eva, fuesen erradicados una vez los Ichar se decidiesen a dar el paso.

Por ello, retornó al Alto Consejo de la Marea Negra. Jamás se le acusó de nada, pues todos los que podían hacer sombra a su poder habían desaparecido, Lilith se perdió en la tormenta mística que invocó contra la ciudad de Atlántis. Sibilian, su oscuro hermano agradeció su retorno, pues era el único de los Seis Primeros que permanecía en el Imperio. El resto, se habían dispersado entre la historia y el espacio.

Utilizando sus vastos recursos, sus contactos en ambos mundos y su poder y riqueza, Primarcar, y los otros Renegados fueron tejiendo una red de espías en las Doce Ciudades, así como en el mundo. Así mismo, iniciaron un proyecto secreto, oculto a los ojos y oídos de sus hermanos Ichar. La construcción de una nueva ciudad libre, una ciudad donde Renegados Ichar, humanos y especies de las Marcas conviviesen otra vez libres hasta el momento en que los Ichar pudiesen ser reconducidos al buen camino.

Pero esta vez no iban a ser tan ingenuos. Durante cientos de años, Primarcar viajó por el cosmos y el mundo, reuniendo aliados, tramando planes y preparando el día en que pondría a todo el imperio Ichar contra la espada de la justicia o la pared del exterminio.

Llegó el momento de actuar. Pero como todos lo planes trazados bajo las estrellas algo salió mal. Los Ichar descubrieron que volvían a contar con poder sobre las aguas, que su magia y sus arcanos poderes eran otra vez efectivos en la tierra del sol.

Así, trazaron un extenso plan. Durante eones, las guerras de conquista habían desgastado sus fuerzas, no es que estuviesen muy dañados, pero sus fieros guerreros necesitaban alicientes. Proyectaron la campaña de la Tierra más como un momento de esparcimiento que como una guerra. Menospreciaron a los hombres. Esperaban resolver tres problemas de golpe.  El primero, enfervorizar a los ejércitos bajo el mando del Consejo con arengas contra aquellos que les expulsaron de la superficie y les arrebataron su destino.

Así mismo, querían vengarse de la humillación que les infringieron, creían, los humanos. Y tercero, esperaban reconquistar la superficie para recolocar a la población excedente de sus ciudades.

Durante los milenios de expansión, el Imperio Ichar había visto crecer su población. Numerosas ciudades y ciudadelas, asentamientos y colonias fueron fundados en las Marcas, y la población creció. Pero estos destinos fuera de las tierras eran considerados de segundo nivel, y todos los Ichar, de clases altas o bajas, deseaban residir en las Doce Ciudades. Así, el número de Ichar en estas poblaciones creció desorbitadamente. El espacio fue haciéndose cada vez más escaso, hasta el punto de que alguna de las ciudades parecía una enorme colmena. Las Altas Casas y los nobles no podían soportar semejante situación por mucho tiempo.

Por ello, cuando descubrieron que podían volver a la superficie, agradecieron al Creador  la ironía. Ellos no deseaban abandonar las mareas y los océanos que habían sido su hogar durante lo últimos tres millones de años, ni dejar sus palacios, o moverlos de sitio siquiera. Pero tampoco querían que las clases bajas se independizasen de ellos.

Idearon un plan entonces, por el que podrían embaucar a sus inferiores para hacerles creer que la guerra en la superficie era con el fin de regresar a sus antiguos dominios. Y una vez los voluntarios que se habían presentado para ello erradicasen a las alimañas humanas, pensaban recolocar a toda la población de las clases bajas allí. Dejando sus ciudades como el testimonio del poder que debían ser. Sin soltar las correas que mantenían atadas a las clases bajas. Un gigantesco engaño.

Primarcar, como miembro del alto Consejo y perteneciente a su elite, los Altos Profundos, conocía estos planes.  Preocupado por las crecientes muertes entre los humanos, y por la posibilidad de que los Ichar descubriesen su infiltración y protectorado en la especie humana, decidió adelantar sus planes.

Escogió a un grupo de hombres y mujeres ignorantes de la situación, quienes, acompañados por sus propios hijos y amigos, iban a servir como embajadores ante el mundo de la presencia Ichar.

Al mismo tiempo reveló a los Ichar su presencia y la de la Ciudad de Nueva Atlántis, y les conminó a renunciar a sus guerras.

Cuando los Ichar llevaron su ultimátum de rendición a las fuerzas de Primarcar, este ya se había retirado a su ciudad del Polo Sur, una ciudad de enormes muros de cristal endurecido, diamante y hielo.

Lo que vino después es historia. La Guerra Civil que estalló en los hielos del polo se cobró miles de vidas, tanto humanas y esclavas, como Ichar. Al final, Primacar tuvo que emplear a su propia hija, Atar, como catalizador del Arma Suprema que había construido, la Shadril-Var.

Mientras tanto, los poderes ocultos que habían estado agitando la situación salieron a la luz. Bajo el manto de una sociedad Ichar Secreta, Lilith había estado tramando su regreso desde otra dimensión, y para ello se apoderó del arma definitiva. Pero lo peor estaba por llegar. Uno de sus aliados, un Ichar infiltrado entre el grupo de humanos de Primarcar, se reveló al fin como Litharian, uno de los Seis Primeros. Utilizando el portal que había abierto Lilith intentó llamar a sus aliados demoniacos del otro lado. Sólo el poder recién despertado de un humano, Raúl Torres, pudo detener su conspiración, a costa de perder a Atar, su amada, quien desapareció de la faz de la Tierra. (Ver trilogía La llamada del Destino).

Así llegamos hasta nuestros días, el mundo ha sufrido mucho, pero parece que las cosas están más calmadas. Los ataques Ichar se han detenido en su mayor parte, y los Renegados han abierto puntos de embajada en diversas ciudades, y permiten a los humanos de gran posición viajar a las Trece Ciudades en las que han tomado cierta presencia.

Mientras, las diferencias entre ambos bandos, entre los partidarios de la paz, y los que abogan por una vuelta a las conquistas y a la guerra, se hacen más evidentes. Hay que elegir un bando, aunque muchos Ichar ya lo han elegido, están de parte de ellos mismos.

Los Ichar miran con recelo, y desprecio a estos recién llegados, pero por lo menos no les erradican al primer vistazo, no siempre. Este es el punto de partida de este juego. Todo está por descubrir, y por construir.

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Los Ichar

julio 19, 2007

Los Ichar son nuestras peores pesadillas encarnadas en poder y crueldad puros. La fuerza de cada uno de estos seres inmortales, surgidos de los oscuros océanos, es suficiente para destruir una ciudad, y su maldad es tal que no se detienen ante nada. No respetan la vida ni de niños ni de ancianos, y su odio se huele a millas de distancia, al mismo tiempo que su desprecio abofetea la dignidad humana.

Como miembros de la raza más antigua de la tierra, y posiblemente la más poderosa y arrogante del cosmos, los Ichar que los hombres han conocido son sólo alguno de los representantes menores de una raza todopoderosa.

Sus líderes, que se mantienen ocultos bajo las mareas de los años, podrían apagar el sol y luego volver a encenderlo, tras terminar con las vidas de todos los seres del sistema solar. Por suerte, están muy ocupados luchando en sus propias guerras, tanto contra las especies del universo que intentan esclavizar como contra sus propios hermanos.

Un paso en falso les supondría que sus propios congéneres se lanzarían sobre ellos con una saña semejante a la de los tiburones que huelen a uno de los suyos heridos y lo devoran sin compasión.

Aspecto de los Ichar

Estas altivas criaturas, con variadas formas y poderes, poseen forma humanoide, o mejor dicho, los seres humanos nos asemejamos a ellos. Pero aun en su increíble variedad, la raza humana no puede aspirar a igualar el increíble registro de formas que adoptan los Ichar. Coronas de hueso, espinas dorsales a modo de alas impías, capas formadas por los pliegues de su piel, alas membranosas o cubiertas de plumas, todos sus rasgos les otorgan un aura de majestad acompañada de una sensación de poder que puede hacer hervir el aire a su alrededor.

Sus formas son miles, así como sus poderes. A las pieles de diferentes colores, azules, rojizas, doradas, se unen colores de ojos imposibles, blancos sin pupilas, negros como la muerte, azules ribeteados de estrellas, y otras muchas características físicas. Existen Ichar que no pueden ser vistos a simple vista, o que han evolucionado hasta no ser más que un enorme cráneo con placas óseas protectoras. Unos miden metros de alto, mientras que otros apenas levantan un metro del suelo, pero en todos ellos radica un poder sin medida.

Sus poderes ocultos

En cuanto a sus increíbles poderes, baste decir que cualquier cosa bajo el sol o las estrellas les es posible, desde trasladar legiones al otro extremo del cosmos, hasta elevar castillos de roca desde las profundidades marinas, o perseguir una pista allí donde las mareas estelares la lleven. Pueden hacerlo todo, y eso se refleja en su actitud.

Pocos hay en el cosmos que no tiemblen al oír la palabra Ichar, inexplicablemente en muchas lenguas, esta palabra siempre tiene el mismo significado, incluso antes de entrar en contacto con la raza. Parece ser que la palabra significa Señor supremo sobre la Muerte, pero los Ichar se ríen de estas etiquetas y responden que los Ichar son los Ichar, y que nadie tiene derecho a decirles lo que son.

Su desafío llega tan lejos, que durante millones de años han exterminado a todas aquellas razas con las que se han encontrado. Si bien su destino inicial era regir el cosmos como señores del paraíso eterno, su ambición y rencor les han convertido en la raza más temida del mismo, al tiempo que se han transformado en los ejecutores supremos de la mayor maldad bajo las estrellas, los representantes del Alto consejo de la Marea Negra.

El Mal y la Muerte les acompañan allá donde sus pasos y su ambición les lleven, y nada puede detenerles mucho tiempo excepto ellos, son Los Ichar, y hasta la Muerte les teme.

La Sociedad Ichar

julio 19, 2007


Desde le principio de los tiempos, los Ichar se han estructurado en poderosas familias. Estas familias, llamadas Casas, eran desde los albores de la civilización Ichar, hace cientos de millones de años, las que impartían las leyes, las que disponían de los recursos y prácticamente la que gobernaban a su antojo. Descendientes directas de los Seis Primeros, estas Casas fueron creciendo, dispersándose y creando más y más asentamientos que se convertirían en las Trece Ciudades.

Su poder creció, y bajo las estrellas de la noche no hubo ninguna especie que les igualase en majestad y poder. Ni el más feroz de los dinosaurios pudo igualar el terror que causaban estos maestros asesinos cuando salían de caza, por sus cotos de Pangea.

Los príncipes, patricios y altos lores vivían como les apetecía, tomando lo que deseaban, mientras más y más especies eran capturadas para servirles como bestias de carga o esclavos.

El Ichar crece

Poco a poco, las Trece Ciudades fueron elevando sus muros, y los más ancianos de los Ichar vieron crecer a su raza, al tiempo que los continentes se separaban, las glaciaciones se sucedían, y las guerras internas imponían un nuevo modelo de sociedad.

Decididos a que las guerras del pasado, que tanto habían costado a los Ichar y a su sociedad, no se repitiesen, los más notables entre los lores de las Altas Casas decidieron fundar un órgano de representación supremo, el Alto Consejo de los Ichar, que millones de años más tarde sería denominado, Alto Consejo de la Marea Negra, o Alto Consejo de las Mareas. Con él, los Ichar establecieron lo que serían las bases del futuro Imperio, pues su número había crecido lo suficiente como para hacer impracticable su gobierno con la estructura antigua. La Sociedad Ichar se hizo más compleja, por lo que tuvo que evolucionar.

La Política en el Imperio

Al igual que los hombres, los Ichar más poderosos no estaban dispuestos a ceder los privilegios y las cuotas de poder que habían alcanzado, y los que deseaban abandonar la vida de intrigas y traiciones en que se asentaba esta nueva sociedad lo hacían renunciando a sus cargos y dándose a la vida errante. Por ello, las Altas Casas idearon un sistema de representación que ha regido hasta la actualidad.

El Alto Consejo estaba formado por representantes de las más poderosas casas Ichar, los cuales decidían en agotadoras y larguísimas sesiones, el destino de su pueblo. Poco a poco la situación fue cambiando, a medida que se hacía más compleja.

Las primeras clases bajas, los expatriados

Un gran número de Ichar comenzaron a abandonar las Casas, no ya para exiliarse en la tierra, sino que eran expulsados por sus parientes porque no daban la talla de las exigencias de la casa.

Estos Ichar expatriados, llamados en principio Ácridas, formaron parte de la Sociedad Ichar sin pertenecer a ninguna de las casas principales. Éstas, a su vez, comenzaron con el tiempo, a dividirse y a evolucionar, segmentándose en casas más pequeñas, a medida que cada rama familiar de una ciudad u otra se escindía de la principal. Ahora, son pocas las grandes familias que permanecen inalterables desde los comienzos de esta civilización.

Los Ácridas continuaron creciendo, tanto por las nuevas aportaciones de expulsados de las casas, como por los nacimientos incontrolados en lo que al poco tiempo se dio en llamar las Clases Bajas. Estas clases inferiores, poseían casi todo lo que deseaban, alimentos y bebidas aunque apenas necesitaban alimentarse, fiestas, espectáculos, lo único que no podían lograr era una cosa, poder. Y eso es precisamente lo que todos los Ichar ambicionan de una manera irracional.

Los primeros cambios

Por ello, y dándose cuenta de que la sociedad estaba cambiando, algunos miembros de las clases bajas, los de más poder, se agruparon y asociaron para cubrir una serie de necesidades que estaban surgiendo.

Con la derrota a manos “humanas” miles de años antes, y el Gran Éxodo que le siguió, los Ichar de las Altas Casas habían volcado su atención al cosmos. Ahora empezaban a abrirse los portales dimensionales que levarían a los Ichar más lejos de los que nadie imaginó. Y con ellos, a un lugar en el que sus ejércitos podían conquistar territorios que hasta ahora les habían estado vedados.

El poder, la riqueza y los territorios hicieron que las estructuras arcaicas regentadas por las casas, y los esclavos de las mismas, no pudiesen satisfacer las necesidades de los Altos Ichar, como ahora se llamaban los miembros más antiguos o poderosos de la raza. Por ello surgieron dos organizaciones imprescindibles en la sociedad Ichar moderna, las Legiones y los Gremios.

Las legiones

Es un hecho claro que las legiones representan, aún hoy, una forma de escapar de las rígidas tradiciones de servidumbre y paternocracias que imperan en todas las familias, incluso en las de clase media. Miles de Ichar menores comenzaron a alistarse en estas fuerzas, que reformaron la estructura de los ejércitos.

Decididos a no perder el poder que detentaban, cada casa Ichar comenzó a patrocinar la formación de una o más legiones, en función de sus posibilidades y de su riqueza. Así, los miembros menores de las casas eran destinados a la vida militar, y obtenían territorios y riquezas para sus patrones, al tiempo que podían ser mantenidos bajo control por los generales de las Legiones.

Los primeros gremios

Pero el proceso era imparable. El crecimiento de la población era tal, los territorios y colonias ganados tan numerosos, que pocos podían imaginarse el cambio que se produciría. No se trata de un cambio revolucionario, sino más bien una serie de pequeños cambios y factores que modificarían (al menos un poco) la estructura de poder de los órganos de gobierno Ichar. Su principal factor fueron los gremios.

Como ya hemos mencionado, muchos de los recientemente dejados a su suerte por las familias, se dieron cuenta que con el actual crecimiento del Imperio eran necesarias unas estructuras más flexibles, que proporcionasen todo lo necesario a los miembros del mismo, en especial a las Altas Casas. Dichas agrupaciones nacieron con el objetivo de acercar y satisfacer  necesidades de los Ichar. Especialistas en una u otra rama de estas necesidades, los Gremios han crecido durante millones de años, con una estructura que extiende sus tentáculos de poder por todo el Imperio, hasta el punto de rivalizar con algunas de las casas más antiguas. Éstas, sabedoras de los nuevos cambios, han iniciado el mismo proceso de control que con las legiones, colocando partidarios suyos, y miembros de las clases bajas en cada gremio donde eran aceptados para mantenerlos bajo control y en constante vigilancia.

Así, surgieron primeros los gremios de Artesanos, el Gremio de Arcanos, el de Transportistas, el de los Señores de las Bestias, etc. Además, otros pocos han ido sumándose a las filas de los gremios, en ocasiones patrocinados por familias de clase media, o de forma independiente, fueron el de los esclavistas, los Constructores, los mentalistas y el más reciente Gremio Oculto.

Las ciudades entran en juego

Las alianzas ocultas comenzaron a florecer, y muchas familias se lanzaron de lleno a establecer pactos y alianzas con estas pujantes estructuras de poder. Los gremios ganaron riquezas, aliados, favores, y eventualmente, terrenos y esclavos propios, con los que construir mayores imperios. Incluso, con el paso del tiempo, han logrado, al igual que otros organismos de poder Ichar, como las ciudades o las legiones, obtener escaños propios en el Alto consejo de las Mareas. Lo cual indica su graso de poder.

La última estructura en surgir en esta cada vez más intrincada red de relaciones, poderes y de alianzas han sido las ciudades.

Las Trece ciudades, que durante mucho tiempo fueron Doce, recogieron los excesos de población de las Clases bajas, al tiempo que obtenían beneficios de las actividades de los gremios y del comercio con las Marcas y por el paso de las legiones.

Así, era cuestión de tiempo que muchas de ellas comenzaran a exigir, mediante “representantes asignados”, sus cuotas de poder y decisión. De palabra, las ciudades mantienen una independencia casi total e gremios y Altas Casas, son sus propios representantes en el Alto Consejo, pero de facto, los representantes de las mismas deben gran cantidad de favores a los demás organismos de poder, y las Casas y gremios ejercen el mismo control y presión sobre las ciudades que sobre cualquier estamento o faceta de la vida de los Ichar.

Las colonias externas

Pocos se dieron cuenta de que un tercer cambio se estaba produciendo en el seno del Imperio, un cambio motivado por agentes externos a las Trece Ciudades, por las Marcas.

Las Marcas, como ya se ha comentado, se dividen en dos tipos, las Externas y las Internas. Muchas de ellas pertenecen a las Ciudades, a las Altas Casas e incluso a los Gremios, pero algunas han sido entregadas a Ichar de clase baja que las consideran propiedad suya única y exclusivamente. Con ellas, y con su esfuerzo diario trabajando y repeliendo agresiones de otras razas, han logrado construir pequeños feudos en los que su palabra es ley. Cada uno de ellos diferente a los demás, cada uno independiente, que paga sus tributos a sus patronos al tiempo que luchar por lograr romper los lazos que le atan a él.

Su número crece y crece cada día y son más y más poderosos y numerosos. Algunas de las marcas que no pertenecen a los organismos de poder tradicionales de los Ichar han igualado en influencia y riquezas a algunas de las que sí lo hacen, levantando recelos entre los gremios y las familias. Pero lejos e amilanarse, los patronos de estas marcas han exigido su cuota de poder en el Imperio, y reclaman representación en el Alto Consejo de las Mareas.

La situación se complica

Ahora, tras la guerra civil la situación no parece haber cambiado. Si bien los renegados han logrado lo impensable, parar todas las guerras estelares de los Ichar, e inmovilizar temporalmente a las legiones en espera de nuevas órdenes, no parece que vayan a poder mantener este control mucho más tiempo. Las presiones para mantener una guerra constante son enormes, las mismas legiones se remueven inquietas, ávidas de conquistas y botines de guerra, y las altas Casas no están dispuestas a tolerar que ningún Ichar les dicte lo que deben hacer, por muy poderoso que sea el bando Renegado.

Por ello, Primarcar y sus aliados, deben forzar un cambio en la sociedad, y un cambio rápido, un cambio que implica ganarse la confianza de los miembros no alineados de las clases bajas, que representan una gran parte de la población, y con su apoyo, exigir las medidas necesarias para firmar una Pax Perpetua con las demás razas del cosmos. Además, deben atraer a otros Ichar más poderosos que les sirvan como contrapeso de poder en el Alto Consejo de las Mareas, donde los intereses particulares de las casas y los patricios comienzan a mermar los poderes iniciales con los que Primarcar fue investido tras la guerra civil.

Muchos se preguntan si todo este paréntesis no habrá servido sólo para enfurecer más aún a los Ichar, y si en su retorno no lograrán hacer lo que no han logrado en tanto tiempo, esclavizar a la humanidad y al resto de las razas del Universo.

Las Razas Alienígenas

julio 19, 2007

Las razas alienígenas.

Muchas son las razas alienígenas que forman parte del conjunto de civilizaciones atacadas por los Ichar. Muchas más las que ya han sido erradicas por completo de la faz del cosmos, y las que sólo permanecen como meros vestigios de lo que eran esclavizadas por las familias Ichar.

Sin embargo, sí que han existido algunas razas que por su tecnología, su dureza o su capacidad de supervivencia, han logrado rehuir la muerte el tiempo necesario hasta que la maquinaria imparable de las legiones Ichar se ha detenido. Legendarios son los dragoniles Serpian, los Brillian, la Religión, El Enclavismo, los Vermits o los Regents. Todos ellos serán descritos más adelante, en el siguiente capítulo, pero es necesario decir aquí que todos ellos han sufrido las fuerzas avasalladoras de los Ichar, y desconfían de esta paz, por lo que se rearman para el caso de que éstos vuelvan por sus fueros, y las hostilidades se reanuden.

Paz inestable

Es más, en muchos puntos fronterizos entre las Marcas y sus territorios, las legiones, los gremios y las Altas Casas Ichar se mantienen incursiones encubiertas, y los puntos de fricción crecen cada día, a medida que los comandantes y mariscales líderes de las legiones se dan cuenta que los Renegados no cuentan con la infraestructura necesaria para vigilar todos sus movimientos, y menos aun detenerles o castigarles.

EL MUNDO DE LOS HUMANOS

julio 19, 2007


Una carta desde el infierno

Tal vez, si has leído las novelas antes de jugar a este juego de rol ya sepas la situación del mundo en este momento, pero por si no es así, te describimos cómo están las cosas en la Tierra de los hombres, y cómo se ha llegado hasta aquí. Para ello, os presentamos a continuación un informe de un antiguo miembro de las Geo-Con entregado al Secretario General de la ONU. Hay que decir, que en la traducción se ha evitado el lenguaje militar, y que algunos hechos subjetivos se han “colado” voluntariamente en su redacción final, pero tanto su autor como el traductor consideran que sin esas opiniones, no se puede tomar conciencia del verdadero horror al que la humanidad se enfrentó.

“Señor Secretario General, como asesor militar de la ONU se me ha pedido un informe sobre la actuación del Mando Estratégico Global durante los ataques Ichar, para entregarle una copia a los países miembros de la ONU, y que cuenten con elementos de decisión para su posible disolución.

Este es mi resumen, podrán acceder al original completo si así lo desean, pero las conclusiones y hechos demostrados son los mismos en ambos originales.

Los Ichar llegaron a la tierra en medio de un terror sobrenatural. Precediendo su llegada, los océanos se habían alzado cientos de metros. Los cielos cambiaron, y el sol no parecía capaz de sobrepasar la capa de nubes que cubrió la casi totalidad del planeta. Los cielos siempre grises siempre oscuros, sólo dejaban ver el sol cada cierto tiempo, y hasta éste parecía brillar con menos fuerza. Allí donde las ciudades costeras no habían sido totalmente anegadas por las aguas, sus escasos habitantes sufrían las continuas desapariciones de sus seres queridos, como si se los hubiese tragado el mar.

Parecía el fin del mundo, y como siempre que ocurren estas cosas, numerosas sectas surgieron predicando sus diferentes remedios, o sus diferentes interpretaciones sobre cómo sería dicho final.

Ninguno de ellos acertó.

De las profundidades marinas surgieron unos seres terribles, ebrios de poder, cada uno de los cuales representaban los temores más arraigados de la humanidad. Capaces de destruir ciudades con sus manos, estos solitarios seres aparecieron esporádicamente al principio, arrasando todo aquello que encontraban a su paso, y dejando un rastro de destrucción y un reguero de muerte por donde pasaban.

Eran los Ichar, seres de nuestro pasado, los antiguos dominadores de la tierra. Una especie inmortal que había regido los designios del planeta durante millones de años, y que ahora regresaba sólo para ver sus dominios ocupados por nuestras ciudades y por nosotros, bestias inferiores a su modo de ver.

Con el tiempo, se descubrió que esta raza había tenido que abandonar la superficie de la tierra para poder sobrevivir a una catástrofe que les llevó a las profundidades marinas, donde esperaron el día de su retorno, el día de la venganza.

Después, los ataques se hicieron más frecuentes y sistemáticos. No eran ataques organizados, salvo alguna excepción, pero nuestras ciudades se vieron arrasadas, los campos plagados de bestias que amenazaban a los hombres, y los ejércitos de las diferentes naciones impotentes ante la feroz furia de estos desconocidos.

Los ejércitos de los hombres se unieron en una fuerza única llamada Mando Estratégico Global. Desde este ejército centralizado se coordinaron las operaciones defensivas en todo el mundo. Si bien los países y naciones olvidaban sus diferencias para aportar tropas a este ejército común, sus gobiernos decidían mantener la independencia del Mando Global.

A pesar de los esfuerzos de muchos políticos y generales, las naciones de los hombres permanecieron separadas en todo menos en su ejército. Si tenían que morir, la Humanidad lo haría como había vivido, dividida.

Numerosos grupos de presión y partidos surgieron a raíz de la llegada de los Ichar. Sus diferentes opiniones diferían principalmente en cómo afrontar la amenaza de estos seres. Unos decían que debíamos pactar con ellos una tregua, otros pobres locos los consideraban sus amos que habían vuelto para llevarles allí donde los hombres nunca habían estado, la mayoría sólo quería más poder sobre sus congéneres.

Sin embargo, a pesar de las tremendas divisiones intestinas de las naciones, el Mando global no se dejó llevar por los politiqueos ni la desesperación.

Como primera medida defensiva, el Mando estableció una serie de zonas de actuación, cada una de las cuales tendría el tratamiento de un territorio militarmente independiente de los demás. Así, se esperaba que cada zona se defendiese, coordinando los recursos militares de los países que formaban dicha zona. Las zonas geoestratégicas fueron las siguientes.

Las zonas del mundo

Zonas Geoestratégicas D.I. (Después de los Ichar)

·  Europa Centro-Sur. Que incluye a la práctica totalidad de los países de la antigua Unión Europea y los países del Norte de África Occidental.

·  Europa Nor-Oriental. Que incluía a los países bálticos, Rusia, Ucrania, y los países del Este, así como a los países Nórdicos.

·   Africa Nor-Oriental. Que incluye Grecia, Turquía, Egipto, Líbano, Palestina, Israel, siria y los países de la Zona.

·  África Central. Toda la franja del África Subsajariana.

·  África Sur-Oriental: con Sudáfrica, Madagascar y algunos países más de esta zona.

·  Oceanía.

·  América del Norte: desde Panamá hasta Canadá, pasando por los Estados Unidos y México.

·  América del Sur. Desde Colombia hasta Argentina.

·  Asia Centro-Norte. El territorio más despoblado y pobre apenas se tenía en cuenta políticamente, pero el Mando Global le consideraba un territorio más a defender.

·  Asia Oriental. Incluye India, Nepal, Japón, china, Corea y los Tigres Asiáticos, así como las islas de Singapur, Filipinas,

A pesar de estas divisiones sobre el terreno, el Mando Global coordinó los equipos y las fuerzas de cada región de forma que se apoyasen mutuamente, intercambiando material, información y apoyándose en las operaciones defensivas.

Así, por ejemplo, durante el ataque a Constantinopla, tanto las fuerzas de la zona Europa Nor-Oriental como las de Africa Nor-Oriental acudieron en la ayuda de la ciudad, y si bien no pudieron detener la destrucción de la ciudad, sí pudieron retener las fuerzas de esclavos y bestias Ichar lo suficiente como para que los sectores más poblados se evacuasen, y con apoyo naval y aéreo, pudieron hacer que los dos Ichar que habían atacado la ciudad se retirasen a descansar.

Es cierto que en casi todas las victorias aparentes de los hombres, si los Ichar hubiesen querido, hubiesen podido destruir todo lo que sus ojos contemplaban, y que si se retiraban era por aburrimiento de matar a tantos y tantos seres inferiores, pero las Fuerzas del Mando Global intentaban contraatacar como podían, abatiendo enormes cantidades de bestias, al tiempo que perdían también muchos valientes soldados.

Eso sin contar las vidas, millones, que salvaron al retener los ataques los suficiente como para que sólo los más lentos en abandonar sus hogares muriesen. Docenas de pilotos y cientos de soldados dieron sus vidas esos días para que millones de congéneres pudiesen escapar a la muerte segura que los Ichar traían consigo.

Las horribles narraciones de estas batallas podrán ustedes leerlas al final del informe, como un anexo, así como las vivencias de algunos soldados supervivientes, pero baste decir que estos relatos son tan desgarradores que aterrorizan a cualquiera con sólo leerlos, imagínense el haberlos vivido.

Las Fuerzas Globales son las únicas que durante los ataques mantuvieron el tipo, las únicas que defendieron los países y a los hombres y mujeres que los habitaban, mientras éstos se hundían en luchas intestinas y en patéticas luchas de poder.

Es mi deber recordarles, que mientras ustedes se peleaban por los despojos que los Ichar dejaban sobre la mesa, eran los soldados, hombres y mujeres, que componían las fuerzas que ustedes quieren desmantelar, los que arriesgaban su vida para hacer que los Ichar se retirasen, o simplemente para ganar algo de tiempo. Hemos cambiado tiempo por vidas de valientes jóvenes, la estrategia nos ha salido bien, pero no por nosotros mismos, sino porque los mismos Ichar se han enfrentado en una guerra civil. Si el bando que confía en los humanos no hubiese obtenido su momentánea victoria, los humanos seríamos en pocos meses un recuerdo en la superficie de este planeta.

Por último, no sabemos si los Ichar Renegados podrán mantener mucho tiempo su postura y su posición de poder. Por lo que sabemos, las fuerzas están muy divididas, y todo el equilibrio podría cambiar en una noche, y ni todo el orgullo de los hombres podrá salvarnos si no permanecemos unidos.

Concluyendo mi informe, sólo la actuación coordinada de las fuerzas Globales salvó a la Humanidad de la extinción, sin ellas, ni siquiera la tregua con los Ichar que estamos disfrutando en los últimos meses hubiese servido para salvar a los pocos supervivientes que hubiesen quedado de los ataques iniciales. Pues no hubiese quedado nadie para declararla.

Anexo al Informe de la ONU.

Como pueden comprobar, los oficiales que han servido en el Mando Global mantienen una gran lealtad a sus ejércitos incluso tras haber sido recabados para misiones no militares.

Por ello, este comité asambleario solicita a los estados miembros con derecho a veto, que recorten el poder del Mando Global antes de disolverlo, con el fin de evitar un levantamiento que sin duda, recortaría el poder que los estados poseen, antes de ser sofocados.

Como última recomendación, hacemos constar nuestro interés, que coincide con el de todos ustedes, sobre la necesidad imperiosa de eliminar de la forma más silenciosa y discreta posible a Carlos Nova, Director Militar del Mando Estratégico Global, y sustituirlo por un general más afín a nuestros intereses.”

Carta de Carlos Nova

julio 19, 2007

Carta de Carlos Nova a su amigo Admun Char.

Querido Admun:

Me temo que las cosas no marchan tampoco muy bien por aquí. En tu última carta me comentabas los continuos problemas a los que se enfrenta el bando Renegado en su intento de controlar la furia asesina que consume a muchos Ichar.

Sin embargo, me temo que las cosas por aquí marchen incluso peor. Podría ser, que todos nuestros esfuerzos diesen como resultado el salvar a una raza egoísta cuyos integrantes sólo piensan en ellos mismos, y nunca en los demás.

Como ejemplo, baste decir que ahora pretender disolver el Mando Estratégico que dirijo, porque no nos plegamos a su voluntad. Sabes tan bien como yo que es a nosotros a quienes deben su vida, o su libertad, y la de sus hijos. Pero ahora no sólo quieren recuperar el poder que antes gustosamente nos cedieron junto con la responsabilidad de poner en peligro nuestras vidas por ellos, sino que también han pensado eliminarme a mí, quien creen su mayor obstáculo.

Saben con total certeza que me opondré a sus egoístas planes, lo que no saben, es que las Fuerzas Globales ya no volverán a acatar las órdenes de ningún político de ninguna nación. Ninguno de sus integrantes lo permitiría, por el riesgo que eso supondría para la humanidad.

No deseo el poder para mí, gustosamente lo entregaría a alguno de esos mamarrachos traidores, pero lo que podría hacer con él, semejante poder sin la responsabilidad que conlleva, me asusta sólo pensarlo. Por desgracia me temo que tendré que posponer indefinidamente mi retiro a la cabaña del lago de Picos de Europa de la que te he hablado.

Tú nos conoces bien, amigo mío, y sabes que si vosotros falláis, serán las fuerzas que comando las que supongan la última y desesperada resistencia frente a una embestida total de los Ichar. Sabemos que no podremos hacer nada, pero cada segundo que ganáis, nos dais una pequeña oportunidad de reconstruirnos, y de sobrevivir.

Por ello, ya he ordenado que comiencen las campañas de captación que me sugeriste. Si todo sale bien, pronto podremos contar con las primeras unidades compuestas por humanos con poderes. Si el bueno de Raúl Torres es un buen ejemplo de lo que los hombres podemos llegar a ser, creo que todavía tenemos una pequeña oportunidad.

Pero basta de pesimismo, amigo Admun, los hombres han vuelto a la dura tarea de reconstruir el mundo, y a pesar de los enfrentamientos egoístas, la situación es mucho mejor que durante los ataques. Por lo menos ahora tenemos una momentánea paz. Vamos a trabajar porque dure.

Mucha suerte en vuestra misión, un abrazo.

Tu amigo, Carlos.

julio 19, 2007

El Destino de los hombres.

Desde la llegada de los Ichar, mucho se ha especulado obre el destino de la Humanidad. Desde luego, pocos podían imaginar que la que se creía raza suprema de la creación, el hombre, iba a sufrir un golpe tan duro en su dignidad. Pero como dice el refrán ahí nos las den todas, y como suele suceder, ahí no nos las dieron todas. En meses, el destino del hombre pareció aclarase, la extinción. Sí, pocos dudaban que durante los siguientes años, toda nuestra raza se iba a desmoronar, íbamos a desaparecer del cosmos, como antes lo han hecho millones de razas y especies más. Todo era tan evidente como que el sol salía todos los días, a menos que un Ichar ordenase lo contrario.

Pero por suerte se nos ha dado una segunda oportunidad. La Pax de Primarcar parece haber dado sus frutos y los hombres una vez más están recuperando la confianza en ellos mismo. ¿Cómo se explica si no el hecho de que algunas empresas y gobiernos hayan ofrecido riquezas y territorios a Ichar expatriados si les ayudan en sus propios planes? Algunos lo llamarían estupidez, los implicados lo llamar visión e futuro. Yo lo llamo, desastre futuro.

¿Mi nombre? A sí, lo olvidaba, me llamo Raúl Torres, y sé de lo que hablo.

Yo estaba presente cuando todo estalló, me alisté en el cuerpo de ingenieros, esperando poder paliar los efectos de los ataques Ichar, pero pronto se me hizo evidente que nada de lo que hiciésemos iba a ayudar a las víctimas de los ataques, pues pronto no habría heridos ni supervivientes, estaríamos todos muertos.

Por ello me alisté en las Fuerzas Globales, y por ello emprendí un viaje, un largo viaje que no viene al caso contar. Sólo decir que estuve presente el día en que el destino de la Humanidad se jugaba en una batalla a vida o muerte en el Polo Sur.

Ese día, el hombre pudo demostrar algo a los Ichar, que no somos seres inferiores, distintos tal vez, pero no mejores ni peores, Eso es algo que los hombres deberían demostrase también a si mismos, y aplicarlo a todas las criaturas bajo el cielo y las aguas. Pero dudo mucho que seamos tan sensatos.

Veréis. Durante los meses anteriores a la batalla que detuvo la guerra (nota: si quieres saber más sobre esta batalla puedes leerte la primera parte de la Trilogía: Las Crónicas Ichar), durante esos días cruciales, todos los hombres que componían mi expedición nos enfrentábamos a un dilema vital.

Según acabábamos de descubrir la raza humana derivaba de una mujer que llamamos Eva. No creo en Dios, y a pesar de que los Ichar son una muestra más del poder de una entidad creadora, sigo sin creer en el concepto tradicional de Ser Supremo, pero sí que puedo decir que en algún momento de hace tres o cuatro millones de años, una mujer nació diferente al resto de su especie. Era más inteligente, más hermosa y más lista que los que la rodeaban, y sus hijos también lo fueron. Entonces llegó Primarcar, el Primer Ichar, quien se enamoró de ella. Imaginaos, el Primer Ichar y la Primera mujer juntos, y su descendencia mezclada con los hijos que ella había tenido antes de conocerle.

Sí, lo habéis adivinado, el hombre, toda nuestra especie, proviene de una sola mujer, de sus hermanos menores y de sus hijos, pero algunos de nosotros somos hijos de los Ichar también. Por nuestra sangre recorren poderes que nos hacen especiales, poderes que durante la historia han dado origen a los mitos sobre dioses y semidioses. En algún momento, alguno de nosotros conecta con su poder interno, legado de Primarcar o de otros Renegados, y eso le hace especial.

Pero todas las dudas sobre nuestra identidad se disolvieron en los combates de la guerra civil Ichar. Todas estas dudas desaparecieron cuando se hizo evidente que todos nosotros éramos iguales, con poderes o sin ellos, ya sean nuestros antecesores poderosos Ichar o simples humanos. Lo sé muy bien, pues me enamoré de la hija de Primarcar.

Dejadme que os cuente un secreto, todas las diferencias, las supuestas razas, los tontos y los listos, los guapos y los feos, blancos, negros, gitanos, orientales, esquimale, nativos americanos, todos nosotros somos iguales. ¿No? Vaya, creo que no me has estado leyendo.

Todos venimos del mismo sitio. ¿Cómo pretendes sobrevivir al terror que yo he visto, no sólo al de este planeta, sino a lo que nos esperan en las galaxias, allá afuera, si no estamos unidos? Ya, te da igual, ahora que los Ichar se han retirado crees que es para siempre, ¿verdad? Otra vez te importa sólo tu dinero, tus placeres, o con quien te acuestas esta noche. Pues muy bien, todo se termina, hermano, todo. Y sólo hay una forma de eludir el destino que nos espera, sólo de una forma podemos eludir el destino que les espera a todas las razas de la creación, mantenernos unidos.

Pero ¡basta ya!, No sé que hago escribiendo esto, cuando debería estar preparando mi viaje.

… Sí, sí, parto de viaje esta misma noche, por un asunto personal. ¿Qué asunto? Eso no es asunto tuyo.

Sólo quería dejar tras de mi una advertencia, una advertencia que seguro que los hombres desoiréis, permanced unidos, trabajad duro por un futuro común, y tal vez descubráis lo que yo he descubierto. Os lo diré, aunque no me creáis.

El destino de los hombres es ser mayores que los Ichar, más poderosos que todos ellos. Eso no implica ser mejores, sólo tener más poder, y en mi experiencia eso no cuenta. Pero tal vez, y sólo tal vez, dentro de cada humano, de cada hombre, exista un poder mayor que el de los Ichar. Un poder que no se ha manifestado, y que hará que todos los poderes que los Ichar han legado a sus descendientes, o que ellos mismos detentan, sean sólo una pequeña muestra de lo que la Naturaleza, o el Creador quisieron conseguir con nosotros.

Sabía que no me creeríais. Esperad y veréis.

Raúl Torres, extracto de su diario, escrito el día entes de su partida.

 

Comentario privado de Primarcar: Espero hijo mío, que pronto vuelvas de tu viaje exitoso. Me he permitido leer tus palabras a tus hermanos los hombres. Supongo que no te extrañará saber que han desoído las palabras de quien les salvó a todos ellos, tus palabras, y ya comienzan a dividirse. Pero es algo que yo no puedo reprochar cuando mis propios hermanos Ichar se odian a muerte entre si, y a todas las criaturas del cosmos. Parte con mis mejores deseos, espero que cuando vuelvas quede algo que reconozcas.